La pobreza como término relativo

Irma Leticia Maya Blancas

Hoy en día la pobreza y el aumento de la desigualdad son temas de vital importancia no solamente porque son perjudiciales para el desarrollo económico de los países, sino porque todos tenemos el derecho de vivir dignamente y poder satisfacer las necesidades más básicas, como la salud, la educación, la alimentación y el acceso al agua, por mencionar algunas.

Así pues, el crecimiento económico funge un papel primordial en cuanto a su capacidad de generar el bienestar y financiar las diferentes políticas sociales que se presenten. Por estas razones, cualquier política que se haga debe estar siempre encaminada al crecimiento económico del país, ya que al hacerlo se tiene la seguridad que éste se mantendrá siempre en un nivel de riqueza y de apoyo social óptimo que hará más fácil que, en tiempos de crisis, se aligeren las posibilidades de un gran impacto negativo, así como que la estabilidad sea más rápida de alcanzar. Las diversas desaceleraciones económicas de cada país afectan, en algunas ocasiones, a la economía mundial, lo cierto es que estas desaceleraciones afectan mayormente a la población con bajos recursos y si no se toman cartas en el asunto el problema implicaría que aproximadamente 50 mil personas no salgan de la pobreza, según una encuesta de CASEN.

A pesar de la difícil situación, en los últimos años se ha hecho mucho para contrarrestar la problemática. Diversas organizaciones han considerado entre sus objetivos próximos reducir el porcentaje de personas en extrema pobreza, como lo ha hecho la ONU. Debido a las acciones tomadas por estas organizaciones y diferentes organismos tanto públicos como privados, la pasión por la igualdad y por la reducción de la pobreza se han extendido hasta ámbitos nunca antes esperados. Esto contribuye a no perder la esperanza de lograr los objetivos de generar mejores condiciones materiales de vida para aquellas personas que viven en este tipo de situaciones.

Sin embargo, resulta en algunas ocasiones difícil entender las dimensiones de la pobreza, puesto que algunas veces se habla de desigualdad y en otras ocasiones de pobreza; por esta razón, creo necesario entender el concepto de pobreza, la cual hace referencia a la carencia de bienes y recursos necesarios para tener una vida digna; entonces, la pobreza termina siendo una manifestación extrema de la desigualdad.

Por lo anterior, en muchas ocasiones la pobreza se entiende en términos relativos: se es más pobre en relación a la adquisición de bienes básicos respecto a la adquisición de otras personas. Como un ejemplo de esto podemos encontrar que en Noruega alguien sería “pobre” si su salario estuviera por debajo de los 32 euros. Sin embargo, en otras regiones del mundo esta cantidad monetaria no sería en lo absoluto un obstáculo para poder disponer de los bienes y recursos básicos para la existencia de un ser humano. Así pues, en algunos países puede existir una enorme desigualdad, pero no pobreza y en algunos otros, por el contrario, bastante desigualdad y pobreza.
Por estas razones, siempre es necesario analizar con preciso cuidado la desigualdad, pobreza y discriminación social para poder identificar las posibles soluciones al problema, así como establecer la mejor manera para llevar a cabo estas mismas. Sin embargo, muchas personas pensarían: yo no soy pobre. ¿Por qué me debería interesar el estado económico de personas ajenas a mi círculo social? Existen muchas respuestas a esta pregunta, no obstante la razón que resume todas estas cuestiones es simplemente porque como seres humanos que vivimos en una sociedad, nuestro bienestar siempre estará vinculado al bienestar de los demás.

El aumento de la desigualdad, por consiguiente, es perjudicial para el crecimiento económico y promueve la cohesión social, lo que incrementa a su vez las tensiones sociales que impulsan la inestabilidad y el incremento de conflictos al interior de los países. La corrupción es también un factor de suma importancia para lograr un cambio verdadero en la disminución de la pobreza extrema en las diversas regiones del mundo y es uno de los principales temas a tratar en el caso exclusivo de México a la hora de idear propuestas de erradicación de esta problemática.

Llegar a la meta de una notable disminución de la pobreza extrema es cada vez más factible debido a la disposición económica de los países y a la tecnología de punta con la que se cuenta. Si se pensara en poner fin a la pobreza extrema en todo el mundo dentro de 20 años, según el economista Jeffrey Sachs, el costo total por año rondaría los 175.000 millones de dólares. Lo que representa menos del 1% de los ingresos reunidos de los países más ricos del mundo.

Por otro lado, los gobierno pueden ayudar al generar oportunidades de empleos productivos para todas aquellas personas con nulos recursos económicos, también pueden formular estrategias políticas que fomenten el crecimiento económico de los pobres. En cuanto al sector privado, como bien se sabe es uno de los motores esenciales para el crecimiento económico y por ello tienen un rol importante a la hora de integrar a los diversos sectores de la sociedad en sus proyectos.

Así pues, no solamente el trabajo del cambio está en manos de los países y del sector privado, sino que todos y cada uno de los miembros de la sociedad podemos hacer algo al respecto. Mediante una participación activa en la formulación de políticas, los jóvenes pueden marcar la diferencia en la lucha contra la pobreza, asegurando por consiguiente que se promuevan los derechos humanos entre las generaciones y que todas las personas tornen un pensamiento positivo en temas de cambios sociales.

A manera de conclusión, creo que es fundamental atender a la pobreza dentro del esquema de la desigualdad. Ya es hora de que tanto el gobierno como la sociedad en general tomemos en serio las políticas de empleo, puesto que la generación de éstos es la mejor forma para terminar con la pobreza. También es necesario aumentar los recursos públicos, que actualmente son insuficientes gracias a la corrupción. Los gobiernos nacionales tienen por consiguiente una responsabilidad grandísima en torno a este tema, pero somos lo ciudadanos los que por ninguna razón debemos darle ninguna justificación a nuestros países cuando éstos evadan el tema, puesto que, como ya se ha mencionado anteriormente, todos merecemos tener una vida digna.