INTRO-ANÁLISIS

Sergio Rodríguez Bonilla

INTRO-ANÁLISIS
Hagamos un breve análisis sobre nosotros mismos, esta columna tiene la intención de llevar un poco el método usado en mi consultorio para que casi cualquier persona pueda entender los posibles motivos de su comportamiento; cada uno de nosotros tenemos un motivo por el cual nos comportamos como lo hacemos, existe un pasado que nos obliga a ser lo que somos hoy. En muchas ocasiones, somos conscientes de ello, pero hay otras donde no alcanzamos a percatarnos ni siquiera de las palabras que decimos y cómo las decimos, no nos damos cuenta de muchos de nuestros movimientos, y dependiendo de nuestra historia de vida es lo que nos hará posicionarnos como victimas ante la sociedad, o como personas que tienen como objetivo enfrentar cada uno de nuestros problemas, y cada uno de ellos se percibe como una lección para continuar con nuestra dura tarea de existir.

Entonces, en este momento traiga a su memoria su recuerdo más doloroso, describa para usted mismo cómo es que se siente ese dolor, ¿en qué parte del cuerpo se siente más ese dolor? ¿Esa parte del cuerpo es la que más presume, la que más esconde, o la que más ignora? Vamos, no sea falso, usted sabe que le gusta ser admirado en mayor o menor medida, ya sea por su intelecto, por su físico, o por su personalidad; y cuando esta admiración llega sabe muy bien que eso le genera una sensación de poder y cada que tiene oportunidad presume eso que falsamente intenta esconder.

¿Qué es lo que le impide ser usted mismo ante los demás? ¿Qué fue lo que pasó en la infancia? Eso tal vez tiene un tipo de influencia en su quehacer diario y no se ha dado cuenta. ¿Siente por las calles cuando la gente lo sigue con la mirada? Cuando le admiran, cuando le desprecian… ¿Acaso no es tristeza lo que se siente cuando no le voltean a ver?

El pasado le ha empujado a usted a generar una moral más allá de la que sus padres intentaron inculcarle, pero usted no ha sido capaz de decirlo ni a sus propios padres, o peor aún, no ha sido capaz de enfrentarlo usted mismo y se conforma con decir que los demás le han arruinado la vida. Es entonces, aquí, donde se encuentra con la barrera del pensamiento y el conflicto de lo que siente que tiene que hacer contra lo que “debe” de hacer, y a veces estos puntos se contraponen, no se atreven a salir de los labios, pero créame, no necesito escuchar de sus labios que tiene un conflicto moral y existencial sobre su propia persona para darme cuenta de cuanto se ha saboteado, que siente que merece ser castigado, ya que usted lo demuestra día a día con su comportamiento, con lo que comparte en redes sociales, con la ropa que se pone, con la música que escucha, con sus obsesiones y manías. Es usted tan obvio, pero los demás no se dan cuenta porque están ocupados consigo mismos pensando que son únicos e inigualables, tan irrepetibles. Aunque en la mayor parte de las veces compartimos actos similares, aun así nos sentimos tan únicos, tan sesgados si lo comparamos al momento de ver la realidad.

Una gran mayoría dice “A mí se me nota mucho cuando me enojo”, y… ¿A quién no? ¿A quién no se le nota su molestia? El problema no es que se note o no, sino que nuevamente ante una frase tan sencilla como esa se percibe nuestro narcisismo, nuestra esencia de sentirnos superiores, pero de repente algo viene del pasado a decirnos que somos vulnerables, que no somos superiores, que somos frágiles, y es en ese momento donde reaparece nuestro conflicto de existir.

A veces, cuando al ser humano le llegan sus crisis, le llegan desde el cúmulo de experiencias que ha vivido y ha percibido como negativas, y es entonces donde comienza el deseo de morir; que hay que diferenciar que no es lo mismo querer suicidarse que querer morirse, uno implica un acto consumado, y el otro es un deseo de hacer drama, de que nos noten, de que alguien llegue y nos resuelva nuestros problemas, de volver a hacer berrinche. ¿Cómo hacia sus berrinches cuando era niño? ¿Cómo se enojaba? ¿Lo sigue haciendo de la misma manera? ¿Cuántas cosas consigue cuando se comporta primitivamente como niño? Este es el momento donde nos damos cuenta que no somos tan civilizados como lo pensábamos, de que nuestro instinto animal nos sigue rigiendo, donde notamos que para ser persona pueden pasar hasta 60 años o más, y nunca lo logramos, aunque diario sentimos esos impulsos que nos obligan a ser lo que escondemos, porque en terapia lo más interesante del paciente no es lo que dice, sino lo que calla.

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Sergio Rodríguez Bonilla: Psicoanálisis