¡APRENDE ESTE EJEMPLO!

En una pequeño pueblecillo vivía un muchacho llamado Ricardo, muy listo y aplicado. Siempre tenía salidas ingeniosas en las circunstancias difíciles.

Un día, mientras jugaba a la pelota con otros camaradas, la pelota se quedó en lo alto de un poste hueco, cayendo después dentro del mismo y quedando fuera del alcance de la mano de los niños.

Todos, menos Ricardo, dieron por perdida la pelota, quien, impulsado por una idea repentina, corrió a la fuente de la aldea y llenó un balde de agua que transportó hasta el poste hueco.

Ricardo, a la vista de los demás muchachos, vació el agua dentro del poste, hasta que la pelota, flotando en el líquido, pudo ser atrapada fácilmente.

La historia anterior es el claro ejemplo de que jamás debemos de rendirnos. Muchos quedan en la mitad del camino, otros con mucho esfuerzo llegan a su objetivo.

La única verdad es que cada uno puede cumplir su sueño con voluntad, esfuerzo y trabajo día a día.

No hay por qué rendirse, aunque el camino esté oscuro y no encuentres salida siempre hay una nueva puerta que abrir para seguir la búsqueda. A veces esa puerta la abre un familiar, un amigo, un conocido… alguien que nunca te va a fallar, que te va a apoyar en las buenas y en las malas.

Quizás -por qué no-, esa persona haga el mismo camino que tú, quizás vaya a tu lado en todo momento, quizás tiene el mismo sueño que tú.

Así es que no te rindas; aun estás a tiempo de alcanzar y empezar de nuevo. Aceptar tus sombras, aceptar tus miedos, liberar el lastre, retornar el vuelo… ¡No te rindas! Que la vida es eso: continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas. Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

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