Relatos de pasión (Capítulo CXLI)

Ay Rigoberto soñador.

665.- CORAZÓN
No creí que podría escribir algo más triste de lo que sucede, ante la realidad hiriente y la devastación del corazón, no aprendo de los años ni me da el destino una explicación. Aferrado a no olvidar, mantuve en vigilia, en los golpes suaves la nostalgia como una vieja boya por si te veía navegar, verte cruzar de noche para otro puerto en otro barco.

Mi vida me sube al escenario sin saber comprender el guión de la obra. Para volver a los dolores del alma, mis lamentos se pierden en un bosque donde hay principio y no final. No puedo escribir poesía, me aturdo en los remolinos y sacudimientos en el mismo instante. Una sequedad, infortunios, un trayecto errático y una melodía insignificante.

No creía que hay dolores imantados y no puedo luchar contra eso, haga lo que haga, sienta lo que sienta, desaparece el amor como un acto de magia, como una órbita que no es de mi incumbencia, que los espacios son para otros sistemas, que las lejanías hacen bien porque traen al páramo las lluvias aunque también dejan horizontes clavados sin movimiento, sólo el melancólico vuelo de pájaros y el viento toca tu pelo y contempla tus ojos.

Sufrir el destello de madrugada pensando que no te he perdido, que mi espíritu se libera y te siento en mis respiraciones y latidos. Siento de nuevo el amanecer con la claridad que me hacía cantarle a las flores, a recorrer las calles como si fuera tu piel, pero despierto y no es cierto, nada es cierto, ni el rojo.
Oscuridad que atrapa y demoledora de carnes y huesos, oscuridad que me hace temblar porque construí una imagen tuya, tal como la luna, inventé los versos más hermosos de pasiones descubriendo la belleza y desafiando al destino frío con mi hoguera en cada gota de sangre.

Descubrir en tu mirada la luz de la eternidad y la conspiración de la vida más allá de la muerte. Estuve contando los minutos para verte llegar, la seducción de la noche, los labios que pronunciaran mi nombre de nuevo, el abrazo de cariños conjuntados y el nacimiento de estrellas en el encuentro con tus ojos y tus dedos preciosos en mi pecho.
Volver al color de tu alegría, a la emoción irrepetible del saludo y la vivacidad de tu juventud. Pero la realidad hiriente me marca mi tiempo, no hay regreso, no hay adiós, soy pasado ni futuro. Tengo manos de sueños, palabras de ilusiones nada más. Quiero que lo sepas: no me rindo.

666.- AGOSTO
El valle se viste de verde como si participara en la fiesta del verano, el agua acaricia el cauce de mis ríos, la colina maravillosa, veredas que brotan como el pasto y los árboles en su sinfonía de nubes y se agradece.

Parecen los atardeceres de transparencia como si la calidez y humedad, los colores bailaran y el calendario digital fuera testigo y aplaudiera. Una suavidad, la tranquilidad, el reposo contagia, la rutina de la lentitud de las horas, tu reloj en calma como la procesión de voces, mientras en las imaginaciones ardientes, enredado, sin saber si estoy vivo o muerto.

667.- MORA
La noticia llama mi atención, la represa del poblado Mora, se desbordó. Vecinos comentan que fueron por mala obra de hace años, otros dicen que las lluvias atípicas. Amigos cronistas e historiadores pronto publican en el muro de Facebook, el origen de esta relación de la cultura y la naturaleza, una pareja idílica que no valoramos.
Una historia preciosa que vale la pena leerla y compartirla, por Dios. Se dice que ya no era laguna, era un lugar de aguas residuales. Nos quedamos en Nayarit sin laguna. Así nos vamos quedando solos, nos vemos de frente en el espejo de la depredación y no nos asustamos… Continuarán los relatos de pasión el próximo miércoles.

 

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