RELATOS DE PASIÓN: CAPÍTULO CLIII

Rigoberto Guzmán Arce

¡Gracias!

700.- SETECIENTOS
Se lee la cantidad muy tranquilamente, pero me pongo a pensar, a recordar que ya llegué a los 700 relatos. Una travesía por los ríos emocionales, por los planetas de la imaginación, los sistemas diferentes, las versiones desde donde estoy sentado, caminando, pensando, sobre todo sintiendo. Soy un ser afortunado porque tengo la valiosa oportunidad de escribir mi punto de vista recorriendo la galaxia semanal de lo que me atrapa la atención.

Los relatos me salvaron en aquellos días aciagos donde mi alma desorbitada, mi sangre alterada y mi mente volando sin alas. Era un alma en pena y sollozos. Aquí en este espacio, mi refugio y telescopio, las raíces y el microscopio, las ramificaciones y los nudos, ir delineando las frases para que tengan cuerpo y estén listos para que vean la luz en los matutinos y lleguen contigo en busca de cariño, de ojos que todavía se asombren de vivir en una tiempo donde es tan vertiginoso, tan complicado, efímeros que mirar el horizonte de la información es tan amplio que bien vale un relato.

Recuerdo que tembloroso inicié el peregrinar, ante la vastedad, el acontecimiento intenso, las veleidades, necesitaba capturar las huellas de luces, develar sombras y formar textos de los insomnios.

Despacio se fue construyendo el cuerpo, el pájaro literario levantó su vuelo y de nuevo valía el paisaje la gratitud de mi corazón porque de nuevo la vida, el deseo inconmensurable por seguir en la odisea, en la fortuna de mis cinco sentidos por asombrarme de las cosas, los fenómenos pequeños que forman la vida y sus alrededores.
Sentir el amor, la caricia, la piel y la sinceridad del saludo y de la risa que tengo como el regalo y la felicidad en las letras que se inventan. Desde aquí, de los desvelos, de mi pasión, la esquina de las golondrinas, de copas candentes de licor y de lágrimas, de las canciones más íntimas y el desconsuelo del cielo y el infierno.

De todos los elementos, del metal, de la flor, del perfume, de olores en los vientos, aromas de la noche y sus vestidos de colores, se fueron formando los relatos, para llegar a al nacimiento de un libro impreso y digital. Enviar señales sin pensar en oscuridades hasta alcanzarte a ti, amig@ lector@ que estás en mi ciudad, en mi cuadra, en el sur, en mi estado de fuego y agua, que estás tan cerca que hasta siento tu respiración, cuando me lees y me mandas decir que te gusta con el símbolo de la mano azul, que te encanta con el corazón icónico.

Cuando comentas y te respondo, estamos ejercitando lo que nos dio la cualidad de civilización, de aquellas culturas que para trascender dejaron su obra, la lengua, escritura en la roca, en la arcilla, en pergamino, en papiro, hoja de imprenta. Sus genialidades de carbón, de tinta y teclado.

Te regalo lo mejor de mis banderas, de mi canto, del amor por la vida, por la belleza, por esta creación que te enciende la llama, la hoguera de la salvación. Aquí estoy con el corazón en mis dedos para escribirte la palabra más bella del universo: ¡Gracias!

0 Comments Join the Conversation →

Deja un comentario