LAS PATADAS DEL DONKEY

Antonio Siordia Carrazco

**El cacicazgo de Enrique Medina jamás produjo obra pública, ni tampoco bienestar social y lo más grave es nunca haber renovado sus cuadros políticos. ¡Claro esto ya es cosa juzgada!

En el municipio de Compostela, la renovación del Ayuntamiento se convierte cada tres años en el principal tema de conversación en todos los ámbitos de la sociedad. Sin duda esto se debe a la cultura política que se ha desarrollado en esta histórica ciudad que a punto estuvo de contar con un Presidente de la República a través del único nayarita que ha ocupado una Secretaría de Estado, Don Gilberto Flores Muñoz.

Entre las diversas cosas que Don Gilberto hizo por Compostela, además de la formidable obra, destaca haber despertado entre los compostelenses la pasión por la política.

Para poder sustituir la hegemonía que Don Gilberto ejerció durante más de tres décadas en este municipio, fue necesaria la intervención del presidente Luis Echeverría Álvarez, quien en su afán por impulsar el sur del estado de Nayarit prohijó en Compostela el surgimiento del cacicazgo de Enrique Medina Lomelí, que heredo apócrifamente el poder de Don Gilberto cuando logró enquistarse en la Presidencia Municipal mediante su cuñado hoy extinto Ángel Ocegueda Cuevas, dominando por casi 30 años, salvo excepciones que confirman las reglas, al municipio cuna del otrora Ministro de Agricultura.

El cacicazgo de Enrique Medina y su séquito potenció los defectos de esa tradicional forma de hacer política y eliminó las virtudes que alguna vez en Consejo Político priista defendiera el extinto Salvador Gutiérrez Contreras.

Dicho cacicazgo jamás produjo obra pública, ni tampoco bienestar social y lo más grave es nunca haber renovado sus cuadros políticos. ¡Claro esto ya es cosa juzgada!

Celso Huberto Delgado lo combatió con toda su fuerza e inclusive dividiendo el territorio del municipio para crear su propio feudo en Bahía de Banderas, pero los flechazos solo provocaron el enojo de Medina Lomelí y mediantepseudos disidentes, como Macario Aguayo Durán, logro perpetuarse en el poder, creándose desde luego la peor etapa para Compostela.

En 1993 Baltazar Cruz Dueñas logró unificar a toda la gente de Compostela a favor de su candidatura y tras su llegada a la Presidencia Municipal, inició una nueva era para Compostela, donde el progreso fue notorio por la gran cantidad de obras que fueron ejercidas durante esa administración.

De igual forma, la transformación de Compostela continuó con Andrés Villaseñor, quien fue Alcalde de 1996 a 1999, quien además del buen papel que ejerció durante su trienio, logró trascender por no dejar deuda pública y sanear las finanzas del Ayuntamiento.

Cabe decir que Villaseñor Salazar fue parte de las filas medina-lomelistas, de cuyo grupo se independizó aunque no abiertamente para hacer su propio proyecto político, apoyado por el líder magisterial Liberato Montenegro Villa.

En este contexto siguió Juan Aguirre Chávez, un profesionista egresado del Instituto Politécnico Nacional (IPN) que como Presidente de 1999-2002 ejerció un gobierno ajeno al cacicazgo de Enrique Medina y destacó por impulsar una administración austera y de cuentas claras, pues al final de su mandato dejó finanzas saneadas y sin deuda pública al Ayuntamiento, cuyos resultados coadyuvaron a que la señora Alicia Monroy Lizola, como Alcaldesa de Compostela en el periodo 2002-2005 tuviera margen de operatividad y pudiera cumplir en su mayoría los compromisos adquiridos durante su campaña por la Presidencia. Vale aclarar que tanto el licenciado Agustín Cambero y su esposa Alicia se distinguieron por combatir durante años el cacicazgo de Enrique Medina Lomelí y su llegada a la Presidencia hoy por segunda ocasión es en reconocimiento al trabajo que ambos han realizado a favor de la gente de Compostela y por encabezar proyectos propios que contribuyen al desarrollo del municipio.

Por otra parte, la incursión de Marco Antonio Moreno Venegas como Presidente Municipal de 2005-2008, significó un reconocimiento a su labor de gestión de muchos años y aunque en su momento tuvo el cobijo de operadores políticos de Enrique Medina, como el ex alcalde Arnulfo Peña Banda, “Marconi” se deslindó del pesado lastre para impulsar una candidatura de renovación que generó a su favor buenos resultados, pues logró sumar a la vieja guardia priista que fue capaz de convocar a los sobrevivientes del Flores-Muñozcismo y a los mejores cuadros del escenario político actual.

Los últimos estertores del medina-lomelismo fueron fulminantemente aniquilados con la muerte de Don Emilio M. González en 1997 y su entierro final se realizó con la llegada del llamado Gobierno del Cambio que encabezó el empresario Antonio Echeverría Domínguez (1999-2005), en cuyo periodo no tuvieron presencia ni siquiera en las Uniones Ganaderas, por lo que Enrique y su cuñado Ángel, buscando congraciarse con su compadre el Tigre Toño se sumaron a su equipo y formalizaron la llamada “Unidad Campesina Independiente”, organización alterna que solo sirvió para dividir a los campesinos y beneficiar a los “Toñistas”.

El nuevo panorama político propició que una nueva generación encabezada por Héctor López Santiago lograra darle otro cariz a la administración municipal y otra nueva forma de hacer política, siempre cercana a la gente. Como alcalde, López Santiago jugó un papel preponderante en el desarrollo de su municipio y siempre fue equitativo con sus acciones que beneficiaron a la población de la zona costera y alta de Compostela. La transformación en ambas regiones fue en serio y los hechos hablan por sí solos.

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