Periodico Express de Nayarit
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Cuestión : Sensibilidad y congruencia gubernamental

Marco Vinicio Jaime

2012 / 07 / 24

La sensibilidad y la congruencia constituyen dos elementos capitales en el ejercicio gubernamental de nuestros días, donde los graves problemas presentes en las mayorías requieren ya de algo más que autoalabanzas, populismo y maltrechos recursos publicitarios del prefabricado plutoide de bienestar, desarrollo, educación y honestidad de algunos gobernantes. El primero de los elementos, de acuerdo con una conocida obra de consulta, deriva de la  “capacidad propia de los seres vivos de percibir sensaciones y de responder a muy pequeñas excitaciones, estímulos o causas: sensibilidad al calor, a la luz; o también de una “tendencia natural del hombre a sentir emociones, sentimientos: capacidad de entender y sentir ciertas cosas, como el arte: ‘tiene una gran sensibilidad para la música’ ”. En tanto que la congruencia encuentra su esencia en la “coherencia y la relación lógica”, según define por su parte la Real Academia de la Lengua Española; es decir, “conformidad, simetría y debida proporción entre las partes que componen un todo”; por ejemplo, entre lo dicho y lo hecho.

De esta manera, en política suele designarse congruente y sensible al que sabe escuchar sin hipocresía, sectarismo o marrullería, y capta las verdaderas necesidades de la gente sin necesidad de que le hagan ruido para despertarlo de su letargo –que no pocas ocasiones falta total de oficio y sentido común, pero lo más grave: necedad-, vía marchas, plantones, cartas abiertas, huelgas de hambre, etc.; de modo que pacta y actúa en armonía con su propuesta, llevando al terreno de la realidad y la practicidad su discurso, sin sustraerse tampoco de su responsabilidad repartiendo culpas y quejándose de lo que juró resolver. Por ello, es que la política, en su plena acepción, no sea una actividad para cualquier persona, menos para quienes “creen que saben lo que no saben” en su escasa preparación y sensibilidad, tal como señaló en su momento el célebre filósofo chino Lao-Tsé, tachándolos de enfermos.

La enfermedad de la que habló el renombrado pensador oriental, se ha hecho extensiva y peligrosa en nuestros días, a tal grado de volver a quienes la contraen en malos simuladores, como dice el refrán popular: “Candiles de la calle y oscuridad de su casa”. Y en este marco, resulta curioso y hasta paradójico que se opte, de entre los síntomas más característicos, por “gobernar” –si eso es gobernar- mejor para la gente de fuera; es decir, obras de relumbrón, migajas electoreras y condicionadas  para sus gobernados -como si despensas, monumentos y bulevares fueran suficientes para justificar el trato despótico a diversos sectores  sociales- pero caritativos y benefactores en sumo grado fuera de su jurisdicción misma –saludando con sombrero ajeno-, que cabe aclarar, no es malo ayudar al foráneo con todos los recursos del Estado, pero primero es preciso poner orden en casa, siendo que muchas de esas “atenciones” jamás las reciben sus propios coterráneos, y la unidad, la buena salud y el progreso simplemente no salen de los anuncios, los espectaculares y discursos mal pergeñados.

Sin embargo, hay algo más serio: la deslegitimación, que comporta una de las debilidades mayúsculas de todo gobierno, puesto que al no contarse con la concurrencia siquiera del 50 por ciento más uno de la población total en su elección ¿sobre qué entonces habrá de regir un gobierno o representantes populares? En consecuencia, lo delicado estriba además en creerse de veras que se gana y se cumple con grandes triunfos, como queriendo enseñarle pues el abecedario al profesor, a efectos de exigir apoyo e  impunidad para incurrir en anomalías sistemáticas al más puro estilo de los antiguos cacicazgos rurales: favoritismos, soberbia, malinchismo, incultura, así como envenenamiento moral de la niñez y las juventudes con espectáculos ruines, degradantes y violentos, para después hablar –en un doble discurso- de la necesidad de vivir con valores y de forjar una nueva generación de hombres de bien. Así cómo, pues.

El nuevo Gobierno de la República, tendrá sin duda verdaderos dolores de cabeza en algunos de estos gobernadores necios y simuladores de su mismo partido, si es que realmente desea llevar a la praxis sus promesas ambiciosas de dar un giro completo al ejercicio del poder en México, si no, hasta para los objetivos que se tengan contemplados, tales personajes resultarán un gran obstáculo, pues en su escasa preparación y entendimiento políticos ellos mismos se encargarán de abonar al desprestigio de su partido y del gobierno, así como lo hicieron en la campaña, logrando amasar miles y miles de votos en contra del proyecto presidencial, que se supone no debieron ser, pues esa era su chamba, ya ni tan siquiera “ganar”, si no abonar al máximo a la legitimidad y la suma, que es de lo que urge fundamentalmente el nuevo gobierno para avanzar. De ahí que si no cumplieron siquiera con el primer encargo, su permanencia entonces, ¿seguirá teniendo razón de ser, aun cuando hagan aspavientos y escándalo para decir: “¡Mira, por favor,  sí cumplí, guárdame mi parte”? Pero, ¿será así cuando lo único que están haciendo ahora, en vez de sanear, es restar y abriendo de manera por demás soberbia frentes innecesarios? Basta con una sencilla inspección objetiva y veraz para corroborarlo. Por ello, está claro: no habrá jamás cambio alguno disfrazando o tolerando viejas prácticas como las descritas, que derivan pues, de la incomprensión total de los planes del nuevo gobierno, luego de creer ingenuamente que ya se tiene una licencia o cheque en blanco para incurrir en rústicos excesos de poder en nombre de una mal entendida relación con el “jefe”.

Se viven tiempos que urgen de unidad en los hechos, de renovación moral de la sociedad en la realidad. Es momento ya de gobernar con sensibilidad y congruencia.w