Periodico Express de Nayarit
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CON PRECAUCIÓN: TAL VEZ POR LA COSTUMBRE

Serio Mejía Cano

2017 / 03 / 08

 Este 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, algo que como el 10 de mayo debería festejarse a diario, porque gracias a ellas, las mujeres, es por lo que estamos aquí, como dijera don Gabriel Vargas: “cascareando en la canica”. Porque es la mujer, la que al igual que la mayoría, si no es que todas las hembras de los seres vivientes en este planeta,  la que persevera la especie humana.

Sin embargo, la misoginia es muy latente en la raza humana, ¿por qué? Pues tal vez porque muchos varones se sienten en cierta forma agraviados por la superioridad física de las mujeres, ya que está documentado que las mujeres aguantan más el frío, las enfermedades, las malpasadas en lo cotidiano de la vida, etc. Porque una mujer así se la esté llevando la fregada por equis enfermedad que tumba a muchos varones, aun así se levanta a hacer los quehaceres que quizás por costumbre se dice debe de hacer, como despertar a los niños, preparar su baño, su desayuno, mandarlos o llevarlos a la escuela no sin antes despertar al esposo –las que lo tienen-; llegar de nuevo a casa y levantar el tiradero, y si acaso tienen ganas de recostarse un rato, las tareas del hogar no se lo permiten, pues tiene que ir al mandado, llegar a preparar la comida para luego ir por los chicos a la escuela o esperarlos mientras echa la ropa a la lavadora –las que tienen- si no, ponerla a remojar; barrer, trapear y después de la comida levantar trastes y fregarlos y esperar al esposo para comer junto con él si es que no comió con sus hijos.

Posteriormente ponerse a lavar ya sea en máquina o a mano, tender la ropa y seleccionar la que se llevarán al día siguiente los pequeños y así, ponerse a planchar mientras mira una telenovela en la tele o la oye en la radio o si no tiene nada de esto se pone a cavilar sus pensamientos y rápido porque ya se acerca la hora de la cena y hay que prepararla y al terminarla otra vez levantar trastes y fregarlos, vigilar que los chicos estén haciendo la tarea y si ya están más grandecitos y salen a la calle, procurando que lleguen temprano o si no, salir a buscarlos y ya más mayorcitos como de secundaria o prepa, esperar a que lleguen; y de nuevo a recoger todo para que la casa no amanezca con tanto tiradero. Pero si hay bebé, en la torre, pues hay que tenerle su biberón a tiempo, cambio de pañales y si se batió, pues a asear al bebé. Y ya cuando están todos acostados, una última mirada para comprobar que no haya quedado algo fuera de lugar; y al día siguiente, otra vez la misma. Esté enferma o no, para la mayoría de las mujeres existe una rutina que muchos hombres no sabemos agradecer porque creemos que es “normal”, que sea ella, la mujer la que batalle con todo lo del hogar sin que muchos de nosotros reparemos en que es necesario un descanso para ellas.

Obvio que me he quedado corto en todas estas tareas que atiende una mujer, pero es más o menos un promedio de lo que padecen la mayoría, así hayan estudiado y estén ejerciendo su carrera o estén trabajando debido a la crítica situación económica en nuestro país; sin embargo, es común que muchas mujeres que trabajan reconozcan que en sus días de descanso hacen adobes. Una frase muy común para dar a entender que cuando descansan es cuando más trabajan porque tienen que arreglar su casa de cabo a rabo.

Existen culturas que sobajan muy feo a la mujer, pero los varones que practican esa cultura con sus hechos están demostrando su inferioridad respecto a ellas, porque olvidan que provienen de una mujer que los parió, que los amamantó, que los cuidó y protegió de sus enfermedades, que se desveló atendiéndolos, etcétera. Sin embargo, está documentado que por acá en el mundo occidental como en nuestro país, son las mismas mamás quienes van acostumbrando a sus hijas a servir al varón, pues tanto al papá como a los hermanos los tienen que atender cuando la mamá anda ocupada en otros menesteres. Hija, plánchale su ropa a tu hermano porque va a una fiesta; ándale, ya llegó tu papá tráele sus pantuflas, sírveles de comer o lo peor en muchos de los casos: hazle caso a tu hermano pues es como el hombre de la casa, y un largo etcétera que hacen crecer a las niñas con la idea de que tienen que atender al hombre porque así la acostumbraron, y los niños crecen con la idea de que así tiene que ser: que la mujer los tiene que atender de todo a todo. Claro que no se generaliza, pero suele ser así, y esas costumbres familiares son las que generan que la mujer sea considerada para servir al varón.