Periodico Express de Nayarit
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Claroscuro: CARRIZO NORTE (1986) -DÉCIMA Y ÚLTIMA PARTE

Rigoberto Guzman Arce

2016 / 12 / 16

A los cuatro puntos cardinales, levantando los brazos como si estuviera en un estrado multicolor, agitando su cuerpo y con el rostro emocionado, parecía que se dirigía a un público en un acto masivo: “yo que estuve rodeado de putas en el Bronx, cantando los versos de Neruda mientras recibía caricias y besos; dar la bienvenida al amanecer en las calles del Este de Los Ángeles bebiendo aguardiente en las esquinas recordando mis amores en los mundos sagrados de la incomprensión…

Vivir y morir en las estrechos callejones en la ciudad del viento despedazando las noches como si fueran las últimas cartas recibidas, de ti mujer que en la agonía y los vómitos, aún me decías que me querías; en los duros momentos del puerto de San Diego cuando te dedicaba las gaviotas y los barcos parecían que eran tuyos por culpa de mi pluma y mis hojas olorosas a tabaco; los arrecifes golpeados por tu desdén en aquellas playas de juventud cuando a mi corazón nunca lo recibiste como se recibe a un náufrago…

Maldigo tu nombre, mujer que dolorosamente me engañaste, a la que quise tanto, te maldigo en nombre de Dios y te condeno al fuego eterno del infierno porque quedarás convertida como un fósil, como una ceniza mala mientras yo aquí me voy a pudrir en esta perra vida”.

Se hincó y con sus grandes manos se cubrió su rostro bañado en llanto. El padre y el hermano quietos, absortos, a duras penas se miraron, porque se regresaron callados con tantas interrogantes. Veían a Gervasio como una pieza que no cabía en el rompecabezas de sus historias y familiares. Llegaron al caserío adoloridos de los ojos y oídos porque no podían entender lo que acababan de ver en el paraíso de nopales.

Mientras tanto aquí lo veía jugando baraja y al ir ganando Gervasio se quiso retirar ya no lo dejaban levantarse hasta dejarlo a rape del dinero. Me costaba tanto trabajo conciliar el sueño porque no lo podía creer que este hombre ya viejo y desdentado, tenía un mundo emocional completamente distinto a los demás y yo me creía que era un literato y muy sensible, este hombre de sombrero viejo y chueco me ganaba.

Pero tampoco creía la cruda realidad cuando ya ordeñaba muy temprano y realizaba resignado los menesteres normales como vender leche y almacenar pasturas, hacer mandados a San Juan. Quemó los libros, folletos, recortes de periódicos y sus cuadernos de poesías en borrador, las notas y apuntes y jamás volvió a beber licor. Cambió desde que la esposa de su hermano, el que le gustaba jugar baraja y embriagarse, se refugiaba en él y la enamoró por los vericuetos del alma y las letras que sonaban a poesía.

La bella mujer de los gatos, quizás enloqueció por amor, más allá de los sustos cuando el marido le sacaba la pistola para asustarlo. Porque le distinguí que había una luz, la que es hermosa más que todas en su mirada de los ojos azules. Y era mirada extraviada en los ríos ardientes que recorrían su cuerpo porque no hay nada tan intenso como cuando una mujer ama, ama de verdad.

Así me alcanzó el tiempo y al llegar septiembre y parte de octubre, yo esperaba una llamada para que me informaran de los cambios, andaba tan embobado y ensimismado de esta pedacera de relatos que nunca se me ocurrió llamar al sindicato. El inicio del curso noté que los del Jaral ya faltaban demasiado y había más del poblado de Las Verdolagas, que decidí sin consultar a la SEP, cambiarla al poblado señalado.

Ya contaba con los libros para primero y segundo grado. Encontré un pequeño patio y bajo la sombra de un árbol, impartía las clases y nunca imaginé que se fueran complicando los días porque llovía y los viajes de ida y regreso se me hicieron más angustiantes y no podía soportar mis soledad, necesitaba estar en un ambiente que no fuera complicado porque estaba llegando la hora de ser menos soñador.

Al final llegó la tristeza que aunque no me creas, el dejar personajes que vivían en las sombras de las llanuras. Un horizonte se abría y no conocía el siguiente puerto, lugar, isla, puente, en el sendero de mi andadura.

Imaginaba que sería cerca de Ixtlán, estaba la posibilidad el poblado de Santo Tomás, municipio de Hostotipaquillo: ¡qué felicidad hubiera sido ya radicar, regresar a mi origen, a mi bien amado Barrio de los Indios, al mundo de la Jiménez, de la Arista, Abasolo, La Paz o por la Ortiz, al lado de mi madre Dolores!

El destino me habló cerca del oído, “espera Rigoberto necesitas conocer otros hombres y mujeres que valen la pena que conozcas porque te van a ser feliz”.