Los “Secretos” de Compostela

Antonio Siordia Carrazco

Por muchos siglos se pensó que la ciudad de Compostela, Nayarit, no tenía un escudo de armas propio.

Más bien, se pensaba que era el mismo de la ciudad de Compostela, España. La razón de esto se encuentra en los datos que nos dice el mismo cronista Fray Antonio Tello en el libro 11 de su “Crónica Miscelánea de Santa Provincia de Xalisco”.

En esta crónica está asentado que a la ciudad de Compostela de Indias, Doña Juana, reina de España y madre del emperador Carlos V, le concedió “todas las libertades, fueros y privilegios que tiene y goza la de nuestra España”.

Por añadidura, el mismo cronista reporta que en los festejos de su primera fundación, en Tepic en el año de 1532, se enarboló el real estandarte con las armas de la ciudad de Compostela de nuestra España.
¿Qué más? ¡No había mucho que investigar!

Sin embargo, el hoy extinto y reconocido historiador compostelense, Don Salvador Gutiérrez Contreras, quiso ahondar más sobre el tema, convencido de la importancia de la capital del Reino de Nueva Galicia y de sus consecuentes atribuciones.

Con ese fin, el escritor Gutiérrez Contreras escribió a varias partes, hurgó en muchas bibliotecas. Negativamente le contestó el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, la Universidad de Santiago de Compostela, el Archivo General de Indias que se encuentra en Sevilla, España. ¡Nada de nada!

Pero al fin, la perseverancia y la buena intuición histórica de nuestro investigador fueron premiadas. ¡La Compostela Mexicana si tiene su escudo de armas!

Con una carta fechada en Madrid el 1 de mayo de 1950, le contestó Don José de Rujula y de Ochotorena, marqués de Ciadoncha y director del Archivo Heráldico de los Señores de Rújula.

“Pero en un manuscrito titulado Colección de Armas y Blasones de Indias, al folio 39 describe las de esa ciudad de Compostela con un dibujo perfecto de ellas, con una estrella grande de ocho puntas y en la parte inferior seis fajas estrechas ondeadas que llamamos aguas de azur y plata”

Una estrella de ocho puntas: la misma que se encuentra en el blasón de la España. La diferencia estriba en que la de España ilumina un sepulcro, el sepulcro de Santo Santiago, mientras la de México resplandece sobre las seis fajas que simbolizan las inmensas extensiones del mar, del Océano Pacífico.
¿Por qué esta estrella? ¿Por qué 8 puntas? ¿De dónde viene? ¿Qué significa el mismo nombre de Compostela? Es una historia muy larga que se pierde en la noche de los tiempos, a lo largo del camino de las estrellas.

Compostela está vinculada a la estrella por su propio nombre, “Campos Stellae”, el campo de la estrella, una etimología fácil que, sin embargo, no explica el por qué una “a” se tenga que trocar en “o” O bien podría ser, tal como lo creen los alquimistas, “la estrella del Compost”, estrella que se forma en la superficie del crisol con motivo de la conclusión de la primera operación de la Gran Obra, la así llamada “Nigredo”. Termina el color “negro” de la noche y la estrella anuncia el color blanco, el “albedo” del día. La estrella de la mañana, la “Citlali” Náhuatl, la estrella del oriente que pregona el nacimiento del Sol.

Por la tanto “Compost Stellae”, el humus de las estrellas, “la tierra fértil” de los astros. O si se prefiere “Compos Stellae” donde en latín, “Compos” significa “aquel que es dueño de algo”, “que está en posesión de algo” y esto nos indicaría la existencia de otra etimología posible, mas secreta y más tradicional que, en ciertas formaciones, podría significar “maestro”.

¿Cuál maestro, cuál “educador” de antiguas enseñanzas?
Hacia mediados del siglo IX corrió el rumor en el occidente cristiano; en algún lugar de la península ibérica, hacia los confines de la costa cantábrica, en el reino de Galicia libre de invasión musulmana, hombres santos, misteriosamente avisados por el resplandor de una estrella luminosa, había vuelto a descubrir la tumba del apóstol Santiago el Mayor.

Era hijo de Zebedo y hermano de San Juan Evangelista. Se le suponía nacido en Betsaida, y había sido uno de los “Hijos del Trueno”, Herodes Agripa le había mandado decapitar el 8 de las calendas de abril (25 de mayo), día de la Anunciación.

Según nos dice Santiago de Vóragine, quien escribía en el siglo Xll, después de su decapitación, algunos discípulos robaron el cuerpo durante la noche por temor a los judíos, lo pusieron sobre un barco y, abandonado a la Divina Providencia el cuidado de su sepultura, subieron a bordo del aquel navío que carecía de gobernalle.

“Conducidos por el Ángel de Dios, llegaron a las costas de Galicia al octavo día de las calendas de agosto…”
Acordémonos de este número 8, presente desde un principio de la leyenda de Santiago. “Los Discípulos descargaron su cuerpo y lo colocaron sobre una enorme piedra que, fundiéndose como cera bajo el cuerpo, se transformó maravillosamente en un sarcófago”. Luego el lugar de la sepultura fue olvidado durante varios siglos.

No fue hallado otra vez hasta el año de 830 durante el reinado de Alfonso “El Casto”.

Según la “Historia Compostelana”, un ermitaño llamado Pelagío, que significa “Hombre de Mar”, (hombre cuyo origen está en el mar), fue avisado milagrosamente del lugar donde se hallaba la sepultura del apóstol Santiago por una luz sobrenatural que danzaba encima de la tumba.

La tumba fue descubierta oficialmente por orden de Teodomiro, Obispo de la Iria Flavia, pequeña ciudad sobre el río Ulla, allá donde el mismo habría tocado tierra en el fondo de una ría el cuerpo del Santo. Parece que se trataba de un pequeño mausoleo oculto por una densa vegetación.

En la batalla de Clavijo, el año de 844, sostenida por los españoles contra los musulmanes, Santiago convertido de pronto en caballero armado, apareció en medio de los combatientes, resplandeciente y montado sobre un caballo blanco.

Blandiendo una espada flamígera hizo una gran carnicería entre los infieles y llevó a la victoria a las tropas del Rey Ramiro, salvando así todo el norte de España, desde los Pirineos hasta Galicia.

Este año de armas “Pos Morten” le valió convertirse en Patrón de España y fiador de su liberación. Y, en su calidad de caballero celestial, de tener el honor de consagrar caballeros a los Reyes de España. Este caballero celestial, después de un largo camino, un camino por la estrellas, como titular de la Iglesia de Compostela de Indias, según la real orden de fundación de esa ciudad, vino a parar bajo relieve, con la cifra del año 1694, existente en el interior del templo.(publicado en el semanario El Compostelense)

 

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