Periodico Express de Nayarit
Inicio

 Un pedacito de historia : Costumbres funerarias

José Antonio López Espinosa

2012 / 01 / 27

Los hombres primitivos no eran capaces de disociar enteramente el cuerpo del espíritu. La ignorancia de las funciones fisiológicas los condujo a muchos hábitos y creencias extrañas. Por ejemplo, se pensaba que la fuerza tenía su asiento en el corazón, porque se había observado que éste cesa de latir al ocurrir la muerte. Tal suposición era común entre los judíos, egipcios y otras razas antiguas. Los judíos creían que el corazón era la sede de todas las emociones y que tenía mucho que ver con el carácter de cada individuo.

Entre las tribus antiguas que incineraban a sus muertos, se creía que el hígado era el asiento del alma, por ser el último órgano en sucumbir a las llamas. De la misma manera surgió la creencia de que si un guerrero se comía el corazón de su enemigo, la fuerza del caído entraría en el cuerpo del vencedor.

Las primeras ceremonias fúnebres constituyeron rudos esfuerzos por proteger a los vivos de los espíritus que habían causado la muerte del difunto. A pesar de los conocimientos científicos de que se dispone en la actualidad, muchas costumbres funerales modernas están aún impregnadas de estos antiguos temores.

  No pocos de los antiguos pensaban que el aliento estaba íntimamente asociado con el alma, y no son tampoco escasos los lugares en los que se quema todavía todo lo que ha pertenecido al finado, además de incinerar su cuerpo casi antes de que se enfríe y de evitar la aspiración del humo, por temor a introducir los malos espíritus en el cuerpo. Hay personas que consideran, inclusive, la permanencia del peligro de contaminación hasta tanto desaparezca por completo el olor del cadáver.

   Los hábitos funerarios de la última Edad de Piedra (período neolítico) indican un considerable desarrollo mental. En aquel entonces las tumbas estaban adornadas con lajas y se enterraban sentados a los muertos. Enormes túmulos se construían sobre las tumbas, y hasta cien esqueletos se han encontrado en una sola de ellas.

Millares han sido asimismo las urnas, los utensilios de piedra y las alhajas que se han desenterrado de estas antiguas fosas.

La costumbre de llevar el luto tuvo su origen en el miedo a los muertos. Se dice que eso, que en la edad contemporánea pasó a ser una manifestación de respeto, se usó en principio como disfraz. Este fenómeno, que todo parece indicar haberse producido en todas partes del mundo, se dio por primera vez cuando, con el fin de engañar a los espíritus que supuestamente volvían, los sobrevivientes pintaban su cuerpo, o bien vestían ropas extrañas e inusitadas. Quienes así creían, pensaban que con estas acciones podían confundir a esos espíritus y, por tanto, lograr ser inadvertidos por ellos, al no encontrarlos en sus trazas habituales.

   Esto constituyó el primer paso de algo que con el tiempo se fue convirtiendo en una tradición, pues fue justamente a partir de ahí que se diseminó y se afianzó el hábito de asistir a los actos funerarios vistiendo ropas de determinados colores como el rojo brillante, el blanco de cal -sobre todo en el Oriente- y el negro, este último el color ordinario de luto entre los europeos y en gran parte de América.

   En este artículo he tratado de brindar una síntesis lo más precisa posible acerca del surgimiento y la evolución de un fenómeno social que tuvo su despegue en ritos, originalmente inspirados en el miedo, y que, de manera gradual, se fueron transformando en ceremonias solemnes en honor a los muertos.

Con independencia de que actualmente se aplique en éste o en aquél país el enterramiento, la cremación, el embalsamamiento o cualquier otro método durante  ese acto de última despedida a los seres queridos, lo cierto es que vale la pena que se conozcan al menos algunos datos relacionados con el tema, que pudieran hasta servir de inspiración a quienes gusten profundizar en él.

Ese es pues el motivo en el cual me he basado para justificar que en la fecha de hoy aparezca en esta página, respecto a las costumbres funerarias, un pedacito de historia.