Periodico Express de Nayarit
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UN PEDACITO DE HISTORIA

Por el licenciado José Antonio López Espinosa

2014 / 04 / 14

Anécdotas     

DE ANAXÁGORAS

Preguntaban varios amigos a Anaxágoras de Clazómenas  (500-428 a.n.e), el filósofo griego que valoró a la inteligencia como el principio de todo el universo, si no le pesaría morir fuera de su patria y si quería que llevaran a ella su cuerpo sin vida.

-“¿Qué me importa?” les respondió. “El camino hacia la otra vida es lo mismo desde todas partes.

DE MARK TWAIN

Cuando el famoso humorista estadounidense Samuel Clemens (1835-1910), conocido con el seudónimo de Mark Twain, era el editor de un periódico en el oeste, recibió una carta de un suscriptor supersticioso, en la que le manifestaba haber hallado una araña en el periódico, y le preguntaba si aquello era señal de buena o de mala suerte.

Twain le contestó lo siguiente:

 “Querido suscriptor: el haber encontrado una araña en el periódico nada tiene que ver con la buena o mala suerte. Simplemente la araña estaba hojeando su ejemplar para hallar algún comerciante que no se anuncia en él, ir a su tienda, ponerse a tejer su tela en la puerta y vivir eternamente allí, en la seguridad de no ser molestada”.

DE RUBÉN DARÍO Y MIGUEL DE UNAMUNO

El poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) había terminado de escribir para el periódico “La Nación” de Buenos Aires una crónica en elogio del escritor y pensador español Miguel de Unamuno (1864-1937), cuando alguien le mostró un artículo del mismo Unamuno que decía:

“…Rubén Darío lleva en la cabeza las plumas de salvaje que le sirven para escribir…”

Darío se encogió de hombros y se limitó a comentar que esa era su opinión. A continuación escribió una carta a Unamuno, que le envió con la crónica, en la cual le comentaba:

“… Esta crónica fue escrita con las plumas de salvaje que llevo en la cabeza, y no tengo nada que rectificar de ella…”

Tiempo después Unamuno reconoció que nunca algo le había desconcertado tanto como aquella carta y aquella crónica de Rubén Darío.

DE ARTURO TOSCANINI

Durante un ensayo de la Novena Sinfonía de Beethoven, los músicos dieron muestra de particular sensibilidad y respondieron consecuentemente al mínimo deseo de quien en ese momento los dirigía, el afamado violonchelista y director de orquesta italiano Arturo Toscanini (1867-1957).

Y el resultado musical fue que los integrantes de la orquesta, conmovidos, regalaron prolongados aplausos a su director. Tras terminarse la pieza musical, se levantaron de modo espontáneo y ovacionaron largamente al hombrecito que les había revelado tan bella música.

Desesperado, Toscanini trató de detenerlos moviendo sus brazos y, como no encontraba manera de lograrlo, sólo se limitó a decir con la voz entrecortada por la emoción:

 “¡No soy yo… Es Beethoven.