Periodico Express de Nayarit
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**Descanse en paz
**Murió un gran hombre
**Nunca renunció a su labor fraterna
**Muchas historias
**El Obispo “flaquito”
**“Un santo varón”

2017 / 01 / 09

DON ALFONSO HUMBERTO ROBLES COTA, quien fuera Obispo Emérito de la Diócesis de Tepic, falleció la semana pasada dejando profunda huella y dolor en quienes alguna vez lo trataron o recibieron de su santo trato un beneficio, mínimo una palabra de aliento que el líder de los católicos en muchas partes de Nayarit, Jalisco y Sinaloa, dio a sus feligreses levantándolos con Fe, para que no claudicaran en seguir amando a Dios,  y fueran con el prójimo, un ejemplo de buenos cristianos.

GRAN HOMBRE, SACERDOTE, OBISPO, CIUDADANO y muchos atributos  que tenía Don Alfonso Humberto, que lo hacían brillar siempre. Hacer lo que te gusta, hacerlo con amor, es lo que más disfrutaba el señor Robles Cota. Decía: “No hago nada especial, desde que nos ordenamos sacerdotes tenemos la obligación de orar por el mundo y por la Iglesia; en particular por la Diócesis de Tepic, amigos, familia, la pequeña comunidad donde se vive. Sobre todo, por ser sacerdote debo celebrar la Santa Misa todos los días, y para ello estoy a disposición de los párrocos; durante poco más de un año, por ejemplo, uno de nuestros párrocos, Padre Ramón Güereña, me pidió que lo apoyara en su parroquia a oficiar la Eucaristía por la tarde, todos los días. La Eucaristía es la vida de la Iglesia; el Papa Juan Pablo II decía que si no hubiera Eucaristía la Iglesia ya hubiera muerto de hambre, por eso yo quiero celebrar la Eucaristía todos los días.  Esa es mi vida”.

JAMÁS RENUNCIÓ A SU LABOR FRATERNA con los que menos tienen, a estar cerca de la gente, de los pobres, de los olvidados. Siempre daba un plus para obtener mejores resultados. Siempre quería hacer algo más y buscaba por todos los medios conseguirlo. Dijo una vez: “De lo que hice no me arrepiento, pero siento que me faltaron hacer cosas; no alcancé o no supe organizarme, porque no es la diócesis más grande, ni la más pequeña. Me hizo falta, asimismo, mucho trabajo pastoral hacia la vida sacerdotal y de nuestros laicos”, pero lo señalaba con esa humildad que le caracterizaba, ya que en general, la sociedad siempre le brindó enorme reconocimiento a su labor pastoral.

FUE UN ESCUDO CONTRA LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS en general. Atento a dar la cara y poner el pecho con tal de proteger a quienes eran agredidos en sus derechos humanos. A quienes las injusticias los maltrataban, o la soberbia y la deshonestidad de los gobernantes bofeteaban la cara de los ciudadanos ávidos de justicia y paz. Muchas historias fueron contadas para que se supiera del trabajo pastoral. Unas tan increíbles que muchos dudaban que el señor fuera Obispo. Otras tan hermosas que agrandaban su figura. Así era Don Alfonso, un Obispo de carne y hueso, pero todo lleno de bondad y con un corazón en el que todos cabían, porque creía que en el amor a Jesús, estaba la explicación a muchas cosas.

EL OBISPO “FLAQUITO”. Muchas anécdotas tuvo,  y él mismo contó ésta a La Senda, órgano de difusión católico: “La última vez que vi al Papa Juan Pablo II, al terminar mi visita personal, el Santo Padre me dijo: ‘Estás flaco’ (en italiano: tu sei magro). Le dije: ‘Sí, Santo Padre, estoy delgado pero de buena salud, no estoy enfermo’, y al salir vi al Obispo de Mérida, Berlie Belaunzarán, y le comenté lo que había pasado, él les platicó a los demás obispos. Al día siguiente tuvimos otra reunión con el Papa, nos iba a dar un regalo a cada uno y nos empezaron a llamar por nuestro nombre; cuando me llamaron a mí, el Obispo Berlie Belaunzarán, que se hallaba junto al Papa, le dijo: ‘Es el obispo flaco’, y el Papa le contestó: ‘Flaquito’. Ahora que ya es beato, cuando le hablo a él en la oración le digo: ‘Yo soy el que tú decías que era flaquito, y ahora soy Obispo Emérito’.

AMIGO DE LOS PERIODISTAS, de la libertad de expresión y de las comunicaciones. Siempre atento con los reporteros, camarógrafos, fotógrafos. Nunca negaba nada a la Prensa y si de trato se hablara, siempre fue diligente y sin límites. Hasta se podría decir que fue el Obispo de los periodistas. Periódico Express, tiene mucho que agradecerle a Don Alfonso Humberto Robles Cota, porque ante la soberbia del gobernador del Cambio y su insano deseo de venganza, metieron a la cárcel a Edgar Rafael Arellano Ontiveros inventándole delitos que tuvieron que desaparecer hasta obtener la libertad absolutoria por falta de pruebas ante lo que se le imputaba. Era hombre de derecho y de amor al prójimo. Era, como le decía mi papá “Pipiripau”: “un santo varón”. Dios le conceda el Descanso Eterno y brille para ÉL, mi querido Obispo Emérito, la luz eterna.

Don Alfonso Humberto Robles Cota, siempre vivirá en el corazón de los nayaritas, principalmente en el del  Express, QUE ME SIGA LA TAMBORA.