RELATOS DE PASIÓN: CAPÍTULO CLXX

Rigoberto Guzmán Arce

 

A los fundadores mi reconocimiento, a don Memo mi gratitud. A los donadores que conservan el anonimato, mi profunda amistad.

718.- ALBERGUE
En diciembre del 2015, jóvenes sensibles como Liz Esparza, Eduardo Rivera y dos personas sinceras, José Luis y Mago, con su luz iluminaron un refugio para migrantes e indigentes. En la librería de la calle Abasolo, allí entre sábanas, cartones y apilados en el poco espacio que dejaban los libreros y el escritorio, se les daba cobijo humilde y compartían el escaso alimento.

En la Nochebuena en el CÈNIX, ofrecieron una cena para los necesitados, los que estaban lejos de su hogar. El primer migrante llegó todo deshilachado, cansado y con tanto miedo y frío. Se llama Guillermo Hernández. El ver y sentir las inmensas muestras de cariño, se queda a vivir en nuestra ciudad hospitalaria.

Participan en la segunda vida del Albergue llamado Obsidiana, como una manera de identidad de la roca, filosa y hermosa de nuestros ancestros. La ruta fue en la calle Morelos, en una casa de dos pisos humildes con escalera de fierro y peligrosa. Jorge González regala colchones de su negocio y las familias de estos jóvenes participan donando ropa, utensilios de cocina, sábanas, cobijas, algunas sillas y mesa.

Las despensas comienzan a fluir muy lentamente, se ve el movimiento. Para los grupos religiosos no pasa desapercibido y es cuando el sacerdote José Luis Ramírez, la Asociación Cáritas y Guerreras de Dios, nos mandan llamar para conocernos y ponernos la prueba de la fraternidad.

Vamos algunos y en el Curato tenemos la relación de preguntas y respuestas hasta llegar a tener la aprobación de solidaridad requerida. Contribuyen en la red de donaciones con pasajes, comida, cantidad para pagar la renta y ropa. Complicado porque sostener un albergue no es nada fácil.

Se cambia de lugar y a un costado de Aurrerá continúa la travesía. Se sigue vendiendo libros en el portal Hidalgo para que al menos se obtenga el mínimo dinero y sea parte del fuego para los migrantes.

Ante un panorama desolador, el peregrinar continúa y se logra alquilar en la casa Amado Nervo 164-A. Varias personas, seres humanos maravillosos, donan muebles, refrigerador, estufa, sala, comedor, lavadora, hasta contar con un espacio limpio, digno, cálido y muy humano.

Don Memo, así ya conocido aquel primer migrante, es el coordinador, el hombre que duerme en el recinto, el que atiende, el que genera el ejemplo para seguir contribuyendo. Seres anónimos de ixtlec@s que con mucho corazón muestran su lado hermoso para seguir sosteniendo este oasis que ya está en el mapa de humanidad, más allá de egoísmos y fronteras.

Recibe a los seres que quieren pasar invisibles, por miedo a que los roben, los maltraten, los tiren del tren, los que tienen pavor a la noche y se refugian en este magnífico lugar. Los he visto deambular, llegan cansados, con sed y hambre, con los sueños rotos y los pies lacerados.

Hombres y mujeres, familias, los niños que desde Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua; seres hijos del maíz en busca del dólar, porque en sus comunidades domina el peligro y el desempleo, domina la pobreza y no quieren morir sin intentar alcanzar la paloma de la esperanza.

Don Memo, todos los días resuelve problemas grandes y pequeños, peripecias y trampas que le pone el destino. Cuando siente que no puede con su alma de tantas angustias recurre a sus aliados y de nuevo logra acertar a resolver las fórmulas del lío por el dinero.
Se ha ganado el respeto, la simpatía de la sociedad y para mí es un personaje fuera de serie, sabe que lo estimo, lo respeto y presumo su valiosa amistad. Allá viene don Memo con su triciclo amarillo, allá va con sus costales de ropa y libros donados.

En libros de registro, van quedando sus huellas, sus cansancios, sus horrores y al tiempo el regreso más infernal, reprimidos en la frontera norte, imposible seguir el camino, las barreras, la violencia, los barrios de Tijuana que los expulsan y de nuevo van a sus infortunios.

En esta Navidad, abre tu corazón, ayuda, necesitamos de tu bondad, de tu espiritualidad. Ayuda, necesitamos darle el pan al hambriento y dar de beber al sediento… Continuarán los relatos de pasión, el próximo miércoles.

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