Claroscuro / Fuegos III (2017)

CLAROSCURO
Rigoberto Guzmán Arce

FUEGOS III (2017)
-SEGUNDA PARTE-

Con admiración y profundo respeto para la comunidad indígena Salvador Allende.

2.- El primer libro de Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina, me imantaron las historias breves y concisas, sin rebuscamientos, que tenían título y de forma llamativa; era un imán de fuego, su prosa profunda que desentrañaba las agonías, explotaciones donde nada escapaba en el caucho, oro, petróleo, café, algodón, cobre, azúcar.
En cada confín de la tierra y el agua, los hombres y mujeres nativos eran peor que las hormigas para españoles, británicos y norteamericanos, fueran simple hueso y carne que se exprimían. La iglesia como testigo y aceptando designios de Dios. Como rezaba la frase inicial, la proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz, 16 de julio de 1809: “…Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez…”

Natural que fuera el libro como brújula, expansión de mi horizonte y manifestación de las ideas ante los muros, barreras, diques que no dejaban soñar, ni imaginar lo doloroso que ha sido la historia de nuestra patria grande. No bastaba simplemente la llamada de la Independencia política, bastaba las compañías que doblaban a cualquier gobierno que emanara de ideales. El dinero corrompe y te convierte esclavo, cómplice y venerador del sistema.

Al encontrar el segundo libro, me imaginé por el título que sería tan aguerrido como el primero, pero resultó historias de cosas pequeñas de trascendencia espiritual, de los valores que están enraizados en las tragedias de nuestra América, entre los pueblos y como si fueran ríos subterráneos llenos de seres indomables, las sombras que avanzan, el hilo conductor de sangres colectivas y las banderas que ondean calladamente en los ejercicios de vientos libertarios, el amor sobre todo ¿Qué hace caminar, rebelarse a los hombres, luchar contra corriente y dar la vida por los demás? Me hizo creer en el amor, no como subjetividad y abstracto, una palabra más o romántica. Nacimos para ser libres.

3.- Bebí y abrí los ojos a mi alrededor a descubrir que no solamente lejos se puede amar a la humanidad, que aquí en la calle, en la mesa, en el escritorio, en el barrio, se logra reconocer con nombre y apellido, al amigo, compañera, joven y viejo, que nos debemos de entender, aunque tengamos el mismo lenguaje creemos que somos versiones distintas y sin conciencia vamos arrastrando a nuestros mundos llenos de soledad.

Eduardo Galeano como un capitán de un navío o como un sabio joven de trazos precisos, filosofía abundante de hogueras, de filos, de amaneceres, de herramientas antiguas, trastoca y nos volvemos creyentes de los veneros justos y para tod@s.
De calvicie prematura, voz solemne va por las llanuras como caballo viejo, como jefe de tribu, rostro de chamán, trote indígena, ojos de aventurero y manos que escudriñan para sacarnos pudriciones y buenas nuevas, diagnóstico y curaciones. Cae a mis manos la trilogía Memorias del fuego, Tomo I, los nacimientos; Tomo II, Los rostros y máscaras; Tomo III, El siglo del viento.

Un viaje largo, crudo, conmovedor y reflexivo para querer tanto el corazón del nosotros con lugar y año. Era un profesor en actividad volcánica en Ameca que en uno de los viajes sindicales a Guadalajara, adquiero con emoción estos tres libros coloridos, sus portadas que incitan a recorrer el territorio de los años, de una muestra rica de plumajes, de cordilleras, de vestigios.

Su pluma como dardos, como flecha, espada, rifle, relatos. Cada gesto, acto y mordedura; cada movimiento, piedra y huracán; cada flor, sendero y agua; cada nombre, espesura y mineral, tiene significado. Eduardo Galeano nos trae las entrañas de vuestra tierra, su profundidad de escritura es pura y sencilla, traductor de los dolores y desgarramiento de parto, del incendio de voces y el alma que se desliza como serpiente.

Eduardo como canoa, liana, ramaje que tenemos en papel, letra negra renacida cuando se lee y siento que tenemos al cronista que necesita tu alba, el llamado de la sangre. Te exige no a la contemplación, si a la transformación, que hagas de tus cadenas manifiestos, que de tu sudor de esclavo feliz, el manantial para levantarte rebelde, cuestionando el ¿por qué remas y recibe órdenes sin reclamar?

4.- Hasta se encuentra un relato de un pueblo huichol de nuestro Nayarit, donde la comunidad andaba urgida de ponerle el nombre a su comuna, pero que no fuera un nombre más, algo que se pudieran identificar, algo que sus ancestros se enorgullecieran de esta generación.

Un huichol en viaje a Tepic, en un basurero recoge un pequeño libro desgastado y deshojado y se va leyendo con el riesgo de que lo atropellen, se interesa más y más de un hombre que desde lejano país sudamericano, defiende la constitución y es asesinado.

Por fin lo encuentran, en asamblea por decisión unánime se llamarán: Salvador Allende… Continuará el próximo viernes.

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