Biografía de Don Pedro González Sandoval, de 1919 a 1941

Fernando González Díaz

PRIMERA PARTE
Don Pedro González Sandoval (mi padre) nació en Mazatán, municipio de Compostela, el 13 de mayo de 1919. Era el menor de tres hermanos, Nicolás, que había nacido en 1900, e Indalecio, que nació en 1906 fueron sus hermanos mayores.

Oficialmente, su padre fue Don Telésforo González Jáuregui, y su madre Doña Elodia Sandoval Díaz, ambos originarios de Mexticacán, Jalisco, y avecindados en Mazatán desde 1901, a cuyo lugar llegaron invitados por un primo de mi abuela Elodia, de nombre Crispiniano Rodríguez, que era arriero, y en sus travesías había conocido Mazatán, y le había visto potencial.

Doña Elodia convenció a sus hermanas, vendieron sus bienes en Mexticacán, Cuquío y Guadalajara, y se establecieron en Mazatán. Una de las hermanas de Doña Elodia era Trinidad. Casada con Pío Quinto Rodríguez, quien también se trajo a sus hermanos Cleto y Blas, y entre los tres fundaron un taller de carpintería.

La otra hermana, llamada Petronila, permaneció soltera hasta 1921 en que se casó con el General Ismael Romero Gallardo, en artículo mortis, y quien le heredo una enorme fortuna en plata y oro, que a su vez Doña Petronila, sin hijos, heredó a Doña Elodia, mi abuela.

Mi tío Nicolás emprendió desde muy joven el negocio de los cines. Mi tío Indalecio se fue a buscar fortuna a Rochester, Nueva York, donde impulsó diversos proyectos, y mi papá, se quedó solo con su mamá en Mazatán, donde Doña Elodia, ante las largas ausencias de Don Telésforo, estaba a cargo de un molino de coco y fábrica de jabón, fábrica de puros, tienda de abarrotes, y un Mesón, y al frente de los ranchos agrícolas y ganaderos Las Azucenas, Sangre de Grado, la Cofradía y La Parrilla, todos de su propiedad.

Hacia el año de 1929 la delincuencia azotaba la región de Mazatán, y el joven Pedro se vio en la necesidad de apuntar un arma a un señor a quien le decían El Pipitillo que pretendía que doña Elodia le siguiera vendiendo tequila en el mostrador de su tienda.

Ese incidente provocó que doña Elodia le escribiera a mi tío Indalecio y le dijera que ya se regresara de los Estados Unidos, pues ella y mi papá estaban en peligro. Mi tío le hizo caso y se regresó, y con la visión empresarial que había adquirido le propuso a su mamá que vendieran sus propiedades y negocios en Mazatán, y se establecieron en Compostela. Y así lo hicieron. En 1929 ya estaban viviendo en Compostela, donde mi papá se inscribió en la escuela primaria que llegaba solo hasta cuarto año, siendo su maestra la profesora Concepción Burke, y sus compañeros de clase Tomás López, Salvador Gutiérrez Contreras y Jesús Puga Ulloa, quienes fueron sus amigos y vecinos toda la vida.
Cuando nació mi papá en 1919, en la casa que se encuentra frente a la escuela vieja, Mazatán se consideraba la puerta de la Costa de Chila. Aún el camino era de herradura, pero se podía llegar a la región productora de coco de aceite de las haciendas de Ixtapa, Las Varas y Jaltemba. E igualmente al Ejido de Mazatán creado mucho ntes de la reforma agraria, con base en la ley del 6 de enero del Presidente Carranza. La casa aún existe y según tengo entendido mi abuela le vendió a Don Vicente García, y actualmente es propiedad de una maestra que es prima o hermana de Chongomocho (Enrique García), quien vive al lado.

Su infancia en Mazatán fue muy feliz. Sus compañeros fueron Trini Sandoval, Tomás García Arredondo, Juan Vallejo (El Voyto), Clemente Inda, y otros a los que sólo recordaba por su sobrenombre: El Yul, El Chalambombo.

En aquellos años, Mazatán era una población importante, pues aunque los caminos eran de herradura, existía una industria alrededor del coco de aceite, ya que muy probablemente desde tiempos pre-cuauhtémicos se trabajaban en la zona molinos de piedra (tahonas) movidos con una mula, para extraer el aceite, del cual se producía jabón, tanto en Mazatán, de manera artesanal, y también en Guadalajara, que era el destino que se daba al aceite, embasado en barricas de madera.

Esta actividad desencadenaba una gran afluencia de arrieros.

Por otra parte, con la granza, que es el gabazo del coco, se preparaba una pastura de alta calidad, combinándola con maíz, lo que permitía una gran producción porcina, pues los cerdos rápidamente alcanzaban los trescientos kilos de peso. La granja de puercos de Doña Elodia llegó a alcanzar una producción de hasta dos mil cerdos al año, a cargo de la cual estaba su sobrino Mateo Muñoz.

Con los años, los catorce propietarios de Molinos, y algunos comerciantes de Compostela, se reorganizaron y fundaron la empresa Oleaginosas, Aceites y Derivados, S. A. Asignando a cada molinero dos acciones a cada uno, y ampliando el capital social a cien acciones, permitiendo con ello el ingreso de capital fresco. Entre los nuevos inversionistas podemos destacar los nombres de Don Jesús Monroy Montes, Manuel Cambero Monroy, Jesús Flores Navarro y Jesús Avita Arzápalo. Esta nueva empresa, con tecnología moderna, ocasionó el cierre de las tahonas rústicas de Mazatán y dio origen al famoso Jabón Pinto de Compostela. Oleaginosas funcionó algunos años, hasta que las empresas estadounidenses introdujeron las lavadoras automáticas, y el jabón de barra fue sustituido por el detergente en polvo. En el terreno que ocupaba la antigua fábrica, se encuentra hoy le empresa Ley y las oficinas de CFE.

En 1931 mi padre Pedro González Sandoval, se trasladó de Compostela a Tepic para cursar quinto y sexto de primaria, en el Colegio privado dirigido por Don Fiacro Colunga. Su mamá Doña Elodia Sandoval le rentó una habitación y lo abonó en el comedor del Hotel Bola de Oro, propiedad de sus familiares, la familia Mestas. En la gráfica del lado derecho, dicho hotel.

Con el propósito de comprar un camión de carga, en 1936 mi papá Pedro González Sandoval, fue a Mazatlán, Sinaloa. Mientras esperaba que el camión llegara en el tren proveniente de Nogales, Arizona, se hospedó en un hotel que contaba con una mesa de carambola, donde tuvo la oportunidad de jugar con el campeón mundial Joe Chamaco, quien le ganó todo su dinero. El día que regresaba, Joe le tocó en su habitación y le dijo, muchacho, juegas bien, pero yo soy el campeón mundial, aquí tienes el dinero que te gané. Cabe señalar que en ese tiempo mi papá tenía 17 años, y acababa de regresar del H. Colegio Militar.

Con ese camión mi padre se puso a trabajar en el transporte de durmientes para Ferrocarril del Pacífico, junto con Maratiniano Trejo, a quien enseñó a manejar. Al mismo tiempo, tenía la comisión oficial de transportar el correo de la estación del Ferrocarril hasta Compostela y la Cumbre de Hucicila. Al concluir el contrato de proveeduría de durmientes, puso a trabajar su camión en el transporte de mineral entre la mina de Hucicila y la estación hasta que junto con Maratiniano tuvieron la idea de colocar una banca de madera para transportar también personas. La ventaja, decía mi papá, es que las personas se subían y bajaban solas, por lo que decidieron colocar más bancas. Así surgió la Cooperativa de Transportes, de la que hablaré más adelante, y la fundación de la CTM.

 

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