EL CUENTO DE NUNCA ACABAR O LA HISTORIA SIN FIN

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

Después del derrumbe de las torres gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, se corrió la voz o se comentó en algunos medios informativos, que a quien acusaban de este hecho, Osama Bin Laden, había dicho que después de esa fecha los estadounidenses ya jamás podrían dormir tranquilos esperando que en cualquier momento sucediera otra catástrofe igual o de peores dimensiones.

Así que tal vez por esto que se atribuye a Bin Laden de haberlo dicho, algunos gringos determinen que hasta los desastres naturales como terremotos, nevadas, tornados, incendios, etcétera, sean producto de atentados terroristas, debido a la psicosis que el mismo gobierno gringo se encargó de introducir en la mente de sus ciudadanos.

Y en cuanto a los incendios, si bien algunos sí podrían ser provocados, también los hay que se generan de forma natural por las diversas circunstancias climáticas, pues el que se prendan cerros, montañas y planicies, sucede en todas partes del mundo y sin que la mano humana intervenga para nada.

Pues bien. Ahora con esto de la pandemia, infinidad de mexicanos y por ende nayaritas, la psicosis ha generado tal temor que mucha gente, sobre todo la más susceptible, se asuste ante cualquier información que incluya a la pandemia y más, porque al parecer hasta ahora pareciera el cuento de nunca acabar o la historia sin fin, ya que por lo visto, de hoy en adelante habrá quien se agarre de esta pandemia para seguir asustando a la población, como en estos días en que según las autoridades sanitarias se espera un probable rebrote del coronavirus causado por la cercanía de la gente en las playas y demás centros vacacionales; y desde luego, porque a nivel nacional desde hace tiempo se ha informado que se espera una “tercera ola” aún más agresiva que la inicial que nos puso a todos en jaque; pero la cosa se pone todavía peor al decir que hay mutaciones del mentado virus que representan más peligro para la población mundial, con variables inglesas, brasileñas, etcétera.

En pláticas entre conocidos, familiares, vecinos y encuentros ocasionales, el tema es si los adultos de la tercera edad ya se vacunaron, y desde luego que hay quien recomienda vacunarse y, obviamente, también existe la parte contraria que alegan que no es necesario; y esto hasta ha ocasionado discusiones entre familiares a favor y en contra de dicha vacunación, sin comprender quizás que más vale prevenir que lamentar, y no preguntarse después, cuando ya sea tarde: ¿por qué no me fui a vacunar? Pero de acuerdo al derecho de cada individuo, esto desde luego es una decisión personal y se vacune o no la gente, lo que pase después será responsabilidad de cada quien y de nadie más.

Lo que sí es un hecho, es que ahora algunas autoridades, si no es que todas, tomarán de pretexto la expansión de la pandemia, en vez de su reducción, para tratar de asustar a la gente que quiera manifestarse por equis motivos alegando la sana distancia y posibles contagios por la cercanía con otras personas. Sin embargo, he aquí una incongruencia más en cuanto a la sana distancia, porque si bien se dijo desde antes de que comenzara todo el ruido de las próximas elecciones que no se permitirían mítines como antaño que aglutinaran infinidad de acarreados, perdón, de simpatizantes de los candidatos en campaña, ya se ha visto que esto no se ha respetado en algunos casos. Y esto desde luego que ha generado disgusto entre mucha gente que ya está harta de confinamientos y medidas sanitarias, algunas de ellas por demás incongruentes como limpiarse los zapatos al entrar en algún negocio, que le tomen la temperatura corporal, ponerse gel, que sigan restringidos algunos negocios en cuanto a su horario y capacidad de gente a admitir dentro de sus instalaciones, etcétera.
Pero más, por la incongruencia de que no se permitan las clases presenciales si el alumnado corre riesgos de contagio en otras situaciones que se presentan en la vida cotidiana de cada quien. Y si bien se dice que tendrán que estar vacunados todos los profesores y alumnos para que las clases presenciales sean posibles, esto también ha generado polarización entre algunos padres de familia que, con el afán de proteger a su prole, consideran que aún no están dadas las condiciones para las clases presenciales, y otro sector de padres de familia, que consideran que ya es necesario que se abran los planteles escolares por todo lo que están perdiendo los alumnos en cuanto a enseñanza y aprendizaje.

Sea pues. Vale.