IRMA, UN EJEMPLO DE MUJER

Francisco Javier Nieves Aguilar

Irma Pérez Arreola es el claro ejemplo de la lucha diaria por sobrevivir. Al frente de un negocio de fritangas, de donde sale el recurso para mantener a sus hijos, ella dice que a la vida hay que tomarla “por los cuernos”.

Divorciada desde hace siete años y luego de superar la dura prueba de hacer frente a la vida sin el apoyo del que era su esposo en la educación y formación de sus muchachos, ella ahora se siente feliz porque ha logrado impulsarlos para que sean gente de bien.

El mayor se llama Luis Castañeda Pérez y está por cumplir 19 años. La mujercita se llama Guadalupe –pero le dice Lupe-; estudia en el quinto semestre de bachillerato técnico, quien por sus notas destacadas, fue merecedora a una beca.

Irma comenta que el proceso de divorcio fue muy duro para ella y sus hijos. Tuvieron que acudir a tratamiento psicológico, que les ayudó mucho. Luego de la tormenta vino la calma y así, han logrado la armonía que pocas familias tienen.

Relata que su madre enviudó muy joven con 13 hijos de familia. Como su mamá tenía que trabajar, a ella la dejó a cargo de su tía María Alvarado, quien es la dueña del puesto de fritangas, ubicado en el barrio de El Llano, de Ixtlán.

Como no quiso estudiar, desde pequeña hasta antes de casarse la ayudó en el negocio. Ya casada se dedicó atender a sus hijos y a su esposo. La vida cambió para ella cuando se presentó lo del divorcio. Tuvo que aceptar que su marido se fuera y formara otro hogar. Fue así que regresó a trabajar en el negocio de su tía.

Aunque ella y sus hijos tardaron en recuperarse, ahora son muy felices aunque padecen del mal que a todos está atacando: la crisis económica. Ellos no podían ser la excepción, pero gracias a que han sabido administrar los recursos que obtienen de su trabajo, han salido adelante.

Irma se siente orgullosa de sus hijos, “porque me han salido buenos niños”. Lo dice porque ellos han logrado enfocar su vida hacia metas específicas. Luis quiere terminar su carrera de computación y para lograrlo se esfuerza bastante. “No vagabundea como los otros muchachos de su edad y en las vacaciones se pone a trabajar para comprarse algunas cosas, pero quiere ser alguien en la vida”.

Lo mismo sucede con su hija, quien saca muy buenas notas en su escuela. “Una mujer puede trabajar sin descuidar a su familia, quizá tiene que ver mucho la comunicación y yo hablo bastante con ellos para conocer cuáles son sus sueños y sobre todo, para conocer qué hacen y quiénes son sus amigos”.

Aunque su ex esposo la apoya con la pensión alimenticia, lamenta que sus hijos se hayan privado de convivir con él. De chicos ellos le lloraron mucho, pero como tuvieron que crecer sin la compañía de su padre, ahora parece que lo han superado y han entendido que ya no forma parte de sus vidas.

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