MADRES TÓXICAS

Sergio Rodríguez Bonilla

Las madres tóxicas del tipo “sufridas” son letales; funestas (desgraciadas) para la independencia y el desarrollo emocional de sus hijos. Una madre tóxica que se especializa en el sufrimiento es sacrificada en exceso, o al menos, eso es lo que le demuestra a su hijo desde que es pequeñito. Ella opera mediante el chantaje emocional. A medida que el niño crece se encarga de que él tenga presente todo lo que ella tuvo que posponer y sacrificar para dedicarse a su crianza. Es importante enfatizar que la madre tóxica “sufrida” no actúa con malicia. Ella cree firmemente que el amor de madre es sacrificio, sufrimiento; tan inmenso, que resulta doloroso.

Aunque no existe causa específica que motive su comportamiento, su accionar se debe a miedos reales de que el niño en cuestión crezca y se vaya de casa, ame a alguien más, o se dé cuenta de que no la necesita. La lejanía de su hijo, para ella, significa la misma muerte. La madre tóxica “sufrida” manipula a su hijo de tal manera que le hace creer que ella es y debe siempre ser la protagonista de su vida.

Lo convierte en un títere y maneja sus hilos con el claro objetivo de que él se mantenga a la expectativa de lo que ella quiera o pueda necesitar. Le enseña que aun cuando crezca la relación que tienen debe ser la primera. Una madre tóxica “sufrida” educa a su hijo en la idea de que es su deber velar por ella misma. Y aun cuando se haga adulto, se case y tenga hijos, ella debe ser su prioridad.

El hijo de una madre tóxica “sufrida” que no logra desprenderse de la “enfermedad” que contrajo al nacer (su propia madre) jamás va a perder el cordón umbilical que lo ata; aquí es donde incomprendidamente llamamos que una persona tiene “mamitis”, pero esa mamitis no fue originada de la noche a la mañana, sino que fueron años de manipulación, años de trabajar la consciencia de una persona, y no por eso es malo; muchas personas tienen conflicto porque su pareja está bastante al pendiente de su madre, especialmente el hombre, y sin consideración alguna se le critica como que si ese fuese un acto maligno, lo que no saben es que la mamá se sentía sola y se vio en la necesidad de asegurar su vejez acompañada. Lo ideal es no criticar a la persona que tiene “mamitis”, sino comprenderle y sugerirle que ese malestar puede tener remedio, si no podría tener consecuencias al grado de hasta terminar la relación, entonces ahí el individuo debe decidir qué es lo que quiere para sí mismo, pero si la pareja percibe que esa “mamitis” es muy fuerte, entonces ya sabe a lo que se enfrenta, y puede decidir quedarse o no.

A medida que va creciendo y su progenitora envejece la relación de “amor sufrido-estoy unido a ti” se va transformando en “amor con lástima-me debo a ti por todo tu sacrificio” y al final, continúa estando a merced de ella. Un niño que tiene una madre de este tipo es educado, sumiso, complaciente en exceso, estudioso… un niño modelo. Cualquier pifia cometida lo hace sentir sumamente culpable por el dolor que su madre puede sentir. Aun cuando el error sea tan banal como romper un plato. Los hijos que tienen padres tóxicos se vuelven niños y adultos amargados, pesimistas y con muy baja autoestima. Por otro lado, también pueden hacerse rebeldes y llegar hasta el vandalismo.

Cualquiera que sea el caso, a los hijos de padres tóxicos se les hace complicado establecer sanas relaciones con sus semejantes y pueden ser inestables a nivel emocional.

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Sergio Rodríguez Bonilla
Psicólogo/Psicoanalista
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