Periodico Express de Nayarit
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Claroscuro : Fuegos 1 (2014) -QUINTA PARTE-

Rigoberto Guzmán Arce

2014 / 05 / 23

Para dos personas que les tengo tanta estimación: Luckio Ar, espero ya no falles a la cita de claroscuro de todos los viernes emocionales en Tepic, Buenos Aires, México… salud  y Alejandro Rivera cómplice fiel de los escritos, nos espera la calle Abasolo. Sean bienvenidos a Macondo.

Compré por puños y como desesperado hasta casi quedarme sin el costo del pasaje de regreso a Ixtlán. Severa regañada tuve a mi llegada, pero traje a mi casa Ortiz 214 a Gabriel García Márquez y me acompañó en las noches solitarias y melancólicas junto a la pequeña ventana cuando se escuchaba los camiones pesados que subían por la curva de la entrada de aquel árbol frondoso.

Me dio nostalgia cuando en uno de los portales en la llamada Perla de Occidente en un puesto de la Universidad de Guadalajara me gasté todo el dinero por comprar libros, Un viaje por los países socialistas, conversaciones con Gabriel en El olor a la guayaba, que me tuve que venir al periférico para venirme de aventón y uno de Los Bañales me trajo en tracto camión en un viaje extraño a través del tiempo.

Siempre me pasa cuando veo a los viejos amigos que sólo platicamos de los años muertos que queremos revivir y nuestra actualidad la vemos tan rutinaria.

 Busqué afanosamente ponerme actualizado de los escritos del colombiano de Aracataca, que aunque parezca un invento existe Macondo con sus victorias y fracasos de tantos personajes que de ser anónimos se convirtieron en personajes universales gracias al recuerdo poderoso y la genialidad del andamio literario.

Aquí tengo en mi mesa Relatos de un náufrago todo despedazado porque hace casi 30 años lo compré en una marqueta en la esquina de Casa Nicaragua. El pequeño libro amarillento estaba quieto en una esquina del estante de revistas y uno que otro libro. Ese mediodía compré menos comida. Llenarme hasta los huesos la historia de amor de Fermina Daza y Florentino Ariza y que el doctor Urbino Juvenal alcanza a esa mujer mientras el amado desesperado, sufre toda la vida, hasta compró el espejo porque la vio en esa herramienta de la belleza o fealdad.

La imaginación hace literatura gracias a la historia de sus padres, pero con un final infeliz cuando ya casi es demasiado tarde se pierden los años con sus días y noches, pero que se calman en la vejez cuando abordan un barco de río y no quieren que llegue a ningún puerto. Les basta con mirarse aunque el sexo quedó como un animal inerte.

El pecado es que no se pudieron casar porque estaban demasiado jóvenes, según los papás de la dama, una anhelada diosa coronada y al final menos porque ya estaban demasiados viejos según los hijos y los nietos de la anciana resignada. El martirio de los prejuicios.

Llegaban las historias aquellas cuando en ferias traían el espectáculo  la mujer serpiente que por culpa de una maldición de la madre tuvieron esta macabra metamorfosis propias del realismo mágico. El que nos decían de pequeños que no nos podíamos casar con la prima linda porque nuestros hijos iban a nacer con cola de puerco o cuando en el mercado de frutas, carne en garabato, el olor profundo a cereales estaba el hombre con una jaula y salía el pájaro de la buena suerte para picotear la tarjeta de tu destino.

Arrebatado y otras veces en calma me quedaban en lugares cuando tenía un día de descanso, inhábil para asistir a clases, prefería leer todas las horas. Me fui quedando sin qué obra tener en mis manos para que pasaran por mis ojos vivos y los rigores del corazón las genialidades de Gabo.

Esperaba con desesperación cuál seguía la obra que publicara. Gozar los artículos que salían en la revista de Proceso, como aquel donde escribe que le tocó viajar con la mujer más hermosa que había conocido y que jamás intercambiaron una palabra desde que salió El Concorde de París con destino a Nueva York.

La historia del niño que se pasó un domingo en Roma porque a pesar de estar secuestrado fue el día más feliz de su vida porque tuvo libertad alejado de sus padres ricos. El cuento cuando la luz es como el agua al quebrarse una lámpara que inundó toda la casa a unos niños ante la ausencia de sus padres. Gabriel, insólito, se dejó filmar leyendo el cuento con su manera de hablar colombiano pausado y hablando de usted con todo lo caballero y su bigote cano y rizos costeños como si fuera un pequeño mago, arlequín o duende de fantasía.

Imposible abarcar en estas líneas de afecto lo mucho que me regaló de vida, de saber que el amor más que la muerte es lo que no tiene límites. Llegan ráfagas de lluvia, el significado de mis recuerdos cuando intento tenerlo aquí siempre presente a pesar de la ruptura física y que los vientos de dos países lo llevan y lo traen a los lugares de antaño en este mundo a veces tan caótico y aburrido, encerrado en la tecnología que no tiene el calor, y las palpitaciones que es sentir el sudor y la cercanía de los demás.

Una pasión imborrable que quedará también para la posteridad fue su amor al cine. Un escritor de bigote negro y forma de marroquí que se ganaba la vida como guionista. Celebre los diálogos que inventaron Carlos Fuentes y Gabito, para la película Tiempo de morir y El gallo de oro y desde la langosta azul.

Es una pena que no alcanzó ninguna película a la poderosa imaginación cuando sus libros fueron llevados al cine. Entre otras como El amor en los tiempos del cólera, por escribir un ejemplo, me imaginaba de otra manera a los personajes. La imagen y los atributos técnicos y las actuaciones nunca alcanzaron a derramar nuestra destellante imaginación propia.

No aceptó que su obra más famosa y vendida por millones en el mundo fuera alcanzada por el cine ¿Cómo pueden poner en un filme a Melquíades, el gitano que llevó el hielo y el imán y les dio de beber un brebaje para que se les quitara la desmemoria? La dejó intacta para nosotros los que tenemos la virtud de quererlo, porque nos sentimos sus hijos y nietos literarios porque por su veta yacen nuestros rostros como seres que respiran sienten y aman y buscamos ser Mauricio Babilonia en busca de Remedios la bella a través de los siglos y más allá de las estrellas.

No podemos alcanzarlo en su profundidad y la belleza de sus letras y el amor por la palabra y su calidad de escritor y de hombre, pero sí tenemos la oportunidad de volver siempre a él, al dejar cientos de miles de formas de quererlo para siempre por culpa de la prosa subyugante como pocas en el mundo… continuará el próximo viernes.