AHUACATLÁN, pueblo de fantasmas

Francisco Javier Nieves Aguilar

Ahuacatlán bien pudiera ganarse el título del “pueblo fantasma”. Pero ahora no nos referimos a la desolación por su población, sino literalmente a los fantasmas, a esos que, se dice, rondan en las veredas, en las calles, en los caminos y en las casonas antiguas que aún se ven por montón en el pueblo. El primer caso ocurrió no hace mucho en el Camino Real, ese que corre de la colonia Prisciliano Sánchez a la comunidad de Heriberto Jara.

Resulta que un padre de familia caminaba con su pequeña hija por este camino, cuando en el punto conocido como el “Sayalero”, luego de tomar un descanso, se percató de que la niña conversaba con alguien más a quien no pudo ver, por lo que decidió llevársela y alejarla del lugar, pues cuentan que también cada que corre por aquel lugar en ese punto exacto, siente las malas vibraciones, como si alguien lo estuviera persiguiendo.

Y es que, según dice, hace muchos años en la intercepción de este camino y el “Sayalero” había una puerta de peaje donde se cobraba a todo aquel que quisiera pasar de un lado a otro. El cobrador, quien vivía en el lugar y asentó ahí su hogar, no dormía con tal de que nadie pasara sin que se pagara el tributo correspondiente.

Luego de juntar una buena cantidad de dinero, la enterraba en el riachuelo que pasaba junto a su puerta. Hasta que un día, unos maleantes lo asaltaron y quisieron obligar a que les dijera donde tenía enterrado su tesoro. Murió en el silencio. Nadie supo donde quedaron exactamente aquellas monedas de plata y oro, y aunque muchos lo han buscado, lo único que consiguen es llevarse una diabetes del susto que les acomoda aquel hacendado.

Y fue en ese mismo arroyo, pero más al sur, donde otro hombre, ladrillero de oficio, dijo haber visto una luz roja fulgurante con manchas negras que figuraban la cabeza de un puerco. El individuo en cuestión se ocultaba en ese entonces en dicho cerro por un crimen que había cometido horas atrás.

Pero más delante, por este mismo camino a la “Haciendita”, existe todavía la higuera donde los caciques de la época feudal de principios del siglo pasado colgaban a los pobres campesinos que reclamaban un pedazo de tierra para cosechar el producto de su trabajo. Decenas de ellos se dice que ahora deambulan para hacer saber a los terratenientes de nuestro tiempo que siguen pelando por lo que alguna vez fue el motivo de su muerte, y no los dejarán en paz.

Más historias verídicas de antaño, que ahora el pueblo las ha convertido en leyenda se pueden sacar de la famosa “Casa Escondida”, de la Escuela Primaria “Morelos”, del Ranchito “la Querencia”, de la finca que habitó “Pinocho”, del antiguo Hotel Espinosa – contra esquina de la presidencia municipal–, de las “Olas Altas”, de mi casa, de la tuya, de la que será algún día por los siglos de los siglos…

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