RELATOS DE PASIÓN (CAPÍTULO CXXXVIII)

Rigoberto Guzmán Arce

Dedicado a una nueva lectora, Ely, gracias de corazón.

654.- VERÓN
Futbolista paraguayo, que queda en la memoria colectiva de los aficionados del equipo Pumas como un símbolo de pundonor y garra, de entrega a unos colores azul y oro. Capitán de acero, con su número cuatro, transformado en un referente.
Después de tantos años, se regresa a su país, y termina una época gloriosa con el equipo del Pedregal. Lo vi jugar en el estadio 3 de Marzo, en el nido de los Tecolotes, en Zapopan, cuando Hugo Sánchez era el Técnico. Fuerte, robusto y pelón, hacía coberturas, achicaba los espacios, un hombre clásico en la defensa.

Me hizo recordar aquellos años cuando el Pumas jugaba como si fuera un concierto, el arte en la colectividad, nombres de “Cabinho”, Hugo, Muñante, Vázquez Ayala, Cuellar, me hacían vibrar y me sentía liberado en las canchas emulando jugadas tocando el balón en mis tiempos de adolescencia y juventud.

Darío Verón, el paso de los años no perdona, te hiciste lento y ya era frecuente tus errores, llegadas tarde o reflejos que no respondían. Decidiste como pelicano viejo que ante la exposición constante de la sal, te alejas a sentir la vejez en los troncos viejos o cuevas pequeñas añorando el vuelo, la cadencia y el hambre de triunfo.

655.- LECTORA
La distingo entre l@s que me hacen el honor de ingresar al espacio que tengo en la red, allí aparece su gusto por leerme, hace días que me sigue las huellas sentimentales, los caminos emocionales y el cielo de mis alegrías y preocupaciones.

Me resulta una vasta experiencia en tan poco tiempo que se tenga el alcance de llegar a los ojos y corazón de tantos seres vivos con sólo hacer clic para que ese instante se transforme en magia sincera. Pensar que primero nace la tonalidad del alma y que ante el advenimiento de la luz se transforma en el prisma de colores en el corazón de los demás.

Cuando me llega la lluvia, una luna, los horizontes en las montañas, estoy elaborando como el artesano de mi vida, las texturas, plasticidad que busca nacer por mi sangre y la sangre de los demás que vaya en las mismas ondulaciones y frecuencias.

La ruta maravillosa que es producir clorofila, savia, en las profundidades del cerebro para que sinapsis logren incendios y esas corrientes eléctricas vayan a través de lejanías de carne, huesos y sustancias para llegar a mis dedos en forma de signos, un código personal, letras que unidas vienen palabras escondidas o desnudas para llevar mi canto al teclado, la pantalla y en ese acto purísimo que es la vida, crear, plasmar mi mundo interior que busca afanosamente llegar a ti, a tu órbita, a tu centro de atención.

Mi barcarola del cielo va en busca precisamente de ti. La pasión no se apaga, ni se detiene, son mares infinitos renovados. Es comprender que mientras existan halitos de luz o tantas sombras es irremediable vivir con los sentimientos que se lanzan para salvarme yo y los demás como pasajeros ante cataclismos que siempre nos aterran.

656.- BEATLES
Para los amantes de la nostalgia de su música, de abrir de nuevo las capas de los años y poner el disco de vinil, o escuchar la radio con el corazón a punto de salirse por la boca, es tentador festejarlo siempre. Tienen The Beatles, su día, un lunes para mí muy triste, pero los sonidos que cambió la manera de pensar y concebir la vida de una generación hambrienta de amor y paz, de la libertad, de gritarle al mundo que es propia la existencia, que no todo es guerra, ni violencia.

Sólo buscaban su propia identidad y las melodías pegajosas se las ofrecían. Una generación de pelo largo que como una explosión recorrió el mundo aún sin la tecnología digital, ni instantánea; comandada por el cuarteto de Liverpool: Paul, Ringo, John y George.

Todo lo que hacían o decían, se volvía un fenómeno y acontecimiento gigantesco. La gira a Estados Unidos, sus portadas como la del Sargento Pimienta y su Club de los Corazones Solitarios o cruzando una calle de Londres; fotografías con Cassius Clay, el programa de Sullivan.

Era pequeño aún, pero hasta mi cuadra llegó la hoguera, los jóvenes tarareaban las canciones con letra y voces que juntos o alternados de John y Paul.

Al poco tiempo se desbarató el grupo, un choque de átomos; cada cual siguió su ruta, mientras seguíamos ondeando esas banderas únicas, que jamás se volvieron a repetir con ninguna corriente, armonía musical. Hasta su música va a otros confines del Universo en la sonda espacial Voyager.

Nosotros seremos polvo mientras ellos el oro de la creación, del talento, de los sueños representantes de los seres humanos que alguna vez poblaron el planeta Tierra. Vivan The Beatles… Continuarán los relatos de pasión, el próximo miércoles.

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