Periodico Express de Nayarit
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UN PEDACITO DE HISTORIA: EL PRIMER INCUNABLE CUBANO    

Por el licenciado José Antonio López Espinosa

2014 / 02 / 28

Una de las grandes creaciones del hombre que más contribuyó al desarrollo de la civilización fue sin duda la invención de la imprenta, considerada por más de una generación como beneficio divino concedido al mundo por el ingenioso alemán Johannes Gutenberg (1400-1468). El concepto “incunable” proviene de la voz latina incunabula, que significa comienzo de un arte, y se aplica a toda edición surgida a partir del disfrute de los beneficios del hallazgo del teutón en la segunda mitad del siglo XV hasta principios del XVI. No obstante la limitación  temporal de tal definición, procede considerar como el primer incunable cubano a un documento que fue impreso en La Habana en 1723, en consideración a la circunstancia de que la introducción de la imprenta en Cuba tuvo lugar a menos de cuatro siglos después del revolucionario descubrimiento.

Según referencias disponibles, entre 1663 y 1772 un médico español llamado Lázaro de Flores Navarro (162?-1673) escribió en La Habana un libro titulado “Arte de navegar”, orientado a resolver problemas científicos relativos a Cuba, para favorecer y garantizar la navegación entre España y la isla. Este libro es, a no dudar, un documento valioso por ser el  primero escrito en el país caribeño,  pese a que su autor no era cubano y a que su impresión se hizo en España. El hecho de haberse impreso en Madrid, pues en la época en que se escribió no había llegado aún la imprenta a La Habana, privó a esta obra de haber sido el primer incunable cubano.

Aun cuando en algunos trabajos se ha expresado que en los primeros años del siglo XVIII se produjeron e imprimieron en Cuba ciertos documentos, no hay indicios que indiquen la veracidad de tal afirmación. Lo que sí está demostrado es que la imprenta se introdujo en la isla en 1720 por el belga Charles Habré, quien tres años más tarde dio a la publicidad un folleto de 26 páginas titulado “Tarifa general de precios de medicinas”. Este folleto, preparado y mandado a imprimir por el protomédico andaluz Francisco Teneza Rubira (169?-1742) se puede pues considerar como el primer incunable cubano, dada la evidencia de que fue a partir de él cuando se inició la producción de documentos impresos en La Habana.

La ”Tarifa general de precios de medicinas” apareció el 11 de enero de 1723 con el objetivo de regular la venta de los medicamentos, pues en su texto se establecieron de modo oficial los precios en que éstos se debían despachar. La salida del documento puso término a las irregularidades y las injusticias que se venían cometiendo hasta entonces en el comercio de las drogas. El contenido básico del folleto es una relación, en orden alfabético, de los nombres de 187 medicamentos con sus respectivos precios. El incumplimiento de lo establecido por su conducto implicaba sanciones legales a los infractores.

Desde el punto de vista formal, este documento de 23 centímetros de alto por 16 de ancho presenta el escudo real en la parte superior de su portada; luego aparece el título y, en la parte inferior, se lee la siguiente inscripción:

“En la Havana con Licencia de los Superiores en la imprenta de Carlos Habré 1723”.

Como curiosidades del folleto se pueden consignar que, como antes se había apuntado, su contenido se reduce a una lista, dispuesta en orden alfabético, de los nombres y los precios oficiales de 187 medicamentos que estaban en venta en las pocas farmacias existentes entonces en La Habana. Sus hojas no están foliadas y en varias de ellas se observan letras de hasta tres tamaños distintos. Por otra parte, el escudo real que aparece en la parte superior de la portada, el cual por cierto representa también el primer grabado publicado en Cuba, es de los tiempos en los que España gobernaba la Casa de Austria tras sacudirse del dominio austriaco reinante sobre ella y sus colonias hasta 1699.

La condición de primer incunable cubano de la “Tarifa general de precios de medicinas” fue el móvil para referirla en este trabajo, en el cual ha quedado de paso consignado sobre la bibliografía cubana un pedacito de historia.