Estudios a los restos de la princesa de Tingambato cuestionan los roles femeninos en las antiguas sociedades mexicanas

Estudios a los restos de la princesa de Tingambato cuestionan los roles femeninos en las antiguas sociedades mexicanas

Gracias a la arqueología y sus disciplinas conexas, la historia de las antiguas sociedades mexicanas no ha perdido su vigencia e importancia. Y es que, luego de recientes análisis a los restos de la princesa de Tingambato, se ha concluido que las mujeres prehispánicas pudieron tener roles muy distintos a los que usualmente se cree. 

En efecto, el hallazgo de la tumba de una mujer de aproximadamente 17 años, cubierta con casi 19 mil piedras azules y conchas marinas, ha impresionado al rubro arqueológico. Asimismo, en la tumba se encontraron pectorales, una diadema, una orejera discoidal y demás ajuares manufacturados con caracolas típicas de las costas del Pacífico de Nayarit y Michoacán. Estos objetos revelan que el cuerpo enterrado debió pertenecer a una figura muy valorada dentro de su cultura, posiblemente una “princesa guerrera”. Una distinguida personalidad que data del año 630 d.C., según los primeros estudios.

Para poder determinar cuál era la relación que existía entre la princesa guerrera y las demás personas enterradas en Tingambato, se deberá concretar una serie de exhaustivos exámenes científicos. 

Los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han puntualizado que practicarán análisis de colágeno por radiocarbono. Esto se debe a que el colágeno es un componente principal de la parte orgánica del hueso. Asimismo, se revisará el ADN de las muestras halladas en las múltiples tumbas del lugar y también se aplicará tecnología geofísica de precisión.

Los investigadores del INAH buscan corroborar alguna de estas dos hipótesis: si la princesa fue de un linaje diferente al de su ciudad (y por eso fue enterrada de manera distinta) o si murió en plena labor de parto. “En Mesoamérica, las mujeres que morían en labor de parto, lo hacían como guerreras, y se les rendían ciertos honores”, exponen. 

Lo que hace pensar que se trató de una guerrera, además de los objetos preciosos de su tumba, es el particular armamento con que fue enterrada. La mujer estaba rodeada de cinco lanzadardos cuidadosamente trabajados, cuya denominación es átlatl. Esta fue un arma propia de la nobleza. “No hemos encontrado un tipo de enterramiento así en el Occidente de México”, informan los arqueólogos. 

Lo que no deja de sorprender a los científicos es la reunión de elementos femeninos y masculinos en la tumba de la princesa guerrera. Esto resaltaría una distribución de roles entre hombres y mujeres muy distinta a la que actualmente se considera común. Para los arqueólogos, en las sociedades prehispánicas debió desarrollarse conceptos muy complejos sobre las identidades y los géneros.