Periodico Express de Nayarit
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Don Regañón: Me pasma la insistencia en la equidad de género

Ignacio González Angulo

2013 / 10 / 10

Me pasma la insistencia en la equidad de género que preconiza constantemente mi querida concuña Conchita Rodríguez por medio de sus inserciones en su muro del Facebook. Nos inunda constantemente de pensamientos tales como “Las cuotas de género, son ACCIONES AFIRMATIVAS (con mayúsculas para que se lea bien y para quien aún no lo entiende y cuestiona el por qué deben existir). La concepción de las cuotas de género va más allá del aumento cuantitativo de mujeres en los espacios de representación política y de toma de decisiones. Representa un avance cualitativo en términos de profundizar los procesos democráticos en el ámbito de la política, lo cual exige a las instituciones y a los actores políticos una serie de cambios de distinta índole. Por ello, su implementación no ha estado exenta de fuertes resistencias, lo que se ha traducido en una serie de obstáculos persistentes que actúan como limitantes de los objetivos que buscan cumplir las cuotas de género, situación que ha motivado la reflexión acerca de los alcances reales de esta acción afirmativa.” Luego secundadas por la connotada periodista Angélica Cureño “por si quedaran dudas: una acción afirmativa, significa que es correctiva y temporal y se aplica bajo ciertos lineamientos y acuerdos”.

Me da risa porque yo no creo en la equidad de género.

No creo en la equidad de género porque para mí las mujeres no son otra cosa que “Princesas en Peligro de Extinción”, porque…

Me gustan las mujeres que aún quieren ser princesas y se niegan a convertirse en sapos, porque mientras existan mujeres que todavía guarden modales de doncella, existiremos hombres que veremos importante el comportarnos como caballeros.

Amo a la mujer que no compite con los hombres, porque sabe que el hombre jamás será su rival sino un complemento de ella misma.

Respeto a las mujeres que luchan por ser cada día más mujeres y en ningún sentido buscan parecerse a los hombres, pues muchas mujeres en la búsqueda de la llamada “liberación femenina”, han cometido el error de imitar al varón, pero en los aspectos más deprimentes de éste.

Es quizá por esta equivocada conquista que se fajaron pantalones, se dieron el gusto o permiso de vivir aventuras sexuales de una noche, comenzaron a llevarse el cigarrillo a los labios, empezaron a maldecir en público, se desinhibieron en bares y ahora las vemos dando penoso espectáculo, volviendo el estómago en los baños o embrutecidas y semidesnudas sobre las mesas.

Cometieron el error de querer ser como nosotros los hombres y ahora se dicen “weyes” de manera amistosa y permiten que sus amigos varones las llamen “wey” sin darse cuenta que en lugar de mostrarles confianza o camaradería, con esa palabra lo que verdaderamente hacen es rebajarlas a nivel de bestias; pero muchas ríen, pues ni siquiera se dan cuenta.  

Y es que las generaciones de madres abnegadas, reprimidas y violentadas, enseñaron a sus hijas que la mejor manera de acabar con el yugo masculino era convertirse en el enemigo, y así crecieron confundiendo su identidad de mujeres con la intención de seguir nuestros pasos, muchos de los cuales nos han convertido en seres torcidos y han llevado a nuestro mundo a la debacle moral de la que hoy somos víctimas.

De ahí que las niñas de la nueva generación decidieron que el sueño de ser princesas era muy aburrido y esclavizante, así que cambiaron la corona por un pasamontañas y son ahora también delincuentes de alto impacto, servidores públicos podridos, conductoras irresponsables, reinas de belleza involucradas con el narco y hasta líderes sindicales vendidas con algún partido.

Me encantan las mujeres que no quieren convertirse en hombres y llegan a la universidad con la firme intención de terminar con honores su carrera.

Me encantan las mujeres que en lugar de demostrarnos que son capaces de beber media botella de tequila, nos demuestran que pueden dirigir un laboratorio o centro de investigación.

Me encantan las mujeres que no buscan un buen partido para casarse, sino que buscan ser un buen partido para que un buen hombre las merezca…

Amo a las mujeres que saben decir no, cuando “NO” es la única respuesta digna de una dama, aunque todo el mundo las tache de anticuadas.

Las que se ríen de los chistes machistas y entienden que en lugar de ofenderse, deben sentir pena por el hombre que se atreve a contarlos y mucho más si piensa que esas bromas son un verdadero compendio de sabiduría popular.

Por eso no creo en la equidad de género, por eso… ¡Cuidemos a Nuestras Princesas…! Que no se nos conviertan en sapos luchadores… pero de eso hablaremos otro día, aunque si quiere escríbame a donreganion@live.com.mx