El tiempo corre

Empieza a oscurecer. Aporreado, me bajo de la camioneta al pie del Oxxo. Me despido de unos amigos y me dirijo a la zona centro. Entrego unas llaves y de inmediato me dirijo a casa. Converso media hora y enseguida me recuesto.

Pese a todo, el insomnio se hace presente. Opto por plantarme frente a este aparato. Mi mente está llena de pensamientos confusos, interrogantes siniestras, deseos reprimidos y miedos vividos…

Desearía descorchar un buen tequila, encender una vela y embriagarme… o caminar rumbo al monte hasta fatigarme. Tenderme en el piso y mirar al cielo. Si llueve sería mejor.

Quisiera cantar, reír como loco hasta que amanezca sin que parezca una quimera. Sentirme vivo, sentirme tranquilo…

Y entonces me pregunto: ¿Hace cuánto no disfrutaba de un buen tequila y reía como loco? La verdad ni me acuerdo, el tiempo corre sin esperar a nadie y si han dicho por ahí que el tiempo no existe de veras no lo sé. Los sueños se desbaratan como torres de arena.

De unas semanas hacia acá siento que me asfixio. A veces me desespero. Tengo la impresión que quiero escapar de algo, o quizás de todo; pero entonces busco verme reflejado en un lugar sin tiempo y sin espacio, un lugar donde no exista el dinero, el hambre y el desamor.

Cierro mis ojos y no me veo parado ni allí ni allá; solo me contemplo no pudiendo dejar de soñar. Y estos sueños me inquietan, me sostienen en un limbo del que nunca puedo alejarme.

Leía hace rato en el face: “No dejen de soñar”. Pero yo lo único que quiero es despertar de este sueño llamado realidad.

No hace mucho mis hijos hablaban de historias como la de Pablo Escobar y que conocieron a través de una serie. Hablaron de valentía… Valentía es lo que siempre me ha faltado para decir lo que siento de verdad, valentía de salir a caminar sin esperar un cambio importante en mi vida. Siempre esperé tanto de mi y aun no logro convencerme de lo que realmente soy…un hombre herido del tiempo, marchitado del espacio, teñido de amargura, ahogado de miedo. Pero sé que debo seguir este camino y llegar al final sin esperar nada.
Qué difícil. Siempre estoy esperando algo. Necesito quizás una guía de qué hacer para eliminar el insomnio y cómo recuperar el sueño y las ganas de cantar, de reír como loco.

El tiempo corre y mi vida no se detiene ni un instante. Mi cuerpo está cansado y tiene ganas de huir a un lugar donde pueda estar solo y en paz, sin cuestionamientos, sin errores.

Mucho deseo un tequila y abrazar mi silencio, mi espacio. Lo que escribí hace dos horas me brotó desde lo más profundo. Se empieza a desparramar el vaso. Ahora la desesperación se transmuta en indignación. Me doy cuenta que hay instituciones y políticos que no han correspondido a nuestras labores. Una vez más me considero víctima de los abusos del poder. Creo que se acerca la fecha de poner un hasta aquí”.

Quisiera volver al pasado. Década de los 60´s. 70´s, 80´s. Recordar que fui niño, que creí en el amor, en el brillo de unos ojos, la caricia de unas manos, los pasos de unos pies.

El tiempo corre y mi vida no se detiene y quiero plasmar en estos escritos el amor de aquellos que aún pueden sentir el calor de la piel y las ganas de correr. Quiero detenerme un poco, sentarme y dejar que pase aunque mi vida siga sin que yo no me dé cuenta de lo que está pasando.

El tiempo corre y mi vida continúa sin detenerse. Quizás me falte el aire, el riesgo, la valentía o solo no esperar que la soledad sea silenciosa cuando el ruido me moleste… esperar que el tiempo no se detenga y que me tome entre sus brazos y me impulse a correr con él.

No, no estoy triste. Solo quiero comentar que a veces necesito de un espacio para llorar, para decir que estoy indignado… que me siento impotente, pisoteado.

Francisco Javier Nieves Aguilar

 

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