MANDADO NO ES CULPABLE DEL TODO

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

Con los palos de ciego que ha estado dando la Fiscalía General del Estado de Jalisco respecto al asesinato del exgobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, ¿tendremos esperanzas los mexicanos de a pie de tener justicia cuando algún familiar, conocido o nosotros mismos nos veamos en una situación similar a la del exgobernador jalisciense?

Porque a menos que se trate de una opacidad a propósito, supuestamente para no revelar la verdadera investigación, aun así ya es tiempo de que se hayan dado respuestas a la infinidad de preguntas sobre lo acontecido en un bar de Puerto Vallarta, Jalisco.

Así que con los resultados con los que ha salido hasta ahora dicha Fiscalía, lo único que ha hecho es despertar cada vez más las especulaciones; y si no se apura la Fiscalía en declarar algo concreto y creíble, los rumores y “sospechosismo”, seguirán creciendo lo mismo que el desprestigio de esta Fiscalía y, desde luego, de quien la dirige.

Pero buenas esperanza tenemos los mexicanos de que se sacie nuestra sed y hambre de justicia, si hasta el día de hoy no ha habido nada contundente con el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Y con lo que ha dicho la Fiscalía jalisciense, pues menos confianza en que se resuelvan los casos de Juan Pueblo que seguirán esperando saber qué pasó con sus seres queridos que fueron víctimas de algún atentado.

Como muchos familiares de los asesinados en los días aciagos casi al término del mandato del entonces gobernador Ney Manuel González Sánchez, que muchos tepiqueños aún recuerdan por aquella frase que emitió Ney González aquella noche en que se dio la primera balacera en serio y de las que siguieron en serie, cuando el ahora exgobernador nayarita dijo abiertamente: “da la cara Roberto…”, en donde se refería a Roberto Sandoval Castañeda, entonces presidente municipal de Tepic y que, en cierta forma, Ney tenía razón en llamarlo porque a pesar de lo grueso de aquella balacera no aparecía ante los medios para informar de los hechos.

Pero buen, si del asesinato de John F. Kennedy, en noviembre de 1963 en Dallas, Texas, aún no se sabe nada de nada, porque nadie con dos dedos de frente se cree o creyó en su momento de que Lee Harvey Oswald haya sido el asesino o el único asesino en su caso; de ahí que hayan salido tantas teorías de la conspiración en donde todas y cada una de ellas pretenden señalar lo que verdaderamente ocurrió aquel 22 de noviembre de 1963.

Y al igual que con Kennedy, algo similar ha estado ocurriendo con el asesinato del entonces candidato priista a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta, el 23 de marzo de 1994, porque las especulaciones se despiertan al igual como se habla de su caso.

Así que si al menos en estos dos hechos –porque obviamente hay infinidad de asesinatos no aclarados- no se llegó y posiblemente no se llegará a nada contundente, tal vez tampoco se llegue al fondo del asunto del asesinato de Aristóteles Sandoval.

Lo que sí ha hecho la Fiscalía de Jalisco, es decir que se apresaron y acusaron a los empleados del bar de Puerto Vallarta, en donde ocurrieron los hechos, por haber limpiado el lugar borrando evidencias.

Y he aquí lo escabroso del asunto, porque se supone que estos empleados del bar, hoy detenidos y acusados de borrar evidencias, pues ni modo que se manden solos o que por iniciativa propia se les haya ocurrido limpiar el lugar.

Se tiene entendido que el desconocimiento de las leyes no se aceptará como disculpa, por lo que se supone que estos empleados hoy acusados, posiblemente estaban conscientes de no tocar ni mover nada; sin embargo, tal vez lo único que hicieron fue acatar órdenes explícitas de que limpiaran todo aquello y, obviamente, por el temor de perder su trabajo tuvieron que obedecer a quien dio las órdenes de tener que limpiar todo el cochinero; por lo que las baterías de las autoridades debieron enfocarse sobre quien dio esas órdenes y no en quienes las tenían que obedecer so pena de quedarse sin trabajo o tal vez, bajo amenaza de alguna índole.

Pero no, se aprehendió a los que obedecieron órdenes y no a quien dictó esas órdenes. Algo anómalo y turbio para la Fiscalía jalisciense; y más, porque coloquialmente se ha dicho desde siempre que “mandado no es culpable”. Así que si a los trabajadores del bar los obligaron bajo determinadas circunstancias a limpiar el bar, pues por obedecer no se podrían considerar culpables del todo. Pero tal y como se maneja la justicia en nuestro país, pues he ahí los resultados.

Sea pues. Vale.