Periodico Express de Nayarit
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Claroscuro : Ámbar (2013) -SEGUNDA PARTE-

Rigoberto Guzmán Arce

2014 / 03 / 21

Capítulo dedicado a un sobrino tan sensible: Edgar Lecourtoix


La primera reacción fue asustarla para que se fuera del pasillo exterior. Corrió pasándose por los barrotes y se detenía en la calle para voltear y sus ojos tristes me conmovieron. Desde la banqueta movía la cola y sacaba la lengua. Al rato cuando alguien sale a la tienda, grita para prevenirme que está adentro junto al carro en la cochera de cemento. “Córrela” fue la respuesta contundente. “No le den de comer para que se vaya”.

Pensé en mis tragedias con los gatos (Rockefeller 1990) y por eso fue de manera instintiva el actuar insensible y de manera estúpida. Tengo que ponerme un caparazón de metal para que nadie ni nada me haga daño. Ya he sufrido bastante y en mis recaídas me duele todo cuando me falta la comprensión en este planeta deshumanizado.

 Flaca de blanco sucio y con la desesperación en sus movimientos hacen mella y no me puedo contener les digo que le den de comer aunque sea pedazos de tortillas: las devora en un segundo como si fuera la mejor carne o croqueta vitaminada.

Ya no la vimos hasta al amanecer cuando a oscuras salgo sigiloso a mis labores; veo que sale encorvada y menos lenta que ayer de su escondite de la maceta marchita. El grito es menos fuerte, pero trato de imponer mi autoridad y ella que se quiere quedar. No invento, ni repito gesto de aceptación o cariño.

Se queda en la penumbra del abandonado lote contiguo a la casa husmeando algo para tragar. Me olvido por el trajinar, el fervor y las delicias que es compartir las horas con mi nuevo grupo que me observa los primeros pasos para el entendimiento; entregar libros maravillosos y explicarles los formatos con mi estilo extraño de conducir la docencia de todos para todos.

El regreso con el profesor Pancho en su auto rojo bajando la autopista. Segundo regreso y allí está de nuevo, enfrente, en la casa de don Pedro. Me mira y cautelosa se retira volteando atenta por si me “encabrono”. Entro y me cuentan que estuvo toda la mañana en la estrategia de entrar y salir de este territorio.

Nos visitan mis sobrinos Lolita y Manuelito de tierna edad, para darnos alguna fruta o noticia y ven que nuestra huésped de a fuerzas, les muestra nobleza, se van sorprendidos y alborotados. Al rato timbran y son mis sobrinos y me piden y preguntan qué si se pueden llevar a la perrita de orejas grandes color ámbar para su casa. Sus papás ya les dieron permiso.

Se las llevo guiando a la perrita que va sin saber su destino. Son pocas puertas de distancia. La meten y yo feliz porque se resolvió de magnífica manera. Los llamo de noche y me cuentan que le dieron una suculenta comida, pero que estuvo rasguñando la puerta para salirse. Anda de nuevo en la calle. Probablemente no conoce otro lugar.

Algún despiadado al verla crecer la arrojó como si fuera basura. Mientras estaba pequeña era el centro de atracción y de mimos, caricias y buena vida. Busca un lugar donde no le tiren piedras, ni perros grandes la muerdan y humanos la pateen y no ser hoja que se la lleva el viento de la indiferencia. Me voy desmoronando por culpa de mis sentimientos. No sé dónde dejé el escudo.

Cuestionamientos entre el bien y el mal hacen el efecto que intento apagar, pero no puedo: nunca he tenido ningún perrito es la reflexión contundente que inclina la balanza. Discutirlo y siempre me ganan. Rigoberto como el mar profundo del amor y ya entra Ámbar nadando y feliz.

2.- Una semana y va y viene en mis dos hemisferios: Ortiz 214, la casa materna y 187 el lugar de mis sueños. Se pavonea porque se siente reconocida y ya tiene calor de hogar y comida abundante. Basta un chiflido o una palabra de cariño y baila, se levanta completa y sube su cuerpo a mis piernas y corre y se regresa con la lengua de fuera y la cola es un rehilete o un papalote de alegría, tratando de morderme sutilmente mis zapatos y no me deja ir o regresar.

Oye un ruido de preparativo para salir a La Venta de Mochitiltic y ya está lista para acompañarme, le digo que se quede y ella se queda quieta en un acto falso porque cuando voy absorto en mis pensamientos ya viene atrás muy fresca y distinguida. Un grito y no muy convencida la voy dejando en la lejanía y su silueta se mueve entre las sombras.

La pierdo de vista, pero corre como galgo para aventajarme y ya le tengo enfrente porque me brota por la calle Arista, porque se fue por La Paz y yo voy por la Barajas, en la tienda de Luz y nos encontramos como si fuera una cita de intimidad.

3.- Así pasan algunos días y nos vamos encariñando porque desde le pasillo exterior ante algún sonido que sale desde la ventana de la cocina levanta sus orejas y se pone en posición de atención total para imaginar que alguien sale y mostrar reverencia como una forma de agradecer que vive aquí y ya encontró la seguridad que le faltaba.

Antes no podía defender nada, sólo era el vacío de los recorridos y los peligros en las transitadas calles de taxistas, de motociclistas, peatones de prisa y otros enemigos. Siempre viviendo en la incertidumbre. Un milagro que no haya muerto en ese mundo tan hostil. Jadeante y hambrienta eran sus patas siguiendo el destino.

Ya tenía la vida normal del animal que defiende el territorio y comenzaba a ladrar a todo desconocido que pasaba en bicicleta, silla de rueda, vendedor de pepinos y duritos para ahuyentarlo y no molestara en sus recorridos. Se exponía a que le tiraran piedras o lo patearan de nuevo, pero ella muy en su papel teniendo el protagonismo porque se siente defendida y querida… continuará el próximo viernes.