LA ENVIDIA

Sergio Rodríguez Bonilla

-Carlos se describe en un interior como una persona envidiosa, pero evidentemente con sus amigos muestra todo lo contrario.

-Alexandra, vive espiando a su vecina Lorena, quien se ha comprado un auto nuevo y cada vez que llega y la saluda, Alexandra siente que se le voltea el estómago, porque ella no ha cambiado su carro desde hace 5 años.

-Roberto y Alondra cada vez que salen a pasear con su hijito le ponen un amuleto (ojo de venado) para protegerlo de los envidiosos y que no se enferme.

-Violeta supo que Perla tiene un nuevo novio que la trata como a una princesa, en sus pensamientos más abyectos, la odia porque ella no ha podido encontrar a su media naranja, no obstante de ser una buena chica.

-Ricardo ha enfermado y no sabe exactamente qué tiene, cada vez que va al doctor ve a las personas sonriendo y se siente enojado cuando le sonríen porque envidia la salud de los otros y el dolor no le deja vivir plenamente, ni de día ni de noche.

-José tiene años ejerciendo su profesión, pero nunca se ha animado a salir de su zona de confort, y se ha dado cuenta que existe un joven con menos años de experiencia, pero que ha comenzado a sobresalir en la misma carrera que José muchas partes debido a su gran actividad, y esto hace que José genere odio.

Justo esta interacción de sistemas hace que para algunos autores, la envida sea una emoción, para otros un sentimiento, una conducta, un rasgo de personalidad o incluso una serie de desequilibrios de mensajeros químicos: serotonina, norepinefrina, cortisol, dopamina y más.

La envidia es una forma de experimentar una emoción negativa (furia, resentimiento, cólera, exasperación, indignación, fastidio, irritabilidad, hostilidad, pesar, melancolía, pesimismo, pena, autocompasión, abatimiento, desesperación) que se transforma en sentimientos y luego en pensamientos displacenteros. Hay quienes consideran a la envidia como un rasgo de personalidad.

En los casos más graves cuando se experimenta una emoción negativa, puede llegar a casos patológicos: la ira en extremo se convierte en violencia y odio patológicos; la tristeza en depresión grave y el temor en fobia o pánico.  La envidia es destructiva, y sin control puede llegar incluso hasta el asesinato.
Un envidioso es incapaz de ser caritativo, es malicioso, injusto, hostil  y actúa con resentimiento.

Es el mal de ojo de la época de nuestros abuelos, pues quien poseía alguna cualidad o bien, era envidiado y una forma de protección o amuleto, aún en nuestros días en México, es portar una semilla llamada “ojo de venado” o un listón rojo.

Melanie Klein define la envidia como el sentimiento de enojo que se tiene cuando otra persona posee y disfruta algo deseable, siendo el impulso envidioso el de quitárselo o echárselo a perder.

La alegría, la felicidad, el placer, las cualidades, los bienes, las metas de otra persona, las personas que le rodean, las condiciones de trabajo, su apariencia, su espiritualidad, su ropa, su estado de salud, su dinero, el amor que le tienen, sus habilidades sociales, su suerte. Y nos vemos como inferiores, carentes, infelices, porque al otro lo vemos mejor y en ocasiones casi una persona perfecta o con las cualidades o la suerte que nosotros carecemos. Además, asumimos que la otra persona posee lo que nosotros queremos y no poseemos o lo tenemos en menor cantidad o cualidad, ello nos hace sentir, enojados, tristes, deprimidos, desolados, desanimados, desesperados, desesperanzados, y pensamos que tiene lo que no se merece y nosotros no tenemos lo que tiene.

Por lo tanto, el otro se convierte en el competidor o el rival simbólico, aunque no lo sepa, con que nosotros le adjudiquemos ese papel es más que suficiente.

Socialmente es algo negativo o malo, que no se debería de sentir, y cuando se siente, no se debería manifestar, en el peor de los pronósticos se niega, se disimula o se miente respecto a tenerla.

¿Conoces a alguien así? ¿Ha sido tu caso? Un envidioso muy difícilmente se va a auto-diagnosticar como tal, pero algo sí podemos saber, que el envidioso está de acuerdo sólo con los que están de acuerdo con él, y con los que no, de una forma u otra los ataca, los condena, se burla, se auto-alaba. Lo único que podemos hacer en ese caso es ignorar para defendernos de un envidioso, y el envidioso llega a tocar fondo y darse cuenta de lo nefasto que es, posiblemente sea buen momento de acudir a terapia.

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Sergio Rodríguez Bonilla
Psicólogo/Psicoanalista
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