BREVES NOTICIAS HISTÓRICAS SOBRE LA COMUNIDAD DE JALTEPEC

Rodolfo Medina Gutiérrez (La fotografía del Señor de Jaltepec es de Salvador Gutiérrez Contreras)

Con un misterioso pasado prehispánico, la comunidad de Jaltepec (palabra náhuatl que se traduce en “El cerro de arena”) constituye uno de los asentamientos más antiguos del municipio de Compostela. Las primeras noticias sobre el lugar están incluidas en las páginas de “Las Provincias de San Pedro y San Pablo”, escrita por el franciscano Fray Pablo Beaumont.

Dicho religioso asegura que para el año de 1543; casi al mismo tiempo en que se descubrieron las minas del Espíritu Santo, el capitán Cristóbal de Oñate se topó con una veta aurífera en éste lugar. El mineral estaba ubicado en un gran cerro de tierra colorada (quizá ello explique el nombre del lugar), y se extraía el precioso metal lavando en bateas el polvo y rocas procedentes del montículo. Sin embargo, el intento de establecer un asentamiento se vio truncado cuando se agotó la veta principal pocos años después de su apertura; por lo cual, el adelantado vizcaíno se desentendió del sitio.

Beaumont señala que los primitivos molinos y casas mineras que se construyeron en esos años desaparecieron al poco tiempo. Las escasas noticias sobre este poblado nos hablan de una cortísima población, integrada en su mayoría por indios y castas de origen africano.

Por ello no nos extraña que el lugar fuera famoso por contar con temidos hechiceros. Por ejemplo, para el año de 1692 la religiosa María de San Joseph mencionó ante la inquisición de Guadalajara los fenómenos que giraron en torno al fallecimiento de la española compostelana doña Antonia de Ovalle, quien fue embrujada por una india de Xaltepeque.

La feracidad de su entorno hacía a éste pueblo muy dependiente de Compostela, a pesar de que indudablemente la población contó con su fundo legal. Tenemos noticias sobre sus autoridades civiles, como el señor Miguel López, quien fungió como alcalde entre 1667 y 1670, año de su fallecimiento.

En el siglo XVII (quizá desde 1672), funcionaba en el pueblo de Santa María Xaltepeque una Cofradía dedicada a la Virgen de la Concepción. La cría de ganado mayor, agricultura a baja escala, la arriería y la fabricación de carbón constituyeron las principales actividades económicas de sus habitantes.

Desafortunadamente su emplazamiento siempre fue bastante malo. Los jaltepecanos tuvieron que soportar la pobreza del terreno, diversas inclemencias naturales y la proliferación de sabandijas ponzoñosas propias de la región, tales como los alacranes y las llamadas güinas, conocidas en Nueva Galicia como “chinches Compostela”

Para el siglo XVIII los pocos vecinos del sitio no pudieron soportar más la difícil situación y terminaron por abandonar el lugar en la década de 1730. Para el año de 1738 no vivía nadie en Xaltepeque, aunque sobrevivía a duras penas una capilla erigida en la centuria de los 1600, edificio donde se resguardaban algunos ornamentos y los bienes de la cofradía local.

Ante la difícil situación, el Cura don Antonio Felipe de Amezquita y Zavalza decidió trasladar a Compostela los enseres de la maltrecha ermita, así como depositar provisionalmente en Mazatán veinte reses, cuatro yeguas, un garañón y un burro pertenecientes a la cofradía, con la condición de que dichas bestias siguieran reproduciéndose y generaran el capital suficiente para sufragar una misa anual en honor a los difuntos de Jaltepec.

Durante muchos años, los desafortunados mazatecos tuvieron que atender estos animales sin ver cristalizado beneficio alguno, ya que no podían venderlos ni disponer de ellos. No fue hasta el año de 1754 cuando el Cura don Pedro Fernández de los Ríos permitió la venta de los bovinos de Jaltepec, ya que se requerían fondos para reparar el templo de Mazatán.

Para el año de 1744, las autoridades en turno ordenaron hacer un informe sobre los bienes del templo de Jaltepec, registrando lo siguiente:

“Un calis y patena, un incensario de plata sin naveta, una imagen de nuestra señora con su corona de plata, un misal, un ornamento blanco tratable de casulla con saneta azul, con lo necesario un frontal negro, capas de razo negro una, y otra blanca, un palio de razo negro, unos manteles de Ruan buenos, albas amias de bretaña, dos toallas, dos blandones de palo y una cruz manga, unos ciriales de lo mismo sobre dorados, un Santo Cristo, y una campana de arroba y media quebrada que el Br. Peña fundio con otros metales para la campana grande que hizo el año pasado para la iglesia”

Cabe destacar que el crucifijo que se menciona en la citada lista fue muy venerado en la Compostela de antaño, y por lo menos desde el siglo XIX ya era popularmente conocido como “el Señor de Jaltepec”. La pieza era pequeña, propia para colgarse en la pared. Sus rasgos eran bastante toscos, y destacaba por su rusticidad. Hasta el siglo pasado custodió impasible la notaría parroquial de Compostela, pero los estragos del tiempo y el descuido lo destruyeron por completo.

Salvador Gutiérrez compiló una curiosa leyenda que trataba de explicar el origen del Cristo de Jaltepec. En teoría, había dos hermanos apellidados Herrera que se dedicaban a la minería. Laboraban en Jaltepec, donde uno de ellos acusó al otro de evadir el impuesto real, por lo cual el desdichado fue apresado en Guadalajara y de ahí trasladado a España. En aquel país el individuo juró regalar una copia del Cristo del Escorial para el templo de Jaltepec si salía de prisión. Cuando fue puesto en libertad, cumplió con su promesa y dicha imagen permaneció en el malogrado mineral hasta que fue trasladado a Compostela.

Aunque las versiones populares aseguran que “era español y de madera”, lo mas probable es que dicho Cristo fuera michoacano, de pasta de caña de maíz. La Virgen de la Concepción que se veneraba en Jaltepec (misma que contaba con corona y aureola e plata) desapareció durante el conflicto cristero. No fue hasta la década de 1830 cuando el sitio de Jaltepec fue repoblado de nueva cuenta por personas oriundas de Zacatecas y el suroeste de Jalisco, mismas que llegaron atraídas a la región por las prometedoras minas de Huicicila, muy en boga durante aquellos años.

En la actualidad sólo quedan unos pobres cimientos de lo que fue la antigua capilla de la Virgen de la Concepción, y a todas luces vale la pena investigar la historia de éste antiguo y desvalorado lugar. — con Luna Castro, Alberto Gutiérrez Campos, Enrique de Aguinaga, Javier Berecochea García, Raúl Valencia Carrillo, Miguel Ángel Espinoza, Daniel Isaac Ortiz Jiménez, Pedro Luna Jiménez y Fernando Murillo-López.

0 Comments Join the Conversation →

Deja un comentario