RELATOS DE PASIÓN

Rigoberto Guzmán Arce

CAPÍTULO CXXIX

Mensaje a todos los ixtlec@s de antes y después, a los pasajeros de la cápsula del tiempo. Inicia la odisea, adelante mis valientes.

629.-SABIA VIRTUD
Si en 1967, año internacional del turismo según la ONU, el gobierno municipal presidido por el profesor Emigdio Reyes Ruiz y secundado por el doctor Roberto Coronado, el profesor Antonio Sánchez, Víctor Chávez, Alfonso Chávez Pulido, la maestra Alejandra Estrada Corro, el doctor Guillermo Uribe y el famoso escritor Everardo Peña Navarro, como ciudadanos ejemplares, hubiesen festejado el cincuentenario de la fundación del estado libre y soberano Nayarit, en estos momentos estuviéramos abriendo el tiempo congelado de aquella vida de las generaciones pasadas donde toda la gente se conocía por la calidez y pequeñez de unas cuantas cuadras que tenía nuestra comunidad.

Un año de recuerdos como un reloj de bolsillo, el libro de texto gratuito con la portada de la patria representada en una mujer de rasgos mestizos y cuerpo voluptuoso, el novedoso radio de baterías, un calendario con paisaje mexicano, un número de la revista Selecciones de Riders Digest, la revista Life y el cigarro sin filtro marca Alas o Faros de mi abuela Guadalupe.

Absortos ante la carta de un niño que se sentía poeta en segundo de primaria, hijo de las lluvias y mariposas, y que el año 2017 era recorrer una inmensidad y que nunca ni siquiera en sus sueños más profundos hubiese imaginado estar presente leyendo de nuevo la carta a un futuro que ya está aquí como un instante mágico.

Dichosos los que estamos presentes como testigos que desde la infancia navegamos velozmente para llegar a este puerto de la tecnología. En el mundo viejo era asombroso que en nuestra pequeña ciudad escucháramos el noticiero Carta Blanca y la radionovela de las ocho de la noche por XEW Chucho El Roto, con su inicio del silbido. Ver la silueta de la bisabuela Cuca escuchando felizmente llevada por la voz del locutor, el programa de concurso musical El Cochinito.

La calle Jiménez con su miscelánea famosa El Cometa del 82, sus artesanos maravillosos en la reparación de calzado como don Alberto Espinoza, un artista de las raíces, abuelo de escritor y pintor Manuel Benítez; Silvino el rey de la hojalata que hacía coronas y rehiletes; don Manuel Esparza el voceador de los niños extraviados que recorría las cuadras del Barrio de los Indios con su megáfono rústico. Los artesanos del barro de aquel hombre apellidado Méndez.

En el plano internacional nacía la banda de rock The Doors con su primer disco de vinilo; Mario Vargas Llosa publicaba su novela Los Cachorros; se realizaba a cabo el primer trasplante de corazón; estaba la guerra de Vietnam, se fermentaba la generación del Amor y Paz; faltaba un año para las revueltas estudiantiles, Salvador Dalí pintaba La Pesca del Atún; Gabriel García Márquez publicaba su novela inmortal Cien Años de Soledad, asesinaban al mítico Che Guevara en Bolivia.

Llegaba un joven y entusiasta maestro de historia a la escuela secundaria Amado Nervo, Pablo Torres Sánchez en la época de la psicodelia.

Como nos recuerda el poeta Renato Leduc, sabia virtud de conocer el tiempo.

Desde la lejanía de la historia, la especie humana, las civilizaciones han luchado, se han agitado para conservar su cultura, las huellas colectivas e individuales: las figuras rupestres en cuevas; los chinos con su muralla para sobrevivir; los pueblos sumerios con la escritura cuneiforme, los faraones encriptados en sus sarcófagos y pirámides para viajar a la eternidad.

Los ixtlec@s no escapamos a ello. El XL Ayuntamiento cuyo presidente José Antonio Alvarado Valera  programaron el festejo del Centenario de nuestro bien amado Nayarit, con la iniciativa del incansable promotor cultural y respetado cronista de la ciudad el joven aquel que llegó como el nuevo maestro de historia Pablo Torres Sánchez, estamos a punto de zarpar en el mar ignoto del tiempo, desafiando leyes naturales porque este retrato del 2017, los niños presentes serán los testigos de lo que fuimos en esta cápsula del tiempo, el artefacto bello para ser recordados, para de nuevo renacer en los ojos que contemplarán el arribo al puerto desafiando al destino de lo que fuimos, nuestras luces y sombras, en fotografías, documentos, memorias USB, la llegada de esta barca metálica y luminosa en este emblemático kiosco a un costado de las escaleras.

Somos dichosos por sentir esta experiencia única de no morir. Sabia virtud de conocer el tiempo. Hasta pronto y buen viaje, eleven anclas.

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