CON PRECAUCIÓN: COSAS Y CASOS EXTRAÑOS QUE PASAN

Sergio Mejía Cano
Por esas cosas extrañas de la vida, resulta que cierto día en una reunión me llama un abogado ya retirado para presentarme a uno de sus parientes que también es licenciado en leyes. Me dice mi conocido y amigo que él y su colega estaban tratando un asunto en donde estaba involucrado el ferrocarril, y como se acordó que yo era jubilado ferroviario me iba a inmiscuir en la plática.

Resulta que el abogado más joven había tenido a una maestra en la facultad de leyes que había sido jueza o ministerio público en Compostela, Nayarit, y que había llevado un caso referente al  descarrilamiento de un tren de carga, y que les había comentado la catedrática que había habido un deceso en dicho accidente; pero cuando les explicó a detalle a sus alumnos, algunos de estos captaron que había algo incongruente en la narración, que no casaba con el día del descarrilamiento y el deceso de un trabajador ferrocarrilero que no era ni trenista ni locomotorista.

Entonces el abogado viejo me pregunta que si no estaba enterado de ese accidente, le respondo que de varios y casi en el mismo lugar, pero como se había mencionado unos puentes y por el motivo de la plática de que había habido un deceso, recordé uno que sucedió en unos puentes denominados “puentes cuates”, que se localizan entre Costilla PK T-1507 y Compostela PK T- 1524, y dichos puentes cuates más o menos están en el PK T-1511 aproximadamente. Y lo recordé de inmediato ese accidente porque un miembro locomotorista de esa tripulación me había comentado que la jueza de Compostela era muy cerrada de mente, pues no entendía que eran dos accidentes los que habían ocurrido, uno el descarrilamiento y otro a la grúa del tren de auxilio que se presentó posteriormente, casi 10 horas después del descarrilamiento, y cuando ocurrió el deceso, la tripulación del directo ya estaba en la terminal de Guadalajara en esos momentos.

Resulta que un directo sur se descarriló ahí, y la tripulación siguió a su destino con el flete que había quedado sobre la vía. Cuando llegó el tren de trabajo con la grúa de Mazatlán, Sinaloa, se puso de inmediato a levantar las unidades caídas. Sin embargo, algunos furgones cargados con grano habían caído debajo del puente extremo norte a una profundidad aproximada entre los diez y 15 metros. Lo malo del asunto fue que para jalar uno de los furgones habían colocado la grúa en puro en medio del puente, sin afianzarla con sus patas de seguridad, solamente con las tenazas que se adhieren a los rieles, así que al darle el jalón al furgón con la pluma el peso del furgón jaló a la grúa que cayó al vacío con todo  y su operador, el que infortunadamente perdió la vida.

Así que a los miembros de la tripulación del directo sur los llamaron a comparecer ante la justicia en Compostela, Nayarit, por haber sucedido el accidente dentro de los límites municipales. Y la extrañeza de la tripulación por haberlos llamado fue porque para ellos los daños únicamente habían sido materiales, los que siempre los absorbía la empresa ferroviaria sin molestar para nada a las tripulaciones a menos que hayan ido a exceso de velocidad; pero, si en la investigación correspondiente se aclaraba todo, entonces no había delito que perseguir.

Pero bueno, el caso es que a los miembros de la tripulación del tren que se había descarrilado les llamó la atención y asustó que los estuvieran acusando del deceso de un trabajador ferrocarrilero. El conductor le aclaró a la jueza que el operador de la grúa había perdido la vida en otro accidente y no en el descarrilamiento, y que al momento del accidente de la grúa, ésta estaba a cargo de la tripulación del tren de auxilio, y que de ese accidente en donde había perdido la vida un trabajador del ferrocarril no se dieron cuenta hasta que se enteraron allá en Guadalajara y que a la hora en que había pasado todo eso, ellos, la tripulación completa, estaba en Guadalajara. Pero la jueza aferrada en que el deceso del trabajador de la grúa había ocurrido por culpa del descarrilamiento. Y que no podían sacar de esa deducción a la señora jueza a quien por más explicaciones que se le daban de que eran dos accidentes diferentes y muy apartes, no entendía, que se había convertido en una Gabino Barrera al no entender razones.

Fue entonces que uno de los abogados o un miembro de los Servicios Especiales del ferrocarril, le explicó a la jueza de un modo poco ortodoxo, claro que con el  permiso de la señora jueza. Pues según los comentarios al respecto, la jueza tenía en su escritorio un florero grande de vidrio soplado. Y el abogado o cuico del ferrocarril le dijo a la jueza que por ejemplo, él accidentalmente en ese momento al hacer un movimiento con su cuerpo tumba el florero y éste al caer al suelo se rompe en pedazos. Este es un accidente, ¿queda claro, señora jueza? Y que la señora fiscal asintió con la cabeza. Bueno, continuó el abogado o agente especial, me retiro y ahí quedan los pedazos de vidrio en el suelo, entonces usted manda llamar a la persona encargada de la limpieza para que recoja los pedazos del florero, y esta persona al estar recogiendo los vidrios del suelo se corta la piel, ya sea un dedo o la palma de su mano o equis y le sale sangre, ahí ya no tuve nada qué ver, ¿verdad señora jueza? Porque yo ya ni cuenta me di de que se cortó la persona encargada de la limpieza, así que es algo parecido lo que ocurrió en este descarrilamiento, continuó explicándole a la señora ministerio público, jueza o fiscal que ya para entonces como que se notaba ya comenzaba a vislumbrar la luz al final del túnel. Así que el abogado o policía del ferrocarril continuó: obviamente, señora jueza, yo ya estoy casi subiéndome a mi carro o ya lejos de aquí en el momento en que se cortó la persona que estaba recogiendo los vidrios, así que ¿tengo algo que ver con la cortada? Y se dice que en ese momento la señora jueza nada más movía la cabeza en forma afirmativa como comprendiendo o ya entrando en razón.

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