Periodico Express de Nayarit
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UN PEDACITO DE HISTORIA : Humboldt y Bonpland en el Chimborazo     

Por el licenciado José Antonio López Espinosa

2013 / 09 / 06

El Chimborazo es un pico volcánico de la cadena de los Andes, de 6 310 metros de altura, en la República de Ecuador. El sabio alemán Alexander von Humboldt (1769-1859) y el médico y naturalista francés Aimeé Bonpland (1773-1858) instalaron en sus elevadas zonas, el 2 de junio de 1802, una estación de estudios a 5 909 metros. Ese día constituye, sin duda, una fecha memorable en la historia de la conquista científica del mundo.

La gran originalidad de la expedición realizada por Humboldt y Bonpland en  América del Sur entre 1799 y 1804, fue haber llevado del laboratorio al terreno todos los instrumentos que podían servir para medir los fenómenos naturales. Al efecto cargaron con todos los aparatos de los gabinetes de física disponibles en su época y con todo aquello que podía ser útil a la astronomía, la geodesia, la meteorología y las ciencias naturales, a fin de darles utilización en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia. La cosecha de sus observaciones fue muy importante, al punto de que su coordinación tras su regreso a París les exigió unos diez años de trabajo.

 Humboldt, reconocido como el patriarca de la geografía moderna, fue durante muchos años compañero de labor de los más destacados sabios franceses. En su inmensa y variada obra se puede encontrar, al mismo tiempo, el ejercicio de la razón austera que se entrega de modo escrupuloso a la investigación de las causas y su encadenamiento y la brillantez de la imaginación, preludio de los descubrimientos suscitados por su poder creador.

A Bonpland, cuyo nombre de familia era Goujaud, se le conoce así porque su padre, a quien sorprendía la gran atención que él prestaba a las plantas del jardín familiar, le dio el sobrenombre de Bon-plant (buena planta), con el cual se quedó y se convirtió en su apellido. A pesar de haber estudiado medicina, su amor por las plantas le hizo ver que no podría enriquecer con nuevos hechos la ciencia de los vegetales sin hacer grandes viajes.

Es posible que por esto Bonpland hubiera tenido una existencia oscura pero tranquila en Francia de no haber encontrado de manera casual a Humboldt, tan entregado como él a los estudios médicos, pero entusiasmado también con las aventuras de los viajes. Entre ambos jóvenes se inició una sólida amistad, que fue aumentada por su deseo único pero apremiante: el de partir.

Pensaron viajar primero a Egipto; luego a Túnez y, al final, se decidieron por las regiones inexploradas de América del Sur ecuatorial, las cuales les eran muy atractivas. Humboldt escribió más tarde que los países cerca del Ecuador constituyeron la parte de la superficie de la Tierra donde, en menor extensión, se encuentra la mayor variedad de las impresiones que causa la naturaleza.

 Embarcaron hacia Venezuela el 5 de junio de 1799 y no regresaron a Francia hasta 1804. Bonpland permaneció allí doce años. La emperatriz Josefina, a la cual envió a su regreso simientes de plantas americanas, le otorgó el cargo de administrador de sus dominios. Por haber donado sus colecciones al Museo de Historia Natural, Napoleón le concedió una pensión.

Por desacuerdos con los ejecutores testamentarios de Josefina, fallecida en 1814, decidió partir a América meridional, para continuar la labor emprendida antes con Humboldt. En 1816 fijó su residencia en Buenos Aires, ciudad donde recibió el nombramiento de corresponsal de la Academia de Ciencias para la sección de Botánica. Comenzó nuevas investigaciones como naturalista, hasta el día que fue apresado en Paraguay en 1821, pues el gobierno le tomó por un aventurero que quería arrebatarle el monopolio del mate y del té en el país. Recobró su libertad en 1830 y se trasladó a San Boya, Uruguay, donde murió en 1858.

Humboldt, quien falleció en Berlín un año después, le había escrito en 1805: “No formamos más que un cuerpo”

 A estos ejemplares científicos de finales del siglo XVIII y principios del XIX, a quienes se les confunde en un solo recuerdo, he tratado de regresarlos al plano de la actualidad, dedicándoles la redacción de este pedacito de historia.