Periodico Express de Nayarit
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La Tierra del Sol Naciente

Omar G. Nieves

2014 / 03 / 27

“Ves gentes por todas partes, a donde voltees”, dice Julio. Es lógico, no por nada es la ciudad más poblada del mundo. Tokio es una megalópolis. Allá todos se parecen, y el extranjero, que a diferencia de México se le ve como a un bicho raro, se distingue fácilmente. Es la razón por la que nuestro amigo se sintió cómodo.

De las veces que se perdió, en todas encontró una ayuda efectiva y desesperada para que saliera del trance. Así son los japoneses, explica, te llevan de la mano y pierden la puntualidad en sus trabajos con tal de ser serviciales. Es una obsesión que los caracteriza como pueblo.

No se ven pobres. Y los pocos, poquísimos indigentes no son harapientos. Todos viven bien. Tienen sus carros del año y la propiedad privada exige un riguroso respeto. Si un ciudadano del Japón deja su bicicleta en cualquier parte de la ciudad, al día siguiente o a la semana allí la encontrará.

“¿Cómo voy a tomar algo que no me pertenece?”, le responde un japonés a Julio cuando desconcertado le cuestiona a qué se debe este ‘extraño’ comportamiento.

La dinámica laboral es también diametralmente opuesta a la de este país. En Japón todos trabajan religiosamente más de ocho horas diarias. Hubo una mujer que conoció nuestro amigo aventurero que apenas si dormía cuatro horas diarias. Su trabajo, de 8 de la mañana a 12 de la noche, le impedía tener más roce social.

De hecho, en Japón son pocos quienes conviven de la manera como se conoce en México. Hasta en la forma de cortejar a una mujer es muy formal. No hay flores, serenatas, cartas, poemas, besos y abrazos en la primera cita; ni en la segunda, ni en la tercera.

Todo, aseguró un habitante de la Tierra del Sol Naciente, empieza con varios correos electrónicos. Se sigue de una cita muy formal en un restaurante donde los comensales guardan su distancia para quedar frente a frente. Y al cabo de mucho tiempo, si la relación se sostiene con mucha comunicación electrónica, aquello puede derivar en una boda.

Entre la avalancha de gente citadina pudiera generarse un caudal de basura, pero ninguna está en la calle. Los japoneses se han acostumbrado a la limpieza que ni siquiera botes de basura en la vía pública han necesitado instalar.

- ¿Y los problemas sociales?

“No hay”, responde Julio. Aunque tras meditar un poco se le abren más los ojos para corroborar una estadística que es muy conocida: la presión emocional, depresión y tasas de suicido es alta en Japón.

Parecieran máquinas. Debidamente capacitadas para trabajar y mantener un disciplina férrea. Pero en cada alma japonés hay un corazón enorme que les confiere esa fuerza para amar a su prójimo. De otra manera no se explica como una nación tan pequeña y con pocos elementos naturales haya podido emerger tan rápido tras varias derrotas bélicas.

Los japoneses trabajan porque les gusta competir, pero no contra ellos mismos, sino contra los de otras naciones que les muestran hostilidad. Las vejaciones del pasado así los han hecho, por desgracia y por fortuna.