Periodico Express de Nayarit
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UNA ESTRELLA DE CINE - SEGUNDA PARTE

2016 / 06 / 01

 Y de pronto se acerca con mucho desparpajo a la bandeja, echa mano de uno de crema y empieza a engullírselo. Yo andaba de dinero más que escaso, si acaso como para tres pasteles. Ella come y yo, mientras, me rebusco inquieto por todos los bolsillos y calculo con las manos cuánto dinero tendré, pero mis pantalones están atacados y los bolsillos escurridos. Se comió el de crema y, ¡zas! Echa mano de otro, yo hasta carraspee, pero no dije nada. Pero me sentí dominado por una una vergüenza burguesa, como si fueran a decir: míralo, míralo, caballero y sin dinero.
 
Ando alrededor de ella como un gallo, y ella se ríe, buscando que le digan piropos. Y yo le digo: ¿No será ya hora de que regresemos al teatro? ¿Y si han apagado las luces? Y ella me contestó: no, y toma el tercer pastelillo: yo le digo, con el estómago vacío, ¿no será mucho? Y ella responde, no, estamos acostumbrados, y alarga la mano para tomar el cuarto. Entonces se me sube una ola de sangre a la cabeza, suéltalo, le digo, ¡déjalo en la bandeja! Ella se adusta, abre tamaños ojos, y sus pestañas empiezan a aplaudir. Y a mí, como si me hubieran arreado con las riendas en las ancas. De todas maneras pienso: ya no voy a salir más con ella, ¡déjala!, me digo. ¡Los diablos carguen con tu madre! Lo deja en la bandeja, y yo le digo al de los pasteles ¿cuánto le debo por tres pasteles? Y el pastelero me mira con aire indiferente, como haciéndose tonto, debe usted, me dice, por cuatro pasteles, tanto. ¿Cómo por cuatro? Si el cuarto está en la bandeja. -No-, me consta, aunque está en bandeja, está mordido y lo han aplastado con los dedos. ¿Cómo que está mordido? ¡Por favor! Esas son fantasías de usted. Pero él sigue con su aire indiferente, moviendo las manos. Bueno, la gente naturalmente comienza a aglomerarse. Los expertos, unos dicen: está mordido, otros dicen no, no está mordido. Yo me revuelvo los bolsillos al revés; y claro, salen rodando por el suelo toda clase de cachivaches. La gente se ríe, pero a mi maldita la gracia que me hace. Me pongo a contar el dinero, y traía lo justo para pagar cuatro pasteles. A santo de qué madrecita mía, me habré liado de palabras, pagué y le dije a la dama: termíneselo, está pagado. Pero la dama no mueve ni un dedo, le da vergüenza terminarlo. En esto, no sé de donde sale un tipo chistoso: dámelo acá, dice, yo lo comeré, y el muy canalla se lo comió a mis costillas, y entramos otra vez en el teatro. Terminó el concierto de jazz, y nuevamente a casa, ya en casa, va ella y me dice con su tono de burguesa: ¡Basta ya de hacer marranadas por su parte! Las personas que no tienen dinero no deben andar con damas, y yo le contesto: LA FELICIDAD NO ESTÁ EN EL DINERO. Perdone usted por la frase, y así nos despedimos. Y no, no me gustan para nada éstas que se creen ESTRELLA DE CINE.