CÓMO HAN CAMBIADO LAS TRADICIONES FAMILIARES

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

Ah, las madres, cuántas justicias e injusticias no se han escrito en su nombre. No cabe duda de que nada es para siempre, pues hoy en día han quedado lejos aquellos tiempos en que, en cuanto sonaban las 12 campanadas de la media noche del 10 de mayo, se comenzaban a oír las serenatas de grupos de muchachas y muchachos que llegaban a las puertas o ventanas de sus domicilios para cantarle a su respectiva mamá; sin embargo, cada día ya se oyen menos las serenatas a las madres.

Este ha sido un fenómeno que no originó precisamente la pandemia, sino cuando la inseguridad se vio imparable, sobre todo en tiempos aciagos en que las balaceras eran un día y otro también, y en muchos casos no nada más de noche, sino a plena luz del día. Y si bien se han reducido un poco esas balaceras que llegaron a ser prácticamente cotidianas, de todos modos quedó la secuela de la inseguridad, por lo que ahora muchas personas, incluso jóvenes, se la piensan para andar en la madrugada por las calles debido a esa inseguridad que se siente y se presiente, pues no vaya siendo y les toque la de malas; y no nada más por malandrines armados, sino por gente conduciendo en estado inconveniente algún vehículo automotriz y que se los eche encima ya sea voluntaria o involuntariamente.

Pero el hecho de que hoy las calles luzcan literalmente vacías, no es algo que se vea nada más de noche, sino prácticamente durante todo el día. Pues antes era común que por las tardes anduvieran niñas y niños en la calle jugando entre sí y las mamás platicando entre ellas echándoles un ojo a sus retoños, avisándoles por si se aproximaba un carro y, ya después, llamarlos para que se metieran a sus casas.

Sin embargo, todo eso ha cambiado considerablemente y se podría decir que no tanto por la inseguridad, sino porque ahora con la tecnología de los aparatos electrónicos, la mayoría de chicas y chicos se la pasan encerrados en sus casas atendiendo sus teléfonos móviles o tabletas, computadoras portátiles o fijas. Y entre las familias menos pudientes, distraerse aún más mirando el televisor; aunque se dan casos en familias de escasos recursos, cuyos padres de familia hacen el sacrificio de comprarles teléfonos celulares a sus vástagos con tal de que sus amiguitos no se burlen de ellos o para no quedarse atrás.

El caso es que, por este motivo, muchas niñas no saben lo que es jugar matatena, bebe-leche o el avión, etcétera. Y, entre infinidad de niños, éstos ya no saben jugar al trompo, a las canicas o pichas, balero, yo-yo, al Shanghái, al chinche leguas y, entre ambos géneros de niñas y niños, quizás muchos de ellas y ellos ni idea tengan de lo que fue el “matarili-liri-lon”, la tráis, los encantados, las escondidas, la guerra, el bote pateado, la víbora de la Mar y la culebra; meterse a casas en construcción y andar dentro de sus cimientos y un largo etcétera de juegos infantiles cuyos nombres se escapan a la memoria. Y, por lo mismo, ya no se oyen los gritos de las mamás llamando a hijas e hijos para que cenaran o terminaran su tarea.

Y ya con más edad, niñas y niños ya entrando a la adolescencia y juventud, organizar precisamente las serenatas a las mamás en la madrugada del 10 de mayo. Y, ya más grandecitos, celebrar el Día de las Madres ingiriendo bebidas embriagantes, para ya en estado inconveniente comenzar la bronca entre los mismos hermanos, recordándose el 10 de mayo mutuamente, y la mamá tratando de calmarlos diciéndoles que son hijos de la misma mamá, y los hijos respondiéndole que fregara a la parte que le toca; hasta que la mamá ya sin poder hacer nada, se pone a llorar diciéndoles a sus hijos belicosos que no esperaba que le fueran a causar un dolor así en este día.

Y ya casados o arrejuntados hijos e hijas, llegar a la casa de la mamá junto con sus parejas e hijos respectivos, y ver qué les hizo de comer para festejarla en su día. Y, ya por la noche, cuando la mamá comienza a recoger la mesa y los demás muebles de la sala en donde están platos, vasos, cucharas, envases de cervezas o vino, tanto hijas como hijos de inmediato interrumpen a las mamás diciéndole que no haga nada, pues es su día, que ahí deje todo, para que lo haga al día siguiente; pero que en ese momento tiene que festejar su día con sus hijas e hijos y sus nietos. Ándale mamá, no nos desprecies, no te entretengas limpiando y fregando trastes, ahí lo harás mañana. Hoy es tu día y no tienen por qué hacer nada; y en eso, un nieto ya quebró el florero favorito de la abuela.

Sea pues. Vale.