LOS CAMIONES TROPICALES O CORRIDAS

Fernando González

La llegada del camión “tropical” a los poblados y rancherías era un gran acontecimiento, los niños salían al paso y con gran algarabía seguían al transporte hasta que sus llantas dejaban de rodar, la mayor parte de las veces a un costado de la Iglesia o Plazuela del poblado. Algunos de los usuarios aun quitándose un poco del mucho polvo acumulado en la travesía descendían y entre abrazos y sonrisas se unían al ruidoso festejo.

Después de una breve estancia en la que nuevos pasajeros con sus extraños y peculiares equipajes abordaban el transporte con la intención de proseguir el viaje, el camión tropical partía haciendo sonar sus estrepitosas cornetas de aire que podían ser escuchadas hasta el rincón mas alejado del pueblo.

Los viajes que realizaban estos camiones no eran nada fáciles, el estado de los caminos dejaba mucho que desear y en temporada de lluvias transitar en ellos se convertía en una verdadera odisea. El atravesar los ríos atemorizaba al más osado y las crecidas de los ríos y riachuelos prácticamente hacían desaparecer a los frágiles vados; pero aun así, venciendo adversidades y contratiempos, los indomables “Tropicales” tenían que cumplir con su itinerario.

El ser chofer de uno de estos transportes significaba temple de carácter y responsabilidad, además debía contar amplios conocimientos de mecánica, ya que en caso de avería, él tenía que hacer las reparaciones necesarias que le permitieran proseguir el viaje. No obstante, a pesar de los riesgos y lo arduo del trabajo, ser chofer de una de estas unidades era un puesto muy peleado, ya que en cierto sentido, el serlo convertía a las personas en gente de respeto. Usualmente los choferes eran personas nacidas en los mismos poblados, lo que era bastante lógico, ya que ellos conocían a la perfección todos los caminos o brechas para efectuar los nada fáciles recorridos

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