CLAROSCURO: NACIÓN ORTIZ (1997) -DÉCIMA PRIMERA PARTE-

Rigoberto Guzmán Arce

Llegó un año complejo, cuando mejor me sentía accionando como docente y director de arte y cultura del gobierno nuevo encabezado por un joven comerciante de nombre Héctor Javier Sánchez.

Aunque era muy cansado, tenía el entusiasmo, la pasión suficiente para corresponderle a mi ciudad, desde septiembre del 2002, y el año nuevo era diáfano, realmente de proyectos, intentando abrir senderos literarios. Ya había publicado dos poemarios que habían revolucionado mi vida, mis viajes y regresos. Poemarios que enriquecieron mi espíritu Luz Azul, del amor al Universo, el canto de su hijo, el de la arcilla, el polen, el humus, el que asombrado de su existencia dedica los versos como el agradecimiento por tener el destello, el hálito, el ligero paso por la materia orgánica, que respira, siente, ama y escribe.

El año apocalíptico 2000. Presentado en el mítico lugar Apolo XI, el de aquellas nostalgias, los bailes, los encuentros amorosos, el beso, las mujeres que se abrieron como capullos y mis manos trémulas a las caricias.

En un verano rodeado de mis amigos, de mi familia, anunciado en la radio, en el centro de la ciudad estaba mi poesía, un sueño cumplido y más cuando mi madre presente, en sus ojos brillaba la felicidad, el encanto, el orgullo de tener a un hijo, el pequeño Beto como continuador de su belleza conversadora, de su historia oral, de sus ríos de infancia de aguas heladas y pinos de brisa de lugares ancestrales de La Yesca, de su origen Santiago Ixcuintla, de su exquisita sensibilidad que no brotó como ella haya querido, porque ser sostén, pilar, el soporte familiar cuando quedaron huérfanos de padre, ella tuvo que ser instructora comunitaria, y después maestra rural y el peso de mantención lo cargó tantos años.

Después casarse con Manuel Guzmán y tener un mundo caótico, errante órbita, racimos de sufrimientos de todo y por todo. Vivir entre la incomprensión y la tristeza, de la hiriente pobreza y la tenue esperanza de ver lograrse a sus hijos. Por eso verme y verla en esa noche en la presentación del libro, fue uno de mis momentos más íntimos, mi madre preciosa sentada viendo hablar a su hijo de sus veros de amor y de alegría por la existencia maravillosa y de tener su sangre, su ADN, su creatividad y lo más relevante: su sensibilidad y buena gente.

Feliz de tener al amigo Armando Santacruz, presentador de mi obra; de Manuel Benítez en el brindis, al incansable promotor cultural Raúl Andrés Méndez Lugo, don Víctor Chávez, nuestro cronista visual, que me dispensó su amistad genuina a pesar de ser huraño.

El Verde Luz, amor a la naturaleza, mi casa de flores, de pájaros y luz del sol; de los árboles, de la casa de la abuela Lupe, de los sabores de la ciruela, de mi atardecer y el arcoíris amoroso. Acompañado de Miguel González Lomelí, cronista, poeta de Xala la mágica; de Raúl Méndez Lugo solidario con su edición. Amigos, vecinos en un pequeño lugar fantástico El Remanso del Refugio, entre una fuente, decoración medieval, de ninfas y mariposas.

Resultaba genial, halagador, meses enfrascados con la creatividad, la columna Rueda del Tiempo en el Meridiano, después Marquesina en mi casa de tantos años Express Nayarit; que colaborar con lo que me interesaba, me gustaba ser parte de un tremendo experimento del gobierno de Managüito.

Ejemplar que haya puesto como una de sus prioridades, el eje central en la cultura, impresionantes eventos, actividades en cada lugar místico, el Llano, la zona de Los Toriles, la plaza principal General Eulogio parra, en los barrios más populosos con talleres de dibujo y barro.

Llegaban momentos frenéticos que gracias a mi amor lograba superar las encrucijadas, dificultades y era un aprendizaje colaborar muy de cerca con Héctor Javier. Proyectos realizables como Navidad a Todos, El Universo de los Niños, Corazón de Madre, Las Fiestas de mi Pueblo. Una vorágine de acontecimientos, electrizantes que iluminaron, contagiaron a la comunidad.

En algunos eventos estaba mi progenitora aplaudiendo al ballet, el mariachi tradicional, los payasos y a su hijo presentador oficial. Llegó el 2003, mi madre cumplía 85 años y como era la tradición, nos reunimos hermanos, familia, para llevarla a su restaurante favorito El 30 en Méxpan, su ritual, comer empanadas y algún pequeño coctel de camarones, verse querida.

Ya en la tarde su pastel, apagar la cifra en forma de dos velas estilizadas, el vaso de leche, las fotografías. La intimidad linda, sentida, gratificante. Verla como siempre en la tarde con su revista Proceso y con su jarro enorme de café: “si no me tomo mi medio litro, no duermo”.

Tenerla presente en mis salidas y yo en sus ruegos, verme salir a unas cuantas puertas de su casa, para decirme adiós y desearme feliz viaje a mis labores en el amanecer, el que en mi cumpleaños se presentara con un picón y una tablilla de chocolate, alguna flor de su jardín querido.
Fue en septiembre cuando voy a invitarla para que asista al grito del 15 en la plaza desbordada, soy el coordinador de las Fiestas Patrias y me daría gusto verla antes de subir al balcón. Toco y me abre, me dice que se siente cansada y le duele la cabeza.

El 16 ando en friega, no la vi, pero el 17 mi hermana Gloria me dice que mi madre amaneció mala, me dijo que fuera a verla, la encuentro acostada como una pajarita triste, que apenas puede hablar, llamamos al doctor y después de deliberar unos cuantos minutos, nos dice que està delicada que sufrió un derrame cerebral, debemos de llevarla a Guadalajara… Continuará el próximo viernes.

 

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