CLAROSCURO: SUPERIOR (1987) -SEXTA Y ÙLTIMA PARTE-

Rigoberto Guzmán Arce

 

A la generación de 1987 de mi querida Normal Superior de Nayarit. A Liborio Arellano Salas en su memoria.

Cubría la etapa, quizás de libertad y sueños, la que me llenaba de gratas sensaciones, de compartir ideas y desveladas. El alcohol y los libros, mientras mis cuadernos eran provocaciones a la raíz de la poesía. L@s amig@s en el sexto verano comprendimos lo valioso que fue la travesía por tantas aventuras, discusiones, encuentros y teníamos el horizonte a nuestros pies.

Mi vida se iba concentrando a las necesidades urgentes, ya tenía el empleo docente después de irregularidades en mi accionar, de mis quimeras, de aquellos viajes frecuentes, estaba en mis momentos duros al laborar en Los Altos de Jalisco, en Carrizo Norte y próximo a ser padre.

Aunque me hervía la sangre, ya eran ríos con algunas pausas, para dedicarme a cubrir la indispensable, me quedó mi manera de mover las manos para explicar y la pasión que nunca pude detener, la de comprar libros y leerlos.

El último verano, Cati, el cachorro de meses y yo, lo vivimos en dos casas que no era la materna. Para los alimentos con Lupe mi hermana y el dormir con la familia Benítez. En la casa de mi madre no había espacio y Camilo necesitaba de tranquilidad. Como siempre a las siete de la mañana estar en el aula, conversar en franca camaradería, sentirnos tristes porque estaba llegando al final de nuestro viaje en la Normal Superior.

Unos comentaban que seguirían estudiando maestría, yo por lo menos no, y en estas circunstancias me era imposible, tenía que gastar el dinero en lo elemental. Un maestro nos confesó que nuestro grupo había sido el mejor que tuvo por lo activo que fuimos. Lo interesado y sin prejuicios, abiertos al debate y sobre todo para aprender.

Algunos nos seguimos viendo, los del sur de nuestro estado, otros ya nunca, quedan en mi memoria y desde esta página les deseo que sigan con ese fuego, ya muchos jubilados, pelones, con anteojos, gordos o flacos producto del pasar de los años, amig@s en el desgaste.

Aquí sentado en esta última butaca, al fondo del salón, es el último día de clases, los veo llegar y estamos entregando los trabajos finales, la semana de exámenes. El maestro Pablo Torres, Misael González, Bernardo el de inglés. A nuestro asesor Pablo le obsequiamos un libro de agradecimiento por la relación afectuosa que tuvimos, el libro eran las memorias del cacique de San Luis Potosí, Gonzalo N. Santos.

Los pormenores de la graduación, entre gritos y propuestas, como siempre en estos casos las mujeres fueron las que organizaron. Me acompañaron los hermanos de Cati, Marcela, Pepe, Lilia y su novio Juan. Fotografías con un maestro amigo José de Jesús Guardado. La entrega de documentos fue en el Apolo XI, estaban los jerarcas de la extensión.

César me prestó un saco de vestir color azul claro. Pantalón azul y camisa blanca de mi repertorio repetido. Me miré que no tenía ropa elegante y como en ese tiempo me valía un bledo, me puse lo menos feo que tenía, eso sí mis zapatos Top Sailer de color azul.
Salí de con mi hermana que vivía en una casa junto a la vecindad por el monumento a la Madre y me sentía raro con el saco. Para el baile invité a mis amigos Manuel Benítez y Alicia Talamantes, José Luis Sánchez y Amada Navarro. Mi madre Dolores siempre feliz con su Beto.

Quedó una fotografía para el recuerdo que aquí publico y agradecido porque me fortalecieron la creencia que sí hay seres humanos que son capaces de soñar, que dan su tiempo y espacio en glorificar la amistad, en tener la mano extendida, el ofrecer ideas, pensamientos que trascienden tanto en tu forma de vida, de ver el mundo, de sentirte que puedes incidir en el cambio, sin miedo a nada, que no te puedes quedar inmovilizado.

Egresar de la licenciatura en historia fue cumplir un cometido que desde niño tuve la imaginación de viajar a otras etapas de las civilizaciones, sus personajes, ciudades, las contradicciones sociales y que al fusionarlas con la poesía que fermentaba como sembradíos de colores, mi prosa tuvo razón, fe, virtud, la relación hermosa de poder comunicarme con los demás.

Se fue dando el movimiento, el fenómeno de escribir más que el de hablar. Ameca estaba en la mira, y faltaba todavía mucho por recorrer, las batallas no habían terminado.

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