Periodico Express de Nayarit
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CON PRECAUCIÓN : “EL TRABAJO EN LA SENECTUD”

Sergio Mejía Cano

2014 / 06 / 20

Según algunos analistas en el ramo de la antropología y estudiosos de la población de nuestro país, ha crecido el número de personas mayores de sesenta años de edad y, por lo mismo, México se ha convertido en un país de gente mayor que rebasa ya en cierta forma a las nuevas generaciones; y si a esto se le añade que el promedio de vida de la población se ha alargado a más de setenta años de edad, en un mediano plazo, posiblemente en nuestro país predomine la senectud.

Lo malo de esta cuestión es que mucha gente, a pesar de contar con más de 60 años de edad, se siente capaz de ser productiva, pero no encuentra ningún tipo de ocupación así tenga experiencia de trabajo en uno o varios rubros; y conscientes también de que si bien las facultades físicas han mermado, aun así consideran que podrían ser aprovechados; pero no, al contrario, reciben rechazos en donde creen que los podrían ocupar de acuerdo a sus capacidades y conocimientos.

Hay personas “jóvenes de la tercera edad” que afirman que tal vez sí haya posibilidades de acomodarse en algún trabajo, pero por lo regular son puestos de velador, porteros, mandaderos e inclusive hasta en empresas de seguridad privada; sin embargo, aducen que si cuentan con experiencia en la mecánica, la albañilería, administración e incluso hasta como campesinos, como que se les hace denigrante el pasar a ser prácticamente seres contemplativos ocupando puestos de vigilantes, siendo que podrían ser aprovechados en trabajos similares a los que dejaron gran parte de su vida.

Pero si para muchas personas que al llegar a los 35 años de edad les es difícil encontrar trabajo, entonces pocas posibilidades de empleo hay para las de la tercera edad, y menos en un estado como Nayarit, en donde prácticamente hay poca industria, en donde casi todo se inclina al comercio, aparte del campo por supuesto; sin embargo, también el campo se encuentra en crisis laboral, ya que muchos jóvenes en edad productiva llegan a la capital nayarita o a las otras cabeceras municipales en busca de ocuparse en algo que les reditúe un salario seguro, aunque sea poco, pero seguro al fin y al cabo, y más si son asegurados, por lo que estos jóvenes abandonan su lugar de origen, la zona rural, para llegar a la zona urbana y así competir con los de la tercera edad que esperan al igual alguna oferta de empleo. Esto sin contar a quienes viajan a la frontera norte procurando el llamado “sueño americano”. Obvio que no se está generalizando, ya que afortunadamente hay mucha gente mayor que lograron ser jubilados o pensionados, pero también los hay que no cotizaron nunca en donde dejaron parte de su vida productiva o que si cotizaron, por equis motivos dejaron de hacerlo ya sea por haber perdido su empleo y si consiguieron algún otro ya no fueron asegurados, etcétera.

Es muy común oír decir a gran parte de las nuevas generaciones que los ancianos ya no pueden hacer determinadas cosas precisamente por ser adultos mayores de 60 años de edad, y  más si están ocupando todavía algún puesto añorado por esas nuevas generaciones. En lo particular a mí me pasó lo mismo cuando no había ascensos en el ferrocarril debido a que algunos trabajadores mayores de 60 años de edad no se querían jubilar; y menos, cuando ya no tenían que andar sobre el techo de las unidades que conformaban un tren en movimiento. A esos adultos mayores, velada o directamente se les cuestionaba el porqué no se jubilaban de una vez para que dieran oportunidad a las nuevas generaciones, a lo que muchos ancianos respondían que para qué se jubilaban si todavía podían trabajar. Fue solamente hasta el año de 1982 en que los empleados ferroviarios fueron adscritos al IMSS y que por ende se logró la pensión por cesantía que muchos trabajadores ferrocarrileros que no querían jubilarse lo hicieron debido a que ya sin ningún riesgo de trabajo ganarían prácticamente lo mismo que trabajando o quizá más. Sin embargo, el tiempo hace comprender el porqué aquella gente mayor no quería jubilarse, ya que la mente sigue diciendo que sí se puede seguir trabajando, pero es el cuerpo el que pone los límites de lo que se puede seguir haciendo y lo que no; ya no se puede correr o caminar con la presteza debida que se requiere en determinadas labores, así que aunque la mente diga que sí se puede hacer lo mismo que se hacía cuando se tenían 30 años de edad o menos, el cuerpo dice no; y si se llega a hacer caso al cuerpo, es mucho mejor.