Periodico Express de Nayarit
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CON PRECAUCIÓN: Lo curioso del tren de pasajeros de segunda clase

Sergio Mejía Cano

2013 / 07 / 31

Es indudable cómo cambia un trago de cualquier tipo de licor alcohólico a las personas, por más mesuradas que se vean a simple vista. A pesar de que por reglamento estaba prohibido que se permitiera la venta de todo tipo de mercancías a bordo de los trenes de pasajeros e inclusive que limosneros u otra clase de gente pedinche molestara a los mismos, aun así las tripulaciones de dichos trenes se hacían de la vista gorda debido a que todo mundo tiene derecho a buscar el sustento como sea.

Al empezar a rodar a las 11:00 horas el tren número 3 de la estación de Guadalajara rumbo al norte, se acerca un pasajero a un miembro de la tripulación preguntándole que si era cierto que se subían personas a vender un “buen tequila”, a lo que el tripulante le dice que bueno para embrutecer, ya que con una borrachera que se pusiera duraría toda una semana dándose vueltas en su cama, buscando el porqué de tanto malestar en su organismo. Dicho pasajero dice que le han recomendado el tequila que venden a bordo del tren. Saliendo de estación Tequila, el tren de pasajeros hacía 14 minutos a una estación denominada “Cuervo”, que se localizaba casi enfrente de una curva en la carretera federal número 15 que le decían “La Matona”, y 10 minutos a Magdalena, Jalisco; y al salir el tren de Magdalena, y antes de llegar a estación La Quemada, a la que se hacían  5 minutos de recorrido, sale dicho pasajero ya ebrio al vestíbulo del último coche en donde tenía que viajar un miembro de la tripulación, diciéndole a éste: “yo soy marinero de Mazatlán, y qué, te agüitas, compa”. El tripulante le dice que para nada, pero que por favor se vaya a su asiento. No, no, no, a mí no me vas a decir lo que tengo qué hacer, yo me la llevo en alta mar para traerte camarones y pescado y todavía me sales con que tengo que sentarme. Por favor, señor, le dice el tripulante, vaya a su asiento ya que van a empezar los túneles y podría haber algún tipo de peligro. No chavalo, a mi no me vas a decir qué hacer, si yo he andado en medio de la mar océano en tempestades y olas que casi nos voltean la embarcación, menos me tienes qué decir en un “pinchurriento” tren como este. Bueno, como usted quiera y mande, le dice el miembro de la tripulación.

En menos de media hora, antes de llegar a estación Barrancas, una de las muchachas que vendían taquitos a bordo del tren, le comunica al conductor del mismo que va una persona tirada en el pasillo de uno de los coches, por lo que el conductor va a cerciorarse y ve a un individuo sin camisa y ya sin zapatos tirado a medio pasillo de uno de los choches, por lo que ordena que lo acomoden en uno de los asientos, hecho que genera cierto tipo de inconformidad entre los demás pasajeros, a lo que el conductor investiga en dónde estaba el equipaje de dicho pasajero, y con la sorpresa de que viajaba con su esposa la que no quiere saber nada de él, diciendo que si lo podían bajar en la siguiente estación mucho lo agradecería, que ya no lo aguantaba. De todos modos se acomodó a dicho pasajero en su lugar. Llegó el tren a Tepic, y el amigo seguía dormido como bebé recién nacido.

Una recomendación de las tripulaciones que continuaban de Tepic al norte, era que ya no se dejara tan libre la venta de bebidas alcohólicas debido a los problemas que tenían después con los pasajeros alcoholizados. Y sí, ya que cierta vez un pasajero declarado abiertamente como del estado de Oaxaca, se armó de valor alcoholizándose con las bebidas espirituosas que vendían a bordo del tren y empezó primeramente a agredir a su propia familia con la que viajaba hacia el estado de Sinaloa, para después seguirla contra otros de sus coterráneos, ya que sin explicación alguna, de pronto sacó un verduguillo con el que amenazó a tres de sus compañeros de viaje. Lo curioso es que en cuanto el conductor del tren se hizo presente, ya sometido el agresor, éste, antes de que el tren detuviera su marcha en la estación denominada paradójicamente como Tequilita, al ver llegar al conductor y quizá impresionado por el uniforme y la cachucha, tal vez se imaginó otra cosa, por lo que saltó del tren antes que se detuviera completamente, y el amigo siguió corriendo como venado perseguido. El conductor del tren ordenó buscarlo, como pasajero que era del tren, pero la mujer a la que había estado agraviando, le dijo al conductor que mejor así lo dejara, que no era la primera vez que hacía lo mismo. Bueno, dijo el conductor del tren. Y Vámonos. En Compostela hizo el reporte respectivo.