Periodico Express de Nayarit
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Breve remembranza de la esclavitud en Compostela

Compostela//Rodolfo Medina Gutiérrez

2014 / 06 / 03

> La mayoría de esclavos no tenía apellido, pero es constante entre muchos de ellos los apelativos Santos, de la Cruz, y de los Reyes. Tampoco es raro encontrarlos con los apellidos de Haro, Acevedo, Dávalos y Guzmán, ya que algunas veces sus amos les permitían adoptar el nombre de la familia a la cual servían.

> Se puede asegurar, sin exageración, que todo sacerdote en la Compostela virreinal fue propietario de por lo menos un esclavo; a su vez, las cofradías utilizaban esa fuerza laboral para las labores agrícolas de la Hacienda de Chila y El Embocadero.

> Para ejemplificar esta relación, citamos lo acontecido en la parroquia durante el año de 1730, cuando un Obispo ordenó que se vendiera un mulato llamado Salvador para adornar la escultura del Santo Cristo de Compostela, conocido actualmente como “Señor de la Misericordia.


Durante la época virreinal, la presencia de esclavos africanos fue constante en la jurisdicción compostelana, tal como sucedió en muchos otros lugares. Las denuncias presentadas sobre la explotación de los naturales a lo largo y ancho de las Indias generó que se crearan leyes de corte eclesiástico y civil destinadas a protegerlos de los abusos; por lo cual, desde el siglo XVI incrementó la llegada de esclavos africanos destinados a sustituir a la mano de obra indígena.

Ya para el siglo XVII, muchas familias de Compostela eran propietarias de esclavos negros o de las castas definidas como mulatos y lobos. En las minas, heredades de cacao, de tabaco, salinas y los latifundios agrícolas-ganaderos ubicados a lo largo y ancho de la jurisdicción, las familias Baez de Acevedo, de Tovar, de Haro, Ulibarri, Patrón, Pérez Cortés, Gerardo, Flores, Jácome, Piña, Rubio de Monroy, Ovalle y Dávalos Bracamonte (entre otras) tenían bajo su servicio a numerosos sirvientes de las diferentes castas; sin embargo, los negros y las cruzas raciales que derivaban de ellos superaban en número a los mestizos, indios y chinos. Inclusive, algunas fuentes señalan que el pueblo de San Pedro de la Lagunilla estaba integrado en su mayoría por mulatos, y los escasos registros procedentes de Chila indican que la población negra también dominaba el paisaje.

La vida no debió ser muy agradable para estas personas, ya que la mayoría de negros fallecidos en la parroquia de Compostela no rebasaban los 40 años, y buen número de ellos dejaron de existir por acontecimientos violentos. También consta que se acostumbraba herrarlos “en la barba” para identificar a su propietario en caso de que el esclavo huyera o desconociera a su amo.

Es curioso que también se diera gran número de matrimonios entre esclavos e individuos libres, aunque estos son muy escasos si se compara con el número de nacimientos de hijos naturales, fenómeno muy común entre los esclavos y la servidumbre. Con toda seguridad, no pocos de estos alumbramientos fueron producto de las relaciones extramatrimoniales que tenían los propietarios con sus sirvientas, sobre todo cuando aparecen ejemplos en que la madre es negra y la criatura es registrada como mulata. La iglesia consideraba que el voluptuoso físico de los africanos promovía los pecados carnales.

La mayoría de esclavos no tenía apellido, pero es constante entre muchos de ellos los apelativos Santos, de la Cruz, y de los Reyes. Tampoco es raro encontrarlos con los apellidos de Haro, Acevedo, Dávalos y Guzmán, ya que algunas veces sus amos les permitían adoptar el nombre de la familia a la cual servían.

Cuando el propietario fallecía sus esclavos podían ser liberados o heredados, según fuera la disposición testamentaria. Los hijos de un matrimonio conformado por un esclavo y una persona exenta de esta condición nacían libres; pero si el niño no tenía padre reconocido, el propietario de la esclava podía decidir si el niño entraba a su servicio o no.

Aquellos esclavos que escapaban eran conocidos como “cimarrones”, y si eran atrapados recibían un duro castigo por parte de las autoridades. Por ejemplo, en el año de 1639 muchos esclavos destinados al cuidado de las huertas de cacao ubicados en Jaltemba y diferentes puntos de la Costa de Chila se sublevaron y huyeron a la sierra de Vallejo. Desde esa posición causaron grandes robos y saqueos a los escasos pobladores de la región, e inclusive desconocieron a la Iglesia católica, nombraron un Rey y a una especie de Obispo o sumo sacerdote.

Esta escandalosa situación generó que en los vecinos de Compostela organizaran un contingente militar que entró a sierra de Vallejo y combatió a la comunidad de cimarrones. El capitán Francisco López y Arias -jefe de la expedición- volvió triunfante a Compostela, en donde mando ahorcar a 7 de los cabecillas de la insurrección, con lo cual se impuso la paz en el territorio.

También la compra-venta y renta de esclavos a baja escala era una constante en la vida cotidiana de Compostela. Ejemplo de ello es la renta de 6 negros (propiedad del Capitán Juan Antonio Romero) que realizó en el puerto de Chacala Juan Baujo y Funes de Lavia para que le sirvieran en su bajel nombrado “Jesús María” durante el año de 1701.

El clero tenía bajo su servicio a numerosos negros, y se puede asegurar sin exageración que todo sacerdote en la Compostela virreinal fue propietario de por lo menos de  un esclavo; a su vez, las cofradías utilizaban esa fuerza laboral para hacer producir las labores agrícolas de la Hacienda de Chila y el Embocadero. Para ejemplificar esta relación, citamos lo acontecido en la parroquia durante el año de 1730, cuando un Obispo ordenó que se vendiera un mulato llamado Salvador para adornar la escultura del Santo Cristo de Compostela, conocido actualmente como “Señor de la Misericordia”.

A pesar de que la esclavitud fue abolida con la independencia de México, para el año de 1824 todavía existían en Compostela 10 esclavos, que en ese periodo podían venderse desde 20 hasta en 200 pesos. Todavía en nuestros días; y sobre todo en la costa, podemos identificar ciertos aspectos culturales vinculados con la presencia africana en Compostela.

Sin duda alguna, el tema de la esclavitud ha sido poco estudiado en la región, pero puede ayudarnos a comprender gran parte de nuestra realidad, así como recordarnos una vez más que nuestro Nayarit es un crisol de culturas.