Correr riesgos para poder vivir

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

Correr riesgos para poder vivir

Es verdad que profesoras y profesores, enfermeras y enfermeros y personal médico en general, que son dignos de admirarse, sobre todo aquellos que sienten su vocación a fondo y la aplican sin miramientos de ninguna clase; pero como para todo hay gente, también hay personas que están en esta profesión de rebote, por favores o por pura suerte, aunque por fortuna se podría decir que son los menos.

Desde luego que hay otras profesiones que también merecen respeto y admiración; sin embargo, y sin agraviar a ninguna otra profesión, quienes también son dignos de admirarse son los trabajadores de la recolección de la basura que, ahora sí como dijo el clásico: llueva, truene o relampaguee, la recolección de la basura no para así esté cayendo una fuerte tormenta. Esto es fácil de comprobar, pues en esta temporada de lluvias es poco probable que más de algún vecino no se haya dado cuenta de que así esté lloviendo, a la hora convenida se oye el ruido del motor tan característico de que ahí viene ya el camión recolector; y se oye al personal chiflando y gritando dándole instrucciones a quien maneja el camión de que ha llegado el momento de comprimir la caja para que quepa más basura.

Pero no todo es nada más recoger la basura, sino el riesgo que representa para los trabajadores al tomar una bolsa que contiene cristales de algo roto y que los pusieron en una bolsa de plástico sin ninguna protección y que, al tirarles el agarrón para aventarlos a la caja del camión, se podrían cortar ya sea en forma leve o hasta grave, pero como dijo alguna vez uno de estos trabajadores: son gajes del oficio y ni modo.

Y hay otro riesgo aún más peligroso, que es el que les toca al recoger la basura en las inmediaciones de los hospitales y sanatorios, pues muchas de las veces las bolsas que se llenan en estos lugares de Salud, podrían contener jeringas, ampolletas llenas o rotas, material de curación con residuos de materia contagiosa o infecciosa y a veces, no me consta desde luego, pero me han platicado, hasta con líquidos corporales con olores fétidos y posiblemente hasta infecciosos.

Queda claro que en todo en donde hay vida, desde el momento en que somos engendrados ya estamos en peligro de morir y, obviamente, más cuando se nace y se comienza a respirar. Así que, por ejemplo, cuando un trabajador de alto riesgo presume que siempre está arriesgando su vida por la naturaleza de sus labores, es bueno recordarle que hasta un oficinista o empleado bancario corre sus riesgos al laborar, pues podría caer de las escaleras o si utiliza elevador que éste se desprenda de su sostén y caiga al vacío o que una muchacha al ir a tomar agua, se atragante con un sorbo que, yéndosele por otro lado de la garganta se llegue a ahogar. Y también por qué no que, a la hora de los alimentos, a algún trabajador o empleado, varón o mujer, se le atore en la tráquea un bocado y le impida respirar y tan, tan, que se le acabe el corrido. Así que todo ser viviente está en riesgo así su trabajo sea muy pesado o muy liviano, si ya le tocaba, pues le tocó.

Pero también no por esto hay que ponerse en el tocadero, porque de que hay riesgo en todo, claro que lo hay; pero se podría decir que esa es la sal de la vida: correr riesgos para poder vivir.

Y a propósito de los trabajadores de la recolección de la basura, cierta vez le reclamé a uno de ellos por haber dejado desparramada la basura al romperse la bolsa al momento de lanzarla al camión, quedando regada en la calle la basura; sin embargo, el recolector me dijo que qué más podía hacer, que si con las uñas tenía que recoger toda la basura que se caía a la calle, pues ni guantes les daban, mucho menos palas manuales y recipientes para recoger la basura que se tiraba de las bolsas rotas.

Y vaya que tiene o tuvo razón este trabajador en la recolección de basura, pues anteriormente traían una pala manual y un chiquihuite o una bandeja similar a las que utilizan los albañiles para la mezcla para recoger y depositar la basura que se desparramaba tanto en la acera o en la calle; pero ya no, ya tiene tiempo que no se les proporcionan a estos trabajadores un equipo adecuado para protección y seguridad de ellos mismos y menos para recoger la basura que queda tirada al romperse las bolsas, ya sea por material defectuoso, por gatos y canes o por las personas que esperan que la gente saque la basura a la puerta de sus casas, para hurgar en las bolsas buscando algo que les sea de alguna utilidad, que a veces dejan abiertas.

Sea pues. Vale.