EL MUNDO TE ESTÁ MIRANDO

Francisco Javier Nieves Aguilar

El semáforo se puso amarillo, justo cuando él iba a cruzar en su automóvil y, como era de esperar, hizo lo correcto: Se detuvo en la línea de paso para los peatones, a pesar de que podría haber rebasado la luz roja, acelerando a través de la intersección.

La mujer que estaba en el automóvil detrás de él estaba furiosa. Le tocó el claxon de manera insistente e hizo comentarios negativos en alta voz, ya que por culpa suya no pudo avanzar a través de la intersección… y para colmo, se le cayó el celular y se le regó el maquillaje.

En medio de sus rabietas, oyó que alguien le tocaba el cristal del lado.
Allí, parado junto a ella, estaba un policía mirándola muy seriamente.

El oficial le ordenó salir de su coche con las manos arriba, y la llevó a la comandancia donde la revisaron de arriba abajo. Le tomaron fotos, las huellas dactilares y la pusieron en una celda.

Después de un par de horas, un policía se acercó a la celda y abrió la puerta.
La señora fue escoltada hasta el mostrador, donde el agente que la detuvo estaba esperando con sus efectos personales:

–Señora, lamento mucho este error -le explicó el policía- la mandé a bajar mientras usted se encontraba tocando el claxon fuertemente queriendo pasarle por encima al automóvil del frente, maldiciendo, gritando improperios y diciendo palabras soeces…

Mientras la observaba, me percaté que de su retrovisor cuelga una Cruz de Misionero. Su carro tiene en su bumper un sticker que dice: “¿Qué haría Jesús en mi lugar?”. Su tablilla tiene un borde que dice: “De Colores’. Otro sticker que dice: “Cristo te Ama y Yo también”. Y, finalmente, el emblema cristiano del pez. Como es de esperarse, supuse que el auto era robado.

Esta simpática historia muestra la importancia de ser coherentes entre lo que creemos y lo que hacemos. Para ser cristiano no basta con ir a Misa los domingos o leer la Biblia de vez en cuando, porque el cristianismo es un estilo de vida: el estilo de vida de Jesús.

Así que la próxima vez que vayas en el auto, o de compras al supermercado, o te encuentres atendiendo algún cliente, recuerda que el mundo te está mirando y espera ver a Jesús en ti.

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