Periodico Express de Nayarit
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UN PEDACITO DE HISTORIA : LAS CERÁMICAS DE PICASSO     

Por el licenciado José Antonio López Espinosa

2013 / 12 / 10

Cierta vez un amigo del pintor español Pablo Picasso Ruiz (1881-1973), notó  que, mientras conversaba con él, trituraba maquinalmente un patito de algodón amarillo, juguete que en un instante tomó la apariencia de un pato de Hokusal. Así era el artista, quien con el lápiz, el pincel, la pluma, la arcilla, el hierro o solo  con sus manos era capaz de lograr las más sorprendentes metamorfosis. Una calavera la podía convertir en algo viviente; un gallo en un caballo combatiente; una mujer una en diosa y a la vez en un monstruo y, de la simple combinación de un guidón y un sillín de bicicleta, podía sacar un trofeo alucinante.

Durante una de sus largas estadías en Antibes, Picasso había observado las cerámicas que allí abundaban y ello lo entusiasmó a practicar ese arte. Puede que esto se interprete como la simple fantasía de un espíritu ávido de nuevas formas de expresión. Mas justo es apuntar que en su caso las artes de la tierra y el fuego, que señalan la unión sencilla y profunda del hombre y la naturaleza, debían ser un medio de manifestar un aspecto de su genio multiforme, el cual se había sólo dejado entrever hasta aquel momento. Y lo hizo con conciencia, con sobriedad y con singular vigor.

Picasso, claro está, conoció las cerámicas antiguas y los vasos griegos, los decorados cretenses y micenios, los de los Incas y los de los negros de África, así como el estilo de los viejos artesanos franceses. Pero no se puede afirmar que haya hecho la síntesis de todo ello, porque en realidad lo que hizo fueron obras de él, de Picasso con sus propias maneras de hacer. La novedad de sus obras es una especie de dulzura mediterránea, de grandeza antigua que baña a sus pastores, sus faunos o sus animales. La ornamentación siempre vigorosa e imperiosa no excluye la más delicada suavidad.

Si algo se le puede señalar es que no siempre acertó, principalmente en sus primeras obras, en lo referente a la adaptación de la decoración a las formas y del diseño a la función del objeto. No obstante, mantuvo siempre el respeto a una técnica nueva para él, a la vez que aprovechó en el sentido tradicional los brillantes, los esmaltes y el mate en el color, las incisiones y los relieves, tanto en sus grandes vasos como en el más simple plato.

Esto no quiere pues decir que el respeto de las tradiciones le impusiera cierta timidez en la concepción o en el contenido de su habitual brío creador. Nadie hasta él había impuesto a las formas tantas variantes y distorsiones, de lo cual son pruebas fehacientes sus vasos antromorfos. Ésos se trabajaron primero en el torno de alfarero, elevados en líneas perfectamente circulares, con simples inflexiones para señalar las caderas, el talle, el cuello y la cabeza. Al salir de esta etapa, el vaso era, por tanto, de una estricta regularidad y desprovisto de vida

Plasmando la masa todavía blanda, Picasso dio relieve a un vientre, trazó la línea de una espalda, abultó los senos, articuló los brazos y dio una expresión a la redondez de la cabeza. El vaso, que tenía la inercia de una muñeca, tomó vida palpitante y se cargó de energía humana. En algunos casos lo plegaba en dos, para hacer ver a una mujer en cuclillas, o alargaba sus partes superiores para revelar un dios. Esos fueron los milagros de Picasso, cuyo anuncio estaba contenido en el patito de algodón amarillo referido en el primer párrafo.

Eran los últimos años de la década de 1940 y, por primera vez en los anales del arte, todo París fue invitado a un elegante “vernissage” nocturno para una exposición de cerámica. Hasta entonces eran muy pocos los que apreciaban la cerámica moderna, a pesar de que Francia tenía ceramistas comparables con los mejores de todos los tiempos.  Pero bastó que se anunciara una muestra de platos, bandejas, baldosas y vasos del maestro catalán, para que una multitud de damas ataviadas de lamé o cubiertas de visón acudieran en tal cantidad que no era imposible acercarse a las vitrinas.

Y fue éste otro milagro del pintor Picasso, a quien se le ha dedicado aquí en relación con su faceta como artista de la cerámica un pedacito de historia.