¡Que la Chifle!, ¿O NO?

Francisco Javier Nieves Aguilar

No hace muchos días asistí a una boda. A misa llegamos un poco tarde; pero fuimos muy puntuales a la hora de asistir a la fiesta, efectuada en el Club Social.

Fue una boda escrupulosamente organizada; y desde el momento mismo en que traspasamos la puerta, el personal nos indicó en qué espacio podíamos sentarnos.

Al momento del brindis, todos se pusieron de pie, con su copa en mano. Yo lo hice de manera autómata; pero en ese instante mi mente se entretuvo en otras cosas. Todos brindaban por los desposados, menos yo. Y no es que no haya querido; simplemente brindé por mí mismo. Dije para mis adentros:

Brindo por los años que han pasado, cuando podía hablar de corridito sin caer en lagunas mentales.

Brindo por los días cuando caminaba ligerito, cuando acudía a la unidad deportiva a jugar fút con mis amigos los panaderos, sin dolor en la espalda, ni en la rodilla, ni en mis manos.

Brindo por cuando me secaba mi pelito negro negro, sin una sola cana y lo acomodaba como me daba la gana con el brylcreem.

Brindo por aquella casa que salía de lado a lado –Morelos 106; o Abasolo 125– en la que pasé mi niñez y adolescencia y en donde trepaba al árbol de guayabo fresa en un dos por tres.

Brindo por los tiempos en que podía pelar cañas con las muelas, comer dulces y chocolates al por mayor, o pasearme “a ráiz” por el canal.

Brindo por esos mismos tiempos cuando recibimos por primera vez la señal de la tele, para ver al Púas Olivares, escuchar al doctor IQ, al cochinito o al Risámetro.

Brindo por cuando escuchaba perfectamente lo que decían de la mesa de al lado.

Brindo por cuando me sentaba a leer a Memín Pingüin, a Roy Royer o a Kalimán, sin tener que salir corriendo a buscar los pinches lentes para poder saber que cabrones decían los diálogos.

Brindo por los que pronto estaremos en la tercera edad – ¡Pos qué chingados!– Brindo por ella porque ya le ando pisando los talones.
Brindo por las medicinas, menjurjes y suplementos alimenticios que me tengo que tragar para tener juerzas, para cuidar mi riñón y para que no me pegue la méndiga diabetes o la gastritis.

Brindo por los años que he vivido, por las vivencias que he tenido y por los amigos que tengo aunque estén igual de jodidos y cada día más viejitos como yo.

Salud amigos, ¡y que chifle a su máuser la edad! ¿O no?

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