Relatos de Pasión (CAPÍTULO CXXXIX)

`Por: Rigoberto Guzmán Arce

Por la lluvia de mis ojos y tu luz.

656.- COMEDIANTE
Pocas veces se dio la oportunidad de ver por televisión a dos cómicos que dejaban atrás los bobos chistes de cuchillos blandos, para morder, rasgar la rutina y costumbres de televidentes que contemplan y que no reaccionan ante los vendavales de mediocres políticos, bandidos y vividores de las arcas del poder.

La pareja Chucho Salinas y Héctor Lechuga, formaron un dúo dorado, clásico, formidable. Vaya hasta Enrique Krauze en su columna dominical del diario Reforma escribe muy bien de ellos. Ya dejaba la adolescencia y en la calle La Paz y Ortiz, los veía, esa enorme capacidad para improvisar, desmenuzar las noticias y con ironías y crudeza quitar el antifaz al funcionario público en los tiempos de censuras y programas temblorosos.

“Barriendo la noticia”, me hizo reír, pero pensar también, como decía Eduardo del Río, alias Rius: “Solamente me río cuando me duele”, como si fuera una herida lo que sufrimos los mexicanos ante la corrupción. Héctor Lechuga con su alto cuerpo y su rostro de chiste natural era digno sucesor de aquellos críticos al sistema como lo fueron Jesús Martínez “Palillo” en las épocas de carpas como desahogo del pueblo.

También formó parte del trío imborrable e irrepetible con Alejandro Suárez y Manuel “El Loco” Valdez en Ensalada de Locos. Me tocó verlos en sus últimos meses y en ediciones repetidas. Dejó un legado en la radio con sus participaciones y una cierta filmografía donde sobresale su actuación en las Fuerzas Vivas.

Maestro de la comedia que improvisa, que no es cuadrada, ni repetida como esta maleza de burdos cómicos de pacotilla que pululan en el ambiente. Lechuga perdió ante el Alzheimer, ya estaba en el páramo del olvido, que ni siquiera reconocía al que le decía: “Lechuguín, lechugón, cabecita de algodón”, su amigo El Loco Valdez.

En la semana falleció en su Veracruz, el que me hizo sentir que no todo está perdido, que la frase de batalla siga siendo: “Chúpale pichón”.

657.- OSCURIDAD
Bastaron cinco horas cuando caía la tarde como la lluvia, y sentir la ausencia de energía eléctrica para generarme la otra oscuridad; ya tengo varias en mi colección de sufrimientos. Aquella en la galaxia Jiménez, mis años infantes entre velas y miedos, las manos enlazadas en la pared para inventar sombras chinas, siluetas de animales.
El cobijo en la completa oscuridad cuando afuera rayos, temblores, sonidos tan poderosos que traspasaban las ranuras de la ventana de madera. El tejado y la lluvia. Me imaginaba las calles solas como ánimas, el valle y sus ríos como un corazón despedazado. Frágil, porque llovía en mi alma, una lluvia tan fría y solitaria como mi pobreza.

658.- SOCAVÓN
Faltaron las varillas. Es el vivo ejemplo de gran robo hormiga que se van a los bolsillos, cuentas bancarias, viajes, inversiones, autos, propiedades, mujeres, lujos y placeres. Miles de millones de pesos que en obras se invierten entre la ambición de compañías constructoras y complicidades de cada funcionario de cualquier nivel, desde un regidor, director, hasta altos mandos.

En el entretejido de corrupción como un reloj negro que funciona a la perfección. Hacer obras carísimas y de baja calidad. En el Paso Exprés, faltaron las varillas y se hundió un automóvil blanco y fallecieron dos personas. El socavón que desnuda la podredumbre, la gigante cloaca, la gusanera en que sobrevivimos.

Declaraciones de Ruiz Esparza tan insensibles, pero verdaderas en el ambiente en que se mueve la clase política. Peña antes de una carrera dijo que no era tema de ese dìa. Nos menosprecian y ni así entendemos.

Nos enojamos, vienen a decirnos que se hará auditoría de la obra, que vendrán los castigos y luego otra noticia nos atonta como el circo mediático, ya llegó Duarte, “el poeta” que en el aire las compone. El socavón sigue aquí: México.

RELATOS DE PASIÓN (CAPÍTULO CXXXVIII)

659.- LUMINOSIDAD
Nunca digas que no. Entre los desvelos, caminos mentales peor que laberintos, cuando se rompe tu corazón como una estrella que estalla en vastas lejanías de soledad; entre martirios y sequedad de manantiales en tus venas cuando tu sangre pierde color; cuando te falta una palabra de aliento como el agua en territorios y desolación interior.

Cuando no hay cielo, ni fuegos cercanos, menos manos de cariño como el bosque que necesitas de abrazos y caricias; cuando te sientes sombra y rastros de dolor en cada paso y cada mirada. Cuando desbastado por circunstancias, por olvidos y despedidas hirientes; entre la impotencia de querer y no poder.

No hay horizontes para ti. Cuando te suceda. Cuenta conmigo, contémonos. Tus sombras y mis sombras hacen posible luminosidades. Dicen que eso pasa… Continuará los relatos de pasión, el próximo miércoles.

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