CLAROSCURO: NACIÓN ORTIZ (1997) -TERCERA PARTE-

Rigoberto Guzmán Arce

Para ti, espero que leas mi tragedia.

Ya en calma de ese tiempo rudo y atroz en 1981, la energía generó el interés de participar entre la política, el futbol, leer libros y escribir los primeros esbozos de poemas que pegaba en la pared. Uno de los versos era para el amor que me enloquecía de una señora que idolatraba su caminar, el porte, sus pantorrillas, la belleza física sin igual, sus ojos negros y su pelo azabache con su corte tan sensual que hasta el mismo viento intentaba despeinarla para ganarse la atención.

La pensaba, la soñaba, la escribía, respiraba por ella, mis hojas blancas llenas de tormentos, de anhelos, un ramo de ilusiones, la tenía arriba de mi cabecera como una luz vital en mis 20 años. Hurgaba frases de poetas mayores, los suspiros enamorados.

Cada amanecer despertaba conmigo, algunas veces lo leía cuatro veces como si fuera la oración elemental para que me fuera bien, pero me iba mal con el desasosiego. Imaginar sus labios y sus besos, imaginar su desnudez envuelta en sábanas blancas cual misma ángel y mis manos trémulas recorriendo su piel. Oler su cuerpo completo. Una maravillosa obsesión, no lo podía negar con algunas claves para que nadie supiera su destinataria, mi musa, mi luna y tantas consideraciones.

Al verla entre los arcos, era para mí los callejones de Toledo, me sentía Bécquer, y verla venir ante mis ojos temblorosos, ese poder de imantación a mis cinco sentidos, sentía nervios totales, conmoción y una música nacía en mi alma y no podía dejar de verla, ella en cambio lanzaba un segundo de su mirada y con eso en la noche sentía arder en fiebre, mis tejidos, mis carnes y huesos, mis células que estallaban de impotencia.

Estuve a punto de mandarle el poema por correo, deslizarlo por su puerta, de interrumpir su caminar para entregarle el corazón como forma de saludo. Me daba tanto miedo esa incertidumbre, pero luego me arrepentía. Otra vez antes de abrir la puerta se me quedó viendo dos rapidísimos segundos. Sentí que se me iba a caer el corazón, que me iba a estallar en miles de pedazos.

Me sentí tan miserable por imaginar que le gustaba, esa perturbadora tentación no me dejaba vivir. Desvaríos, insomnios, cartas inconclusas, conversaciones imaginadas y miradas perdidas. Mientras ella con su plenitud, su juventud floreciente, vestidos entallados con su bolsa y sensualidad declarada. Una vez antes de subirse al auto yo estaba a un lado de una banca en la plaza en una noche de melancolía.

Al sentarse como copilota que se me queda viendo, pensé que miraba a otra persona que estaba atrás de mí, pero no, me clavó una enigmática mirada y su rostro se iluminó, por fin sabía que me moría por ella, por los deseos que se juntaban como manaba de lobos. A los dos días me fui a Nogales, con el pesar y la cobardía enredada. “Ay Rigoberto, ¿por qué rayos no te animaste, a regalarme el poema?”, me lo dijo en una tarde del 2016 por la calle Abasolo cuando me saludó en una casa antigua.

Se rio tanto y me miró con ojos tristes, de compasión. Le contesté con una lacerante pregunta y con unas copas encima: “¿fui un pendejo, verdad?”. Se rio más, con ojos brillantes y tanta compasión. Me tomó la mano derecha con sus manos en cobijo: “tienes tiempo de regalármelo todavía, nunca es tarde”. “Se lo comió la polilla del olvido”. “Bueno escríbelo de nuevo”. “No sé si pudiera, aquella fotografía sentimental fue irrepetible”.

Me siguió tomando la mano y a manera de desconsuelo: “bueno eras joven, de pelo largo, era tu consuelo y tu ideal”. “No, eras mi infierno”.

En una barra de cantina, me prestaron una hoja y la pluma, entre canciones de antaño, las que eran de aquella época, cinco copas, veinte hojas, treinta intentos, quince ensimismamientos, cerraba los ojos y aunque venía de nuevo con su presencia seductora, no pude, rabioso conmigo mismo salí desesperado al obligar a mi mundo emocional, a mis ríos sentimentales, otra órbita otro cauce.

Luchar contra la fuerza del destino, me dolía, sufrí. Señora preciosa, representante de la armonía, del fuego, perdón… Continuará el próximo viernes.

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