TODO SIGUE AUMENTANDO DE PRECIO COMO SI NADA OCURRIERA

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

Sin que lo notemos de bien a bien, existe otro tipo de pandemia que desde siempre nos ha estado perjudicando sin que casi lo sintamos hasta que ya es inevitable, sobre todo cuando nuestra precaria economía nos lo hace ver, y esto es, desde luego, el aumento en los precios tanto de la canasta básica como de frutas, verduras, legumbres y demás productos de uso cotidiano.

Resulta inaudito que con todos los estragos que ha generado la pandemia del coronavirus, los industriales no paren en el aumento del precio de sus productos, pues ya se hizo cotidiano que al llegar a la tienda ya aumentó la leche, el pan, los enlatados, el frijol, arroz, azúcar, huevo, canela, salsas, cebolla, jitomate, velas, veladoras, etcétera; siendo que mucha gente ha quedado desempleada debido al cierre de comercios y negocios, y la gente que tenía su guardadito, ha tenido que echar mano de ello por no ajustar en el gasto corriente que necesitan hacer la mayoría de las familias.

Me comenta un abarrotero que algunos clientes les preguntan por qué está aumentando todo, y quizás piensen que sÍ es cosa de ellos, los abarroteros y tenderos, y no es así, ya que los proveedores cada día les llegan con las cosas más caras, por lo que irremediablemente se le tiene que incrementar el precio al menudeo, porque no se pueden sostener los precios del día anterior, ya que alguna ganancia tiene que haber, porque si no, pues entonces cómo.

El aumento a la mayoría de los productos que se pueden encontrar en una tienda de barrio es algo significativo, pues el incremento varía ente uno y dos pesos, de acuerdo al producto. Y así como el cliente de las tiendas de barrio se sorprenden por el aumento, en la misma forma se sorprenden los abarroteros cuando van a surtirse a las abarroteras grandes o cuando les llegan los proveedores o repartidores con la lista de precios más alta que la vez anterior.

Lo mismo comentan algunos comerciantes de los mercados municipales de Tepic, pues han visto cómo ha encarecido la calabaza en estos último días, al igual que la papa, el limón Colima, la papaya; pero sobre todo el pepino que prácticamente se fue a las nubes (sic). Y desde luego otros productos que poco a poco han ido incrementando su precio. Y si bien algunos de estos precios se consideran normales por temporada, hay algunos que una vez que suben ya no bajan o si acaso muy poco, pero si hay mucha demanda de alguno de los productos, lo más probable es que tarde en nivelar su precio a modo para que se pueda comercializar debidamente.

Algunas personas cuyo giro versa sobre la cocina económica, dicen que se vieron en la necesidad de tener que aumentar los precios de sus platillos porque prácticamente ya no les quedaba margen de ganancia, precisamente por el aumento de todos los insumos necesarios para la elaboración de las comidas que ofrecen, y que por ética profesional, no pueden recurrir a adquirir mercancía de dudosa calidad, porque es obvio que todo se refleja en el sazón y el gusto de los clientes, sobre todo los más habituales que son los primeros que se darían cuenta de que ya no es la misma calidad en los alimentos que están llevando.

Así que como siempre y como se dice coloquialmente, el pagano viene a ser el público consumidor que cada vez se da cuenta de que un billete de cien pesos ya no le alcanza para comprar lo mismo que antes de que comenzara esta mala pandemia del también llamado Covid-19.

Al ver todo esto que nos está pasando, me hizo recordar una película de la época dorada del Cine Nacional, en donde doña Sara García hace el papel de una ama de casa de barrio pobre, y se me quedó grabada una frase que pronuncia en un momento de esa película que por el momento no recuerdo cuál era; pero dice doña Sara en su papel: “ay, no sé a dónde iremos a parar, pues hoy en día está todo tan caro”. Y esta frase no se me hizo extraña porque desde antes ya la había escuchado en el ámbito familiar, así como en el barrio, pues era común oírselas decir a muchas señoras. Y aún se sigue oyendo la misma frase de que “hoy en día está todo tan caro”, que parecería que es el cuento de nunca acabar o la historia sin fin. Y podría ser que se seguirá oyendo por los siglos de los siglos.
Y el perjuicio es tal, y se agranda todavía más, por el desempleo que se ha generado y la poca probabilidad de que se vuelva, si no a la normalidad conocida, al menos sí que la gente se vuelva a acomodar en algún trabajo; pero sobre todo, que ya no sigan aumentando los precios de las cosas.

Sea pues. Vale.