Periodico Express de Nayarit
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UN PEDACITO DE HISTORIA …Las ventanas de colores     

Por el licenciado José Antonio López Espinosa

2013 / 10 / 14

Si bien los antiguos egipcios conocían la manera de colorear el vidrio, no es menos cierto que el arte de hacer cristales de colores es poco anterior a la Era Cristiana y que fueron los romanos los primeros en conocer este arte. Calígula (12-42 ane) ordenó en el año 37 que sus palacios de Mecena y Samia tuvieran ventanas con cristales de colores y, a principios del siglo IV, se cubrieron con esta clase de cristales las ventanas de la Basílica de San Pablo en Roma. A partir de entonces, los primeros edificadores de iglesias empezaron a cerrar los grandes ventanales de colores, como se hizo en la iglesia de Santa Sofía en Constantinopla y en muchos de los templos cristianos de Italia. Este hábito se hizo moda y todas las iglesias del mundo cristiano lo imitaron. Las catedrales de España, Francia, Alemania e Inglaterra tienen hermosos ejemplares de esos ventanales.

Desde el siglo XI hasta la terminación del XIII este arte tomó gran desarrollo y mejoró notablemente el gusto en el dibujo y en la distribución de los colores. El simbolismo cristiano y los emblemas heráldicos eran los elementos principales de los dibujos, y era muy notoria la tendencia a usar los colores litúrgicos de la iglesia. Los cristales se unían con una armazón de hierro o plomo. Los fondos eran de brillantes colores que formaban mosaicos transparentes de tal belleza, que llamaban más la atención que el dibujo mismo de las figuras.

Los artistas de la Edad Media empleaban el sencillo sistema de mezclar las sustancias del cristal y del color y fundirlas en pequeños pedazos, sobre los cuales se realizaba el dibujo, luego recortado con un hierro candente. Una vez hecho esto, se procedía a pulir los bordes. Más tarde, en el siglo XVI, se usó el diamante para cortar el cristal.

Si es verdad que el siglo XIII fue la época de oro de este arte, también lo es que el siglo XVI fue el del comienzo de su decadencia a causa de las guerras religiosas, durante las cuales fueron muchos los bellos ejemplares de artísticos ventanales que fueron apedreados y destruidos. Este decaimiento se mantuvo durante los siglos XVII y XVIII y no fue hasta el XIX que comenzó a renacer el arte de los vidrios de colores en las ventanas. En esa centuria hubo un notable adelanto en los métodos de fabricación de cristales de colores y se empezaron a restaurar las antiguas ventanas destrozadas. Asimismo aparecieron nuevas fábricas, nuevos artistas y una nueva orientación.

En la América del Norte, donde actualmente esta industria  marcha a paso de gigante, las iglesias de principios del citado siglo XIX eran pobres y mezquinas y ninguna tenía más cristales que los ordinarios transparentes. Era tan débil el amor a la ornamentación de las iglesias que podía calificarse de nulo. Pero, en 1830, viajaron desde Europa hacia los Estados Unidos varios artistas vidrieros europeos, los cuales comenzaron a explotar allí su industria y con inteligencia y maestría copiaron el arte antiguo. Fue entonces que se empezaron a conocer las ventanas de colores en América.

Ya en los últimos años del siglo XIX se consideró que el arte del siglo XIII era deficiente y había que mejorarlo. Y así se hizo en el dibujo, la brillantez de color y la variedad de matices, con lo cual se pudieron obtener mejores cuadros en una sola hoja de vidrio. La química posibilitó que los ventanales así obtenidos tuviesen una transparencia, un colorido y una naturalidad que jamás soñaron lograr los grandes artistas de la Edad Media.

Como pueden observar los lectores de esta columna, se ha hecho en menos de diez párrafos un extenso recorrido en el tiempo para brindar detalles sobre el surgimiento y la evolución del arte de producir cristales de colores. En estos tiempos, en los que se disfrutan las posibilidades que ofrece la tecnología para lograr mejores resultados en el terreno científico, artístico o cultural en general, creo que bien valió la pena haber “puesto sobre el tapete” algunos elementos ignorados o poco conocidos al respecto. Ese fue el motivo que me impulsó a la aventura de escribir sobre ese arte un pedacito de historia.